Diana Ospina no comenzó a crear contenido digital con la intención de convertirse en una figura de redes sociales ni de conseguir contratos con marcas. Su historia empezó de manera espontánea, en medio del encierro de la pandemia, cuando encontró en los videos de humor una forma de desconectarse de las preocupaciones cotidianas. Lo que inicialmente era una distracción terminó convirtiéndose en una comunidad que se identifica con sus experiencias sobre la maternidad, la vida en pareja y las situaciones que muchas mujeres viven, pero no siempre se atreven a expresar.
Ingeniera industrial de profesión, Ospina llegó a Bogotá desde Bucaramanga para realizar una práctica empresarial. Con el paso de los años construyó su vida en la capital, donde enfrentó dificultades económicas, se abrió camino en el mundo laboral y formó una familia. Mucho antes de que sus videos empezaran a circular ampliamente en internet, ya tenía una personalidad extrovertida que, según recuerda, se manifestaba desde su infancia a través del baile, el canto y los chistes.
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Esa inclinación por hacer reír a los demás encontró en las redes sociales un espacio para desarrollarse. Sin embargo, detrás de su marca personal hay una historia que también habla de disciplina, adaptación, trabajo en equipo y decisiones financieras.
De Bucaramanga a Bogotá: una oportunidad que cambió su vida
Ospina recuerda que durante su infancia era una persona extrovertida, a la que le gustaba bailar, cantar y hacer chistes. En el colegio se inclinaba por materias como ciencias, química y matemáticas, mientras que otras asignaturas, entre ellas sociales, español e inglés, no despertaban el mismo interés.
Se graduó del colegio a los 16 años y decidió estudiar Ingeniería Industrial, en parte porque su hermana Andrea había elegido esa carrera. Aunque en algún momento contempló cambiar de programa, su padre la animó a terminarlo. Para entonces, no tenía completamente claro a qué se dedicaría profesionalmente.
Su llegada a Bogotá ocurrió por una práctica empresarial. Después de regresar a Bucaramanga, el director de la empresa en la que había trabajado le pidió su hoja de vida. Tres meses más tarde recibió una oferta laboral para participar en un programa relacionado con la evacuación de crudo, en una compañía vinculada con Ecopetrol.
La decisión de quedarse en la capital no fue sencilla. Su madre le insistía en que regresara a Bucaramanga, especialmente por las dificultades económicas que atravesaba. Ospina ganaba cerca de 1,8 millones de pesos y destinaba alrededor de 800.000 al arriendo de una habitación. Después de pagar transporte, alimentación y otros gastos, el dinero no siempre alcanzaba.
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En ocasiones no tenía para desayunar y, una vez, llegó a desmayarse después de pasar varias horas sin comer y continuar trabajando durante el almuerzo. Su madre le pidió que esperara seis meses antes de tomar una decisión definitiva. Al cabo de tres meses, un ajuste en la tabla salarial aumentó su remuneración en aproximadamente dos millones de pesos, lo que le permitió mejorar su situación.
Hoy, al recordar esa etapa, puede hablar de las dificultades con humor. Para ella, esas experiencias también le enseñaron a valorar lo que ha conseguido y a transmitirle a su hijo, Salo, la importancia de reconocer las oportunidades que tiene.
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La pandemia y dos videos que impulsaron su crecimiento en redes
Antes de comenzar a publicar contenido, Ospina tenía una cuenta privada de Instagram con unos 700 seguidores. Allí compartía principalmente fotografías familiares y de su hijo. No pensaba en construir una audiencia ni en convertir la plataforma en una fuente de ingresos.
La pandemia cambió esa dinámica. Mientras trabajaba desde casa entre las siete de la mañana y las cinco y media de la tarde, también debía acompañar a Salo, que tenía seis años y recibía clases virtuales. Las tareas domésticas, las reuniones laborales y las necesidades del niño hicieron de esa etapa un periodo exigente. Su esposo, Nicolás, conocido como Nico, también participaba en la distribución de las responsabilidades familiares.
