Tiene tan solo 25 años y ya lleva cerca de dos años como investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts, una de las mejores universidades del mundo.
Gladys Beatriz Vélez Caicedo nació en Zarzal, Valle del Cauca, y pasó parte de su niñez en una finca rodeada de vegetación y vacas, donde además comenzó su "ardiente dedicación" que ahora la tiene trabajando en el prestigioso MIT en Boston, Estados Unidos.
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"Hubo momentos en mi vida que empezaron a formar mi decisión, recuerdo que mi hermana mayor me enseñó las estrellas por primera vez, me dijo que eran tres estrellas en el cielo y ella los llamaba los tres Reyes Magos y ella intentaba contarnos cuentos e inventarse cuentos nuevos para entretenernos", cuenta Gladys.
A través de sus tres hermanas, quienes se sabían los nombres de las constelaciones, aprendió sobre las estrellas, aquellas que, en sus primeros años de vida, la hacían levantar sus manos para alcanzarlas y verlas "tan palpables, como diamantes en un entorno de terciopelo".
"Recuerdo muy vívidamente esa noche. Esa noche despertó en mi alma, algo que había permanecido inactivo, algo tan absoluto que vive dentro de mí, sentí como si hubiera conocido esa conexión antes. Fue una nostalgia muy trascendental que liberó muchas cosas dentro de mí", dice.
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Así fue como la pequeña Gladys de ese entonces, tenía tan solo 6 años, empezó a sentir "una sed insaciable más fuerte que nunca por el conocimiento".
"Esa noche nunca me abandonó porque cada noche yo volvía a ver los tres Reyes Magos y tenía otra pregunta más para agregar a mi cuaderno", afirma.
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Cuaderno cuyas páginas se llenaron y llevaron a Gladys a darse cuenta que ella "estaba aquí para continuar donde los gigantes habían quedado".
"Dependía de mí, con mis cuadernos llenos de mis postulados, continuar lo que dejaron Hubble, Maxwell, Einstein y Hawking. La astrofísica siempre me cautivó en cuerpo, mente y alma. Y para mí es poder continuar ese legado de la física", señala.
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Y como una profecía, ese legado se comenzó a forjar en 1999 cuando su abuela materna vino de los Estados Unidos, hacia donde emigró en la década de 1980, para conocerla a ella y sus hermanas y terminó llevándosela junto con su familia para New Hampshire.
Allí estuvo hasta los 17 años, cuando se graduó del colegio, y luego se fue a estudiar astrofísica en la Universidad de Columbia en Nueva York.
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Gladys asegura que la vocación siempre la ha impulsado bastante y que se siente muy agradecida por las circunstancias de su educación, pues considera que "la educación no es tan alcanzable como creemos", además de que ella es la primera generación de su familia que asiste a la universidad.
"Para mí, siempre, como mi meta, más que estudiar astrofísica, fue para poder desintegrar esos prejuicios que dominan los sistemas educativos y decidir ser una voz para aquellos que nunca la tendrán", sostiene.
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No duda en decir que la "educación es un regalo eterno que nadie tiene el poder de quitártelo" y, además, "puede servir como pasaje hacia un futuro mejor, ya sea en Nueva York, Colombia o Siria".
"Mi familia siempre apoyó mucho mi dedicación a mis estudios, porque naturalmente ellos entienden la importancia de una educación y continuamente me dijeron que, si no hago lo que quiero lograr, nunca más lo hará nadie", agrega.
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Su llegada al MIT
Su pasión por el conocimiento y constantes cuestionamientos hicieron que Gladys sobresaliera desde muy temprano en Columbia, donde, sin duda, allanó el camino que la llevó a convertirse en instructora técnica e investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
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Gladys expresa que, en su primer año de estudio en la universidad, sorprendió a su profesora de mecánica clásica con una pregunta sobre una tarea de astrofísica, pues se trataba de un curso que "se supone que es para estudiantes más avanzados".
