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Chef revela horror del restaurante “caníbal” del Bronx: lo obligaron a cocinar y comer carne humana

Lo que parecía una leyenda del Bronx terminó siendo real. Un chef sobrevivió a tres años de encierro bajo el dominio de ‘Los Sayayines’, donde, según relató, fue obligado a cocinar carne humana. Esto dijo en Los Informantes.

Chef del Bronx

Durante años fue considerada una leyenda urbana en Bogotá, alimentada por los rumores que circulaban entre quienes se atrevían a cruzar las peligrosas calles del Bronx. Sin embargo, lo que parecía un mito terminó convertido en una realidad documentada por autoridades y testigos directos. En pleno centro de la capital, bajo el dominio de la banda criminal conocida como ‘Los Sayayines’, operó una estructura de terror que incluyó torturas, desapariciones y un lugar clandestino donde se procesaba y servía carne humana.

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Los Informantes habló con Óscar Rosas, un chef que sobrevivió a ese infierno. Durante tres años permaneció encerrado en un sótano, en una de las zonas más temidas de la ciudad, donde, según su testimonio, fue obligado a cocinar lo impensable.

De las cocinas internacionales al Bronx de Bogotá

Antes de quedar atrapado en las redes del Bronx, la vida de Óscar Rosas prometía un destino diferente. Su formación lo llevó a estudiar en la Universidad de Nueva York y a trabajar en prestigiosos establecimientos. Su talento en la cocina le permitió recorrer países como Estados Unidos, Brasil, Italia y Holanda. Sin embargo, su trayectoria profesional estuvo constantemente marcada por una adicción temprana que comenzó en su adolescencia.“Era un problema para mi familia. Yo empecé [a consumir] a los 13 años. Mi mamá que era mi alcahueta me dijo: ‘mijo, cambie, váyase y deje de consumir’. Pero resulta que conocí la heroína, entonces cambié la coca, la marihuana y el bazuco por la heroína”.

A pesar de sus éxitos laborales en el extranjero, la dependencia a las sustancias provocaba escándalos que terminaban en despidos tras pocos meses de empleo. En un intento por rehabilitarse, regresó a Colombia con el sueño de comprar una propiedad en Tenjo y formar una familia. No obstante, el deseo de consumir sustancias lo llevó rápidamente al barrio Santa Fe y, finalmente, al sector del Bronx, donde perdió su carro y lo que había logrado, pasaba sus días drogado y cada vez más adentro del Bronx.

¿Qué ocurrió dentro del Bronx?

Dentro del Bronx, Óscar Rosas empezó realizando tareas básicas para sostener su adicción, trabajando como limpiador de calles y luego como taquillero, encargado de pesar y empacar drogas. Su habilidad en la cocina no pasó desapercibida para ‘Los Sayayines’, los criminales que ejercían el control absoluto del sector. Inicialmente, fue contratado para eventos específicos de la banda: “Yo les cocinaba para la novia, que nació el hijo, fiestas privadas y de derroche”.

Esa destreza culinaria, que en otros tiempos le abrió las puertas de hoteles internacionales, terminó convirtiéndose en su condena. Los líderes de la organización decidieron confinarlo en un túnel subterráneo del que no salió durante tres años. El lugar de cautiverio era un punto clave para la banda: una estructura conectada a las antiguas cañerías de la ciudad, por donde circulaban drogas y dinero lejos de la vista de las autoridades.

El horror en el sótano del Bronx: comían carne humana

La primera vez que le ordenaron cocinar restos humanos estuvo rodeada de violencia y amenazas. Cuando le entregaron una bolsa de cuero sobre la mesa, el chef comprendió de inmediato lo que había en su interior: “Saco lo que está en la bolsa de cuero, la extiendo. Cojo el ajo, cojo la cebolla, pero miro bien la carne y era un cuerpo humano completico, sin pies, sin cabeza, sin manos, sin huesos”. Ante su negativa inicial, sus captores reaccionaron de inmediato con violencia. Lo golpearon con la culata de un arma para obligarlo a obedecer.