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En medio de ese escenario, comenzó a consumir más contenido digital. Le llamaban la atención los videos de humor construidos a partir de audios o canciones y las historias en las que otros creadores contaban lo que les ocurría durante el día. Ese contenido le permitía desconectarse por un momento del caos que vivía.
Decidió probar con sus propios videos, sin pensar en monetizarlos ni en construir un negocio. Una prima que trabajaba con influenciadores le recomendó cambiar la configuración de su perfil a público. Aunque al principio tenía reservas por la seguridad y la exposición de su familia, finalmente aceptó.
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Poco después, dos de sus videos se viralizaron. Uno mostraba una escena cómica en la que calentaba ropa interior en agua para dársela a su esposo, acompañada de una canción que circulaba ampliamente en ese momento. La cantante mexicana que interpretaba el tema compartió el video, lo que contribuyó a ampliar su alcance.
El crecimiento de seguidores fue rápido: pasó por cifras de 20.000, 30.000 y 40.000 hasta llegar a los 100.000. Con esa expansión también llegaron nuevas expectativas. Las personas no solo querían ver sus videos, sino conocer sus historias cotidianas, saber qué había hecho durante el día y sentirse acompañadas por sus relatos.
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Ospina comenzó a publicar videos de lunes a viernes. La constancia se convirtió en parte fundamental de su trabajo, incluso cuando familiares y compañeros de oficina empezaron a reconocerla por sus publicaciones y a hacer comentarios sobre ellas.
Humor, autenticidad y empoderamiento femenino
Una parte central de su contenido consiste en poner en escena situaciones de la vida en pareja, la maternidad y la convivencia. A través del humor, aborda pensamientos y experiencias que muchas mujeres comparten, pero que a veces les cuesta expresar frente a sus esposos o sus hijos.
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Según cuenta, algunas seguidoras le han dicho que sus videos representan conversaciones que ellas mismas han tenido o quisieran tener en casa. Esa identificación es uno de los aspectos que, para ella, explica el vínculo que ha construido con su audiencia.
Su apuesta también se refleja en la manera de mostrarse ante la cámara. Ospina no busca aparecer siempre maquillada, perfectamente peinada o libre de imperfecciones. Habla de sus ojeras, sus granos y los días en los que no tiene el cabello arreglado. Para ella, esa naturalidad ayuda a que las personas reconozcan en sus publicaciones situaciones reales.
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Desde que empezó a crear contenido en 2021, asegura haber recibido muy pocos comentarios ofensivos, alrededor de dos que recuerda como especialmente desagradables. Considera que el tipo de publicaciones que comparte y la autenticidad con la que se presenta pueden influir en esa relación con el público.
“Sea usted”, recomienda a quienes quieren empezar en redes sociales. En su opinión, intentar proyectar una imagen que no corresponde con la realidad puede generar rechazo, mientras que compartir experiencias genuinas facilita la conexión con otras personas.
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Su consejo es contar historias, hablar de lo que ocurre en la familia, de los cambios en la vida de los hijos o de las experiencias laborales. No se trata, explica, de mostrarse como alguien superior a quienes la siguen, sino de reconocer que detrás de cada cuenta hay personas que atraviesan situaciones similares.
El trabajo detrás de los videos y el papel de su familia
Aunque sus publicaciones suelen parecer espontáneas, producirlas requiere tiempo. Ospina explica que una de las tareas más difíciles es encontrar la idea y construir el guion, especialmente cuando trabaja con marcas que establecen requisitos específicos para sus campañas.
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La grabación es una de las etapas que más disfruta, pero la edición también exige cuidado. Al comienzo se encargaba personalmente de grabar y editar, y le resultaba difícil delegar esa labor porque considera que los cortes y el ritmo de un video cambian la manera en que se comunica una idea. Entre guion y edición puede invertir fácilmente cinco horas.