"Me imagino que fue calculando alguna de las ecuaciones para el equilibrio estelar, porque ese semestre se basaba en poder derribar las ecuaciones para la formación de estrellas", comenta Gladys, al considerar que la profesora se fijó en ella por su precoz interés en dicho curso.
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Dice que, para diciembre y a sus 18 años de edad, la docente ya le había ofrecido un puesto en su equipo de investigación.
"Con mucho gusto empecé a ir a astrofísica de muy alta energía y pasé todos mis cuatro años de universidad estudiando temas un poco esotéricos", agrega la joven, quien además señala que todos sus cursos los ensañaban mujeres, estudiaba con ellas y ya se le hacía raro ver hombres en los salones.
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En 2015 se graduó de la Universidad de Columbia y, desde ese momento, cuenta, se postuló para aspirar a un cargo en el prestigioso MIT, pese a que le habían recomendado adquirir más experiencia laboral. Dice que fue un proceso largo, de cuatro meses, pero que valió la pena.
"Me acuerdo que el primer día de mi trabajo sale mi jefe y me dice: 'En mis 20 años de estar en MIT, jamás he leído las recomendaciones que le dieron a usted desde Columbia'", dijo, al considerar que eso fue lo que hizo que la contrataran.
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Eso fue cuando tenía 23 años y ahora tiene 25. Es decir, esta joven mujer, que está poniendo en alto el nombre de Colombia, lleva casi dos años trabajando para una de las mejores universidades del mundo, donde está "enfocada en la parte educativa como instructora técnica".
"Ofrecemos cursos basados en lectura y experimentales, que son más dinámicos. Yo enseño en ambos cursos. Entonces, mi puesto es poder apoyar y desarrollar los métodos modernos de mejor eficacia para enseñar la física experimental para alumnos de primer y segundo año", afirma.
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Trabaja también en el laboratorio donde se encuentran muchos experimentos, entre ellos 16 que han ganado Premio Nobel y que los alumnos deben realizar para graduarse.
"Ya por un año, hemos estado realizando una computadora cuántica, ese fue uno de los proyectos de mis alumnos de tercer año", afirma.
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Incluso, Gladys hace parte del departamento donde también trabaja, nada más y nada menos, que el nobel estadounidense Rainer Weiss, quien durante un almuerzo se le acercó y la sorprendió al decirle que él había empezado en el mismo cargo que ella en el MIT.
"Empezó como alumno y dejó de estudiar, y fue cuando por seis años se enfocó simplemente en aprender más sobre los canales electrónicos y todo eso. Ya después continuó con su carrera. Me contó que esos seis años fueron muy importantes en su formación", comenta la astrofísica.
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Asimismo, destaca, con total confianza, que el MIT es "un lugar bastante abierto", donde "no hay mucha burocracia" y que su posición es muy dinámica, pues también hace colaboraciones con docentes del departamento de Earth, Atmospheric and Planetary Sciences.
"Mandé un correo y en tres meses ya teníamos 20 alumnos haciendo investigaciones en dicho departamento, que tenían que ver con problemas actuales como los plásticos en el mar, el océano", explica.
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Comenta que eso fue durante el huracán María (ocurrido en septiembre de 2017 y el más mortífero registrado en El Caribe con más de 6.000 víctimas fatales), donde los alumnos, por ejemplo, tomaban datos en vivo de la trayectoria.
"Darles experiencia muy como en tiempo real y poder educarlos para hacer un cambio en el mundo, de eso se trata el MIT", puntualiza.
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La materia oscura
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En su línea de investigación, Gladys estudia la materia oscura, cuyo nombre se debe a que no es luminosa y no está compuesta por las mismas partículas de las cuales está hecho el ser humano.
"Desde enero, han estado cambiando mucho las cosas, porque hemos descubierto otros puntos que pueden tal vez cambiar el canal de viaje, pero es básicamente un componente del universo que no interactúa con nuestro tipo de materia", señala.
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Explica que, a través de métodos indirectos, se ha podido establecer que "existe tanto a través de la gravedad, la velocidad de galaxias y cómo se rotan", por lo que se sabe que es una materia que no se puede atribuir a ninguna otra cosa y no se puede ver.
