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Noticias Caracol LOS INFORMANTES Néstor Lorenzo se destapa: curiosidades del técnico de Colombia que sueña jugar la final del Mundial

Néstor Lorenzo se destapa: curiosidades del técnico de Colombia que sueña jugar la final del Mundial

Lejos de las cámaras, el técnico argentino Néstor Lorenzo construyó un estilo propio que hoy define el rumbo de la selección Colombia hacia el Mundial de 2026. En Los Informantes reveló aspectos desconocidos de su vida.

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Néstor Lorenzo no es un entrenador convencional. Lejos del perfil mediático que suele rodear a los técnicos de selecciones nacionales, el actual director técnico de Colombia construyó su camino desde la discreción, la disciplina diaria y una relación cercana con su entorno. A meses de una nueva cita mundialista, su figura despierta interés no solo por los resultados deportivos, sino por una historia personal marcada por el trabajo, la resiliencia y una forma particular de liderazgo. Esto reveló en Los Informantes.

De Villa Celina al fútbol profesional

Nació en Buenos Aires hace 59 años y está próximo a cumplir 60 el 28 de febrero, Néstor Lorenzo creció en Villa Celina, un barrio popular de la capital argentina. Su historia familiar está ligada al esfuerzo cotidiano: su padre, Alberto Lorenzo, fue obrero metalúrgico y de la construcción, mientras que su madre, Luisa, trabajó como costurera. Su abuelo materno, Rafael, fue un inmigrante italiano que buscaba un mejor futuro y levantó la casa familiar.

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Desde muy temprano, el fútbol fue parte de su vida. Lleva más de 40 años vinculado al profesionalismo, primero como jugador y luego como entrenador. En la cancha se desempeñó como mediocampista o defensa central y fue hincha declarado de Boca Juniors. Su carrera como futbolista lo llevó a jugar con la selección de Argentina y a vivir uno de los momentos más exigentes de su trayectoria en el Mundial de Italia 1990.

Italia 90: jugar la final pese al dolor

La final del Mundial de Italia 90 marcó un punto clave en la vida deportiva de Lorenzo. Llegó a ese partido con una lesión muscular que ponía en duda su participación. Sin embargo, decidió asumir el riesgo. Él mismo recordó ese episodio con detalle:

“Me acuerdo de que yo venía de una de una lesión de aductor y me agarraron el doctor Madero y Bilardo y me dijeron, 'Mira que este partido lo jugaron 200 jugadores en toda la historia del fútbol mundial' y me infiltré y salí a la cancha”, recordó.

El esfuerzo tuvo consecuencias físicas , incluido un hematoma importante en su pierna tras el encuentro frente a Alemania. Aun así, ese partido consolidó su imagen de jugador comprometido con el grupo, un rasgo que hoy traslada a su rol como entrenador. Tras aquella derrota, fue uno de los encargados de proteger a Diego Maradona del entorno mediático, un gesto que reafirmó su sentido de lealtad.

Un técnico que huye de la fama

Quienes trabajan con él coinciden en describirlo como un hombre educado, sencillo y humilde. Lorenzo, sin embargo, rechaza esa etiqueta y prefiere una definición más directa:

“Yo siento que soy auténtico nada más. O sea, yo siento que tengo un cargo en una selección con una responsabilidad y que trato de hacer lo mejor para llevarlo a cabo y para satisfacer las expectativas que se generaron”, dijo.

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No es amigo de los protocolos ni de las entrevistas extensas. Las cámaras no lo seducen y la exposición mediática no forma parte de sus prioridades. En cambio, su rutina está marcada por hábitos cotidianos: hace mercado en la tienda del barrio, va a la peluquería de siempre, camina por las calles de Bogotá y no suele negar una foto a los aficionados.

"Mis amigos son el portero del edificio, el chofer, el barrendero y el embajador, o sea, yo no ando con un estrato social, no me gusta la gente que se cree más que otra", señaló.

Bogotá, su centro de operaciones

Lorenzo vive en Bogotá, ciudad en la que tiene su oficina. Desde allí mantiene una rutina que se asemeja más a un horario laboral tradicional que al de una figura pública del fútbol. Llega a diario a la sede deportiva de la Federación Colombiana de Fútbol, donde analiza jugadores, diseña planteamientos tácticos y estudia a los rivales.

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Para el entrenador, el cargo no es solo una función profesional, sino una dedicación personal. En estos meses previos a la cita mundialista, su agenda gira exclusivamente alrededor de la selección Colombia. Esa exigencia y responsabilidad también tiene efectos en lo personal, como él mismo lo reconoció: “Hay momentos clave donde conciliar el sueño cuesta”.

Uno de los rasgos más destacados de su gestión es la manera en que asume la responsabilidad en los momentos difíciles. Lorenzo ha construido una política interna en la que el técnico es el principal escudo del plantel frente a la opinión pública, especialmente después de una derrota.

Su postura es clara y la ha explicado sin rodeos: “Cuando perdemos yo doy la cara. Nunca llevé en una derrota un jugador a una conferencia de prensa, por ejemplo, porque el responsable ahí sí soy yo”.

Esta visión está alineada con los valores que aprendió del fútbol desde sus inicios en Argentina: el trabajo en equipo, la solidaridad, el respeto por los códigos y la importancia de la amistad dentro del vestuario.

El lector, el creyente y el caminante

Más allá del fútbol, Lorenzo es un lector constante y un admirador declarado de Gabriel García Márquez. Su primer libro fue Martín Fierro, que leyó a los cinco años. El primer libro que leyó fue el de Martín Fierro a los 5 años. "Leí mucho, ahora leo un poquito menos necesito anteojos y me resisto a usarlos".

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En su día a día siempre lleva consigo una imagen de la Virgen de Santa María del Espíritu Santo. En el banquillo, una camisa vinotinto se ha convertido en una especie de cábala.

La selección Colombia en el Mundial de 2026

Como técnico de la Selección Colombia, Lorenzo ya enfrentó en tres ocasiones a Argentina, su país natal, con un balance de una victoria, una derrota y un empate. Esa dualidad entre origen y presente es parte de su identidad actual: un argentino que, según quienes lo rodean, se ha “colombianizado”.

Su mayor desafío está puesto en el Mundial de 2026. Aunque reconoce la dificultad del camino, su objetivo está claramente definido y no lo oculta cuando habla del futuro inmediato: “Hoy estoy con la cabeza en el mundial. Llegar al último día, llegar a la final y ganarla si Dios quiere”.

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Esa meta personal coincide con la expectativa que se ha generado alrededor de su proceso al frente del combinado nacional, en un país que vuelve a ilusionarse con un papel protagónico en la Copa del Mundo.

*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Los Informantes.

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