La panadería Quintapán fue, durante más de tres décadas, un punto de referencia ineludible en el sector de San Fernando, en la capital del Valle del Cauca. Ubicada estratégicamente en una esquina, este establecimiento no solo era un negocio, sino un pilar de la comunidad que funcionó de manera ininterrumpida durante 32 años hasta el fatídico lunes del terremoto.
La historia de este lugar dio un giro trágico cuando el sismo, que se sintió con una intensidad excepcional en esta zona debido a la presencia de una falla geológica, transformó la icónica estructura en un montón de escombros.
El momento del temblor fue descrito por los testigos y por su dueño, Óscar Aristizábal, como una experiencia de mucho terror. La violencia del movimiento telúrico fue tal que la infraestructura cedió rápidamente, obligando a una evacuación de emergencia en condiciones extremas.
Mientras el pánico se apoderaba del sector, las personas que se encontraban en el segundo piso del local no pudieron usar las salidas convencionales y se vieron forzadas a escapar por la parte posterior de la edificación, caminando sobre el techo para ponerse a salvo. Afortunadamente, se logró evacuar a todos los presentes antes de que el lugar quedara reducido a ruinas.
Óscar Aristizábal, el propietario de Quintapán, enfrenta hoy lo que él describe como un doble drama. Por un lado, ha perdido el patrimonio de toda una vida y el sustento de las 32 familias que dependían directamente de la panadería. Por otro lado, su situación personal es crítica, ya que tampoco puede ingresar a su propia casa, debido a que el edificio donde reside fue evacuado por precaución ante graves problemas estructurales.
Publicidad
Ante esta devastación, las peticiones de Aristizábal son claras y urgentes: solicita la presencia y el acompañamiento real del Gobierno nacional, la Alcaldía y el departamento de Planeación. Su objetivo es obtener el apoyo necesario para reconstruir el establecimiento lo más pronto posible, no solo para recuperar su medio de vida, sino para devolverle a la sociedad un servicio que considera vital para la comunidad.
Por ahora, sobrevive gracias a la solidaridad de otros empresarios que han brindado alimentos, mercados y ropa para sus trabajadores. Mientras Quintapán busca renacer, en otros puntos del Valle las solicitudes de auxilio son igualmente desesperadas.
Publicidad
En el barrio Chiminangos 2, al norte de Cali, la situación es de incertidumbre total, con 24 estructuras colapsadas y 127 en riesgo.
Allí, los damnificados que acampan en las calles piden con urgencia ser censados y recibir platos de comida caliente.
Las familias, que duermen a la intemperie, hacen un llamado por colchonetas más gruesas y cobijas, ya que las actuales son tan delgadas que provocan fuertes dolores de espalda, especialmente en personas vulnerables como mujeres embarazadas.
En el barrio Ciudad Meléndez, la preocupación se centra en la recuperación económica, donde empresarios locales piden ayuda para extraer maquinaria de confección atrapada en edificios inestables, de la cual depende el sustento de numerosas madres cabeza de hogar.
Ayudas en Buenaventura
Publicidad
Por su parte, en Buenaventura, donde el sismo afectó a más de 1.000 viviendas, la prioridad es la reconstrucción física. En barrios como el Olímpico y San Francisco, los habitantes solicitan materiales de construcción, específicamente tejas, láminas y madera, para intentar levantar lo que el sismo derribó. Además, se mantiene la necesidad de medicamentos, alimentación y la continuación de las inspecciones técnicas por parte de ingenieros y arquitectos para determinar cuántas casas más deberán ser demolidas.
NOTICIAS CARACOL