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El pincel de Acero: La inspiradora historia del exmilitar que pinta su propio destino

Alexander Acero, exmilitar y pintor, desafía las limitaciones físicas y encontró en el arte una vía de escape y renacimiento, convirtiendo su accidente en una historia de inspiración.

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El cuerpo humano es un universo muy complejo, tiene alrededor de 30 billones de células y está gobernado por el cerebro, un órgano con 86.000 millones de neuronas en promedio. El protagonista de esta historia, un exmilitar del Ejército colombiano solo puede mover un 5% de su cuerpo, pero a punta de amor propio logró pintar un mundo lleno de colores. Los Informantes visitó en su estudio al ‘Hombre de Acero’.

Mi nombre es Alexander Acero, tengo 42 años y soy artista, pintor, estoy aprendiendo a pintar porque creo que un artista nunca deja de aprender, siempre está en un proceso de evolución. Creo que la pintura llegó a mí para cambiarme, para poderme expresar y para poder hacer como lo que no puedo hacer físicamente”.

Solo un artista como Alexander Acero es capaz de escaparse de ese cuerpo inmóvil, en el que quedó atrapado por cuenta de un francotirador de la guerrilla, te cambiaron un fusil por este pincel que domina con la boca siempre firme y de tener la claridad mental para responder una pregunta difícil hasta para un filósofo como Sócrates: “¿Quién eres? Soy un alma libre atrapada en este cuerpo, quiero volar, quiero hacer muchísimas cosas, hago muchísimas cosas que de pronto mi cuerpo, mi capacidad física me lo impide, pero las ganas de hacerlo no me lo han impedido”.

El cuerpo es una cárcel para el alma decía Platón, pero Alexander Acero, así tenga inmovilizado el 95% de su cuerpo, ha logrado volarse de esa celda pintando y hasta saltando en un paracaídas de un avión. “En la silla puedo controlar este brazo y puedo controlar un poco el tronco, pero de pronto si voy hacia el frente no me puedo subir solo, es curioso porque a veces estoy acostado y las piernas se mueven mucho, se me estiran las piernas, se me desarropan y si no hay nadie me da frío, o sea, tienen vida propia, se manejan solitas, son medio bromistas”.

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Como sus piernas, Alexander siempre fue bromista e inquieto, de niño galopaba a caballo por los campos de un pueblito en Santander y aprendió a levantarse con cada golpe que le dio la vida, primero cuando la guerrilla lo desplazó junto a su familia campesina y luego cuando se convirtió en soldado profesional y terminó en Arauca en un combate feroz contra la guerrilla: “fue el 6 de julio del 2003, 5:30 de la tarde, éramos aproximadamente unos 250 soldados y según el avión de inteligencia decía que había como unos 700, 800 guerrilleros. Estaba en el piso con una ametralladora disparando y de un momento a otro todo quedó pausado, el disparo me entró por acá, como yo estaba en esta posición acostado boca abajo, entonces atravesó la mandíbula, el cuello y me cortó la médula, automáticamente quedó mi cuerpo desconectado”. La bala le partió el cuerpo y la vida en dos.

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