Luis Alfonso Rendón, conocido también como El Señorazo, se ha hecho querer por su autenticidad y es normal que su música suene en cualquier rincón de Colombia. A punta de esfuerzo, talento, trabajo duro y una voz privilegiada logró cambiar su destino. Su cercanía con el fallecido cantante Yeison Jiménez siempre fue innegable y lo que le causó su pronta partida tiene un doloroso recuerdo en el corazón.
La muerte de Yeison Jiménez
“Yo soy un hombre que soy paciente psiquiátrico, yo tomo droga para la ansiedad, yo soy muy ansioso y me dan ataques de pánico cuando estoy muy triste. Hace muchos años no me encalambraba o me daban ataques tan malucos y desde que pasó lo de Yeison, por ejemplo, yo llegaba a un concierto y estaba la foto de él y me metía unas descompuestas…”, reconoce el artista en entrevista con Los Informantes, agregando que le prometió a su equipo “soltarlo”, pero siempre rindiéndole homenaje cantando.
Dice que lleva a Yeison Jiménez “siempre en mis oraciones, en el altar de mis ánimas benditas del purgatorio lo tengo de primerito, al lado de mi abuelo, mi padre y mi abuelita” y poco a poco va a aprendiendo a soltar ese dolor. Con los ojos aguados cuenta que “perdí un gallo fino, porque con Yeison tuvimos la calidad musical y profesional de cogernos en un mano a mano en un estadio, en una tarima grande, importante; con él la cosa no era charlando. Hicimos una canción, ‘Destino final’, y nos quedaron por cantar muchas’”.
¿Cómo llegó a ser ‘El Señorazo’?
Luis Alfonso es un verdadero fenómeno y no solo en la música, en redes tiene más de 12 millones de seguidores y su canción ‘Contentoso’, una de las más populares, supera las 126 millones de reproducciones solo en YouTube.
La música llegó a él por su abuelo, un zapatero bohemio al que le decían ‘Cajita’ y en cuya vitrola todo el día sonaban las canciones de Jorge Negrete, Pedro Infante y José Alfredo Jiménez que Luis Alfonso se aprendía de memoria y cantaba a toda hora.
Toda la vida soñó con ser cantante y hoy, a los 32 años, no titubea al contar que su camino no ha sido fácil, pero lo ha superado con creces. Este hombre que nació en Popayán, pero con el tiempo tomó prestado el acento paisa, cuenta que su papá perteneció a algunos combos de Medellín y fue asesinado, luego su mamá se volvió a enamorar y él vivió un nuevo martirio, pues, según cuenta, su padrastro golpeaba a su madre y a él lo mandaba a dormir a la calle. Terminó yéndose de la casa y fue lechero, ayudante de mecánica, cargaba bultos en una plaza, “hacía de todo, pero nunca me gustaba coger lo ajeno ni las malas mañas”.
Un día decidió apostarle a la música, pese a que lo tildaban de loco, y andaba de pueblo en pueblo, de cantina en cantina, esperando que lo dejaran cantar. Empezó en pesebreras del Cauca y pronto se fue para Medellín, en donde hace 8 años encontró también al amor de su vida, Luisa Fernanda Pulgarín, la mamá de sus tres hijos.
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“Yo no tenía nada (…) Yo le decía ‘mami, téngame fe que yo sé que algún día se me aparece la Virgen’ y ella me decía ‘yo no quiero hombres ricos, yo quiero un hombre berraco para hacerme rica al lado de él”, cuenta Luis Alfonso.
Más tarde entró al concurso A otro nivel y terminó siendo uno de los favoritos, pero justo en ese momento su hijo mayor se enfermó y tuvo que renunciar al programa. Aunque enfrentó una difícil prueba, ese mismo año realizó su primera grabación de estudio y poco a poco empezó a sonar en las tiendas de barrio hasta que logró convertirse en el reconocido cantautor que es hoy.
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Luis Alfonso no tiene techo y todavía tiene mucho que cantar. “Yo siento que a mí todavía me falta mucho, me faltan muchos escalones, siento que estoy en pañales. Es demasiado camino el que hemos subido, muy duro, pero hemos subido, pero miro pa’ arriba y me falta el doble”, subraya en Los Informantes.