El inicio de la vida de Aurora Britton no siguió el curso habitual de un embarazo, ya que con apenas 27 semanas de gestación, esta bebé llegó al mundo en el hospital Akron Summa, en el estado de Ohio, Estados Unidos, siendo clasificado como un nacimiento extremadamente prematuro. Su nacimiento, ocurrido mediante una cesárea de emergencia, fue la respuesta médica necesaria tras un diagnóstico de preeclampsia severa que afectó a su madre, Casey Britton, apenas dos semanas antes del parto.
Al nacer, Aurora registró un peso de solo 2 libras y 10 onzas, aproximadamente 1.2 kilogramos. Debido a su fragilidad y al desarrollo incompleto de sus órganos, fue trasladada de inmediato a la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN). En este espacio especializado, la menor inició una lucha por la vida que incluyó el uso de ventilación asistida, procesos de intubación, el uso de máquinas de presión positiva continua en las vías respiratorias, además de necesitar diversas transfusiones de sangre.
De acuerdo con lo publicado por la revista estadounidense People, los especialistas estimaron en aquel momento que la bebé tenía una probabilidad de supervivencia de entre el 70 y el 80 por ciento. Sin embargo, el camino hacia la recuperación no estuvo exento de incertidumbre, ya que su madre relató la dificultad emocional de enfrentar la separación física y la duda constante sobre la evolución diaria de su hija."Fue muy duro porque la separaron de mí", declaró Britton, "Nos preguntábamos: ¿Logrará sobrevivir hoy? ¿Logrará sobrevivir mañana?".
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Apenas dos meses después de nacer, Aurora fue trasladada nuevamente, ahora a la Unidad de Cuidados Especiales del Hospital Ohio Health Mansfield, donde Aurora comenzó a mostrar señales significativas de mejora en cuestión de días, "empezó a mejorar a los pocos días de llegar aquí", mencionó la madre. "Empezó a comer más, a necesitar menos oxígeno y menos sonda de alimentación. Fue simplemente asombroso verlo".
Este cambio de centro médico le permitió una mayor cercanía a la familia, facilitando que la madre pudiera acompañar el cuidado de la bebé a diario y pasar noches junto a la cuna, al punto que las enfermeras del hospital le recomendaban a Britton que fuera a descansar a su casa. "Las enfermeras tuvieron que obligarme a irme, me dijeron: Vete a casa y duerme en tu cama un par de horas. Estará bien" declaró.
Actualmente, Aurora Britton tiene siete meses de edad y se encuentra en una etapa de pleno desarrollo y su caso resalta los avances en la medicina neonatal, además de la capacidad de Aurora de para superar condiciones críticas, dándole una posibilidad de vivir junto a su familia.
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ANDRÉS FELIPE ADAMES RESTREPO
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