La tranquilidad de la vereda San Francisco, en el municipio de Carlosama, Nariño, muy cerca de la frontera con Ecuador, se vio interrumpida cuando Gerardo Marcial Mueses Colimba, un campesino de 76 años recordado por sus vecinos y familiares como un hombre noble, generoso y profundamente trabajador, fue hallado sin vida. Su familia reportó su desaparición y, tras varios días de búsqueda en los alrededores, su nieto encontró el cuerpo sin vida con signos de violencia.
Don Gerardo era reconocido y querido entre la comunidad por sus años dedicado al campo cultivando papa, haba y choclo. En su vivienda convivía con su hijastro, Marino Antonio Mueses Blandón. Por otro lado, del hombre también estaban pendientes su hija Marleni Mueses y su nieto, quienes no se imaginaban que bajo el techo de su casa crecía una tensión motivada por la codicia.
¿Qué pasó con don Gerardo?
La alerta por la vida del campesino de 76 años se dio cuando Hanner, nieto de don Gerardo e hijo de Marleni, acudió a la finca el domingo 15 de octubre de 2023 y encontró todas las puertas cerradas con llave y ningún rastro de su abuelo. De acuerdo con la hija, esto no era común porque su papá siempre estaba en la casa, pero recordó que el hombre había manifestado su intención de viajar a un pueblo cercano para pedir atención médica porque tenía una mano lastimada, por lo que en ese momento se calmó.
Al día siguiente, don Gerardo seguía sin regresar a la casa y Marino Antonio Mueses le manifestó al adolescente que su abuelo se había ido de viaje. Marleni decidió ir a preguntar por su papá en las fincas aledañas y en un pueblo cercano, donde en ocasiones iba a trabajar, pero nadie le daba razón. Por último, fue a la casa de su papá, donde notó la ausencia de la maleta y pertenencias del hombre: "Estaba su cama tendida, la maleta no estaba, su ropa no estaba, entonces yo pensé que sí, que mi papá se había ido de viaje porque se había llevado todo", señaló.
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Pero no tener detalles sobre su papá seguía siendo algo que le generaba dudas de que algo malo le había pasado, por eso el martes 17 de octubre decidió denunciar su desaparición en las oficinas de la policía de Ipiales y ante la SIJÍN de la Policía, donde fue atendida por la patrullera Karen Dayana Valencia. Antes de esto, Marleni había estado en la casa de su papá y le reclamó a Marino Antonio porque lo veía muy calmado con la situación.
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Curiosamente, mientras Marleni se fue a establecer la denuncia en Ipiales, su medio hermano decidió tomar acción para buscar a su padre. Marino acudió esa misma jornada al cuerpo de Bomberos de Carlosama, pidiendo a los uniformados que lo ayudaran a localizarlo. "Él nos manifestó que él concurría mucho las zonas del río porque cuidaba un ganado ... lo buscamos en unas cuevas, a las orillas del río y Marino nos manifestaba que estaba muy preocupado, incluso lloraba", señaló la comandante Verónica Palacios, quien lideró la operación de búsqueda del adulto mayor.
El doloroso hallazgo
Mientras la búsqueda de los bomberos acompañada por Marino no daba resultados y Marleni se encontraba en Ipiales denunciando la desaparición de su padre, el nieto del adulto mayor regresó a la casa de su abuelo donde hizo un doloroso hallazgo. "Él me dijo: 'mami, encontramos ropa quemada de mi abuelito'", recordó Marleni señalando que su hijo le dijo que regresara pronto, pero al rato le hizo una nueva llamada: "Él gritaba, decía: 'mi abuelito está muerto, está en el pozo séptico'".
El adolescente, que tan solo dos días antes había recorrido la casa buscando a su abuelo, recordaba que ese 15 de octubre el pozo séptico estaba completamente tapado, pero ahora al regresar lo encontró con la tapa mal puesta. Al mirar en su interior, el joven descubrió con horror el cuerpo sin vida de su abuelo al fondo del pozo.