Nico también terminó involucrándose en el proyecto. Al principio, convencerlo de participar en los videos fue complicado. La situación cambió cuando llegó el primer contrato comercial. Desde entonces, se ha sumado a las grabaciones e incluso toma clases de baile. Ospina cuenta que muchas seguidoras se identifican con él y le dejan comentarios positivos.
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Su esposo, además, es el representante legal de la empresa y participa en el desarrollo del negocio. Su hijo Salo también aparece en algunos contenidos, que, según ella, no serían iguales sin la participación de ambos.
La creación digital, sin embargo, no siempre coincide con el estado de ánimo de quien está frente a la cámara. Ospina reconoce que cuando está triste o de mal genio puede no tener ganas de grabar. Si se trata de una colaboración comercial, debe cumplir con los compromisos adquiridos. En esos momentos, el apoyo de su equipo resulta importante para repetir tomas y sacar adelante el trabajo. Incluso grabar con Nico cuando han tenido una discusión puede ser incómodo, pero la responsabilidad profesional se mantiene.
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Nuevos proyectos y la importancia de organizar las finanzas
Ospina asegura que ha disfrutado el crecimiento de su marca porque no partió de grandes expectativas. Durante mucho tiempo tuvo su profesión como respaldo, lo que le permitió asumir las redes sociales como una oportunidad que podía desarrollarse sin la presión de que todo dependiera de ellas.
Ahora quiere explorar otras posibilidades. Considera que una comunidad digital puede servir no solo para trabajar con marcas, sino también para desarrollar productos propios. Uno de los proyectos que contempla con Nico es un curso sobre finanzas personales e inversiones.
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La idea surgió porque familiares y amigos suelen pedirle a su esposo consejos para organizar el dinero. Ospina reconoce que buena parte de la estabilidad financiera que han alcanzado se debe a la disciplina de Nico en ese campo.
Cuenta que, cuando se conocieron, ella tenía 21 años y él empezó a motivarla a ahorrar e invertir. Según explica, mantener ese dinero invertido le permitió construir una base que hoy le ofrece tranquilidad: cuenta con ingresos mensuales derivados de sus inversiones y no siente que tendría que empezar de cero si decidiera dejar su empleo o si sus proyectos digitales no funcionaran como espera.
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Al hablar de esa experiencia, bromea con que, sin la insistencia de su esposo, probablemente habría gastado el dinero en bolsos. Pero detrás del comentario hay una convicción que ahora quiere compartir con sus seguidoras: aprender a organizar las finanzas puede abrir opciones y ofrecer respaldo ante la incertidumbre.
Un mensaje para las mujeres que la siguen
Además de sus recomendaciones para quienes quieren crear contenido, Ospina comparte una reflexión dirigida a las mujeres que encuentran en sus publicaciones un espacio de identificación y entretenimiento. Su punto de partida es que ninguna vida es perfecta y que todas las personas atraviesan etapas buenas y malas.
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Para ella, la actitud influye en la manera de enfrentar esas situaciones. No significa que mantener una actitud positiva resuelva los problemas, sino que la forma de asumirlos puede cambiar la experiencia cotidiana. También reconoce que no siempre es fácil dejar atrás un mal momento y comenzar de nuevo.
Su mensaje final se relaciona con una idea que aparece a lo largo de su historia: las dificultades no duran para siempre. Con el paso del tiempo, aquello que parecía imposible de superar puede convertirse en una experiencia que se recuerda de otra manera.
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“Todo pasa”, afirma. Es una frase que mantiene presente cuando enfrenta momentos difíciles y que resume parte de lo que ha aprendido en su recorrido: seguir adelante, valorar lo construido y encontrar, incluso en las circunstancias más complicadas, una razón para volver a reír.
NOTICIAS CARACOL
Entrevista de Ana Milena Gutiérrez, periodista de Noticias Caracol