Bajo amenaza de muerte, fue obligado no solo a preparar los restos, sino a consumirlos. ‘Los Sayayines’ le advirtieron con claridad sobre las consecuencias de desobedecer: “No solo lo va a cocinar, lo va a probar y se lo va a comer, o si no nos lo comemos a usted”. Rosas describió el lugar como un espacio reducido y precario, infestado de ratas, donde la única actividad era el procesamiento de los cuerpos: “Era una cañería antigua de Bogotá... Lo único que cabía era la mesa, el muerto y muchos extranjeros. Era un restaurante de caníbales”.

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Restaurante “caníbal” y rituales satánicos

Según el exhabitante de calle, la práctica del canibalismo en el Bronx de Bogotá no habría sido un hecho aislado, sino parte de una dinámica de control y ritualismo satánico utilizada por la banda ‘Los Sayayines' para afianzar su poder y obtener supuestos beneficios espirituales. Óscar Rosas afirmó que los enfrentamientos entre bandas a menudo se resolvían mediante estos rituales, y que incluso líderes del sector terminaron siendo víctimas de esta práctica: “Al que más se comían era al duro del Bronx... al que les daba de comer”.

Además del consumo por parte de los victimarios, la carne humana era distribuida entre la población de habitantes de calle que frecuentaba el sector. Según las investigaciones, los restos eran descuartizados y triturados para ser mezclados con la alimentación general que se servía en bandejas callejeras. Rosas señaló que el objetivo era engañar a los consumidores: “Sobraban sopas de manes y le daban a los habitantes de calle a comer. No tenía ni idea que estaba comiendo un cristiano”.

Operativo en el Bronx y lo que hallaron las autoridades

Antes de hacer pública su historia, Óscar Rosas consultó a otros testigos y sobrevivientes para evitar poner su vida en riesgo. Por ello, lo que contó en Los Informantes también fue verificado por las autoridades.

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Julián Quintana, director del cuerpo técnico de investigaciones del CTI, corroboró que agentes encubiertos infiltrados como habitantes de calle proporcionaron información en tiempo real sobre estas prácticas.

Durante la intervención masiva del 28 de mayo de 2016, que involucró a 2.500 efectivos de la Policía, el Ejército y el CTI, se descubrieron los búnkeres y túneles descritos por el chef. En estos lugares, las autoridades hallaron evidencias de tortura y métodos de desaparición forzada.

“Nosotros teníamos agentes encubiertos que se hicieron pasar por habitantes de la calle y nos daban información en tiempo real, cuando se hace la intervención uno de ellos me aborda y me dice: ‘Estos son los lugares donde alimentan los habitantes de la calle, aquí incluso cogen seres humanos, los descuartizan, los trituran y se los ponen a los habitantes para que se los coman en estas bandejas’”, afirmó Julián Quintana.

Además del canibalismo, se habría confirmado el uso de animales para deshacerse de los cuerpos. Según Rosas, existía un pitbull entrenado para atacar y un cocodrilo, conocido como ‘Pepe’, en cuyo estanque arrojaban a quienes querían desaparecer.

El fin del cautiverio y la vida después del Bronx

El encierro de Óscar Rosas terminó de manera drástica tras un intento de quitarse la vida. Al cortarse la yugular con una botella de vidrio, uno de los ‘Sayayines’, en un acto inesperado, decidió auxiliarlo y sacarlo del túnel. Fue abandonado en el Parque de los Mártires y posteriormente trasladado a la clínica Santa Clara, donde lograron salvar su vida.

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Tras su recuperación y el desmantelamiento del Bronx, Rosas se trasladó a Santander, donde actualmente dirige una fundación dedicada a la rehabilitación de personas con problemas de adicción. En su residencia trabaja para evitar que otros caigan en el abismo que él experimentó.

*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Los Informantes.

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