"Una forma indirecta de investigar esta materia es poder mirar en el centro de agujeros negros y ver cuáles son los productos de descomposición de la energía. Podemos descomponer la energía que viene del centro de estas galaxias y nuestros modelos se pueden encajar con lo que vemos físicamente, los fotones que recolectamos en nuestros instrumentos", dice.
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Asegura que "si el modelo teórico y la realidad física pueden encajar", entonces se puede determinar que, tal vez, la investigación va "en el camino correcto".
Creencias
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Gladys es una mujer de ciencia, pero también de creencias muy fuertes, gracias a su madre, que indudablemente han guiado cada paso que ha dado en su vida.
"Para mí, religión y religioso es simplemente el ser humano que afirma la vida. La vida es una celebración y, como toda celebración, no encadena, sino que libera", sostiene, al enfatizar que su mamá le enseñó el amor propio, a saberse valorar, "amarse a uno mismo, primero y ante todo".
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Manifiesta que para creer en uno mismo es necesaria la fe y que el tesoro más grande del ser humano es el amor, algo en lo que Dios le ha ayudado mucho.
"Dios sí es una energía que entreteje a todo, que nos conecta a todos y, a través de Dios, somos una unidad. Creo que eso llega muy naturalmente en sí", asevera.
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No todo es astrofísica
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Aunque entre risas reconoce que es una come libros, pues, además de la astrofísica, le encanta la literatura, la Biblia, la hermenéutica y las esculturas, por ejemplo, de San Agustín, San Francisco, Tomás Aquino y Sor Juana, Gladys también confiesa sus otros gustos.
"Siempre me ha gustado mucho el equipo Deportivo Cali, siempre (risas). Me gusta mucho el deporte, muchísimo todas las actividades físicas, el fútbol, tiro con arco, bailar salsa y trotar", puntualiza.
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Incluso, Gladys integró la selección Risaralda que participó en un campeonato de tiro con arco en Bogotá durante el 2013 y lo hizo junto a destacados deportistas como Sara López y Camilo Cardona, con quienes entrenó en Pereira.
Ahora, se está preparando para la maratón de Nueva York, que se llevará a cabo el próximo 3 de noviembre.
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Regreso a Colombia
Desde que se fue a vivir a los Estados Unidos, Gladys ha venido varias veces a Colombia y a Cali, donde espera volver para radicarse y combatir la pobreza con "el arma más poderosa" que existe: la educación.
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"Es nuestra responsabilidad global tomar medidas, ya que la educación es tan necesaria y básica como la comida o el agua. La necesitamos para sobrevivir. Por eso deseo empoderar a nuestros jóvenes para un futuro más brillante", manifiesta.
También, quiere trabajar en favor de la educación para la mujer, pues considera que aún hay una "fuerza de supresión" sobre una extensa población femenina.
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"Si las podemos liberar de restricciones, de la pobreza, las podemos capacitar para que realicen su potencial y por lo tanto apoyen generaciones exitosas", comenta.
Asimismo, Gladys, a quien le gustaría enseñar en la Universidad del Valle, señala que la educación construye vidas y las salva, pero también "se trata de comprender el mundo en el que vives y saber que tienes el poder de cambiarlo".
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Destaca que a una persona no le va bien por casualidad, sino por una suma de esfuerzos y decisiones a lo largo del tiempo.
"Son muchos, muchos años de esfuerzo, educación. Cuando usted ve a alguien que le está yendo muy bien, no es que amanecieron un día y fueron esa persona. Amanecieron cada día, dos mil días seguidos, diciendo: 'Hoy sí puedo, hoy voy a hacer'", dice.
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En su caso, asegura que ella ha logrado llegar donde está gracias a pequeñas decisiones, que han construido su camino, a su vez inventado por sus pasos.
"Entonces, toma el primer paso, nunca digas que no puedes, solamente que no quieres en ese momento", concluye.
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