El hallazgo del joven hizo que inmediatamente los vecinos llamaran a las autoridades y a los bomberos de Carlosama, quienes se encontraban de camino a la casa del hombre junto a su hijastro Marino. Algo que llamó la atención es que cuando Marino escuchó que el cuerpo de su padre había sido encontrado en la casa, "se nos adelanta, nos abandonó", recordó la comandante Palacios, agregando que cuando llegaron a la vivienda se sorprendieron al ver que le hijastro de la víctima no estaba allí.
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Reconstrucción de los hechos
Desde que se confirmó el hallazgo del cadáver en el pozo, vecinos y otros familiares de don Gerardo empezaron a sospechar que Marino Antonio, su hijastro, lo había asesinado. El hombre, por su parte, nunca volvió a aparecer en la casa familiar. Al tiempo, empezaron a llevarse a cabo las pesquisas en la casa y los exámenes forenses en el cuerpo sin vida del hombre de 76 años, los cuales llevaron a conocer por completo lo que había ocurrido.
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Peritos de criminalística de la SIJÍN identificaron un rastro de sangre arrastrada que nacía en la habitación de don Gerardo, continuaba hasta el patio, ingresaba al cuarto de Marino y terminaba en la boca del pozo séptico. Además, en el predio se encontró un mazo de madera empapado con sangre y se recuperaron restos de prendas calcinadas.
Según la reconstrucción de los hechos por parte de los investigadores, don Gerardo fue asesinado en la mañana del domingo 15 de octubre de 2023. Detallaron que el hombre de 76 años tuvo una fuerte discusión con su hijastro Marino Antonio, motivada por la falta de empleo de este último y su deseo de adueñarse de la propiedad. En medio del altercado, Marino atacó desalmadamente a su padrastro propinándole un fuerte golpe en la cabeza por la espalda con un mazo de madera y concluyó el crimen mediante asfixia.
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Para encubrir el homicidio, Marino envolvió el cadáver en una sábana, lo ató de pies y manos y lo ocultó debajo de su propia cama, durmiendo junto al cuerpo la noche del 15 al 16 de octubre. El lunes 16 de octubre arrastró los restos por el terreno hasta arrojarlos al pozo séptico. Además, para reforzar su coartada de un supuesto viaje, quemó la ropa, la maleta y las gorras de don Gerardo en la parte posterior del predio. La investigadora patrullera Karen Dayana Valencia señaló que el cuerpo de don Gerardo Mueses "tenía varios signos de violencia, bastante golpes en la cabeza y en diferentes partes de su rostro".
La búsqueda del culpable
La hipótesis formulada por el fiscal Mauricio Fernando Zambrano determinó que el móvil fue el rencor acumulado por la convivencia, las discusiones económicas y el deseo de Marino de titularizar la vivienda a su nombre. Tras la emisión de la orden de captura el 18 de enero de 2024, las autoridades intensificaron los puestos de control y las labores de inteligencia en las vías de Nariño.
La persecución concluyó el 22 de enero de 2024, cuando una llamada ciudadana alertó a los investigadores de la SIJÍN sobre el paradero del sospechoso, quien se ocultaba en una vivienda del municipio vecino de Aldana, Nariño. Los efectivos policiales se desplazaron de inmediato a dicha localidad y lograron la captura de Marino Antonio Mueses Blandón en pleno parque principal del municipio, mientras caminaba de manera desprevenida. Sorprendentemente, al momento del abordaje policial, el sujeto no ofreció resistencia alguna y mantuvo una actitud impasible.
Pese a que Marino jamás aceptó los cargos y sostuvo su inocencia -incluso ante las cámaras de El Rastro- argumentando disputas de herencia, el material probatorio fue contundente. El 16 de julio de 2025, la jueza Magda Jimena Viteri, al frente del Juzgado Segundo Penal del Circuito, dictó sentencia condenatoria contra Marino Antonio Muces Blandón a 412 meses de prisión, equivalentes a 34 años y 4 meses de cárcel, como autor del delito de homicidio agravado de su padrastro, ordenando su reclusión inmediata en el establecimiento penitenciario de Ipiales.