España comenzó a exigir respuestas este jueves 29 de octubre, después de que el número de víctimas mortales por el segundo accidente de tren de alta velocidad en el país este año ascendiera a 69 personas. La tragedia dejó decenas de heridos y familiares angustiados que buscan desesperadamente noticias sobre sus seres queridos.
Uno de los desastres ferroviarios más mortíferos de Europa en lo que va de siglo se produjo al sur de Madrid, la mañana del miércoles 21 de octubre, cuando un tren de la operadora estatal Renfe chocó contra la parte trasera de un tren de la empresa privada española Iryo que estaba detenido.
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Manuel San Emeterio, cuyo hermano Pepe, de 54 años, permanece desaparecido, acudió a la ciudad de Toledo para proporcionar muestras de ADN a la Guardia Civil, después de enterarse del accidente a través de una notificación en su reloj inteligente.
“La incertidumbre es lo peor con lo que uno tiene que lidiar, todos lidiamos con ella”, dijo. “Pero creo que hay algo que la contrarresta, y es la esperanza... nunca debemos perderla”.
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Toledo ha recibido 52 cadáveres, una cifra que ha desbordado la capacidad de su morgue, con espacio para 30 cuerpos, y ha obligado al Ejército a habilitar una instalación provisional, según pudo constatar un periodista de la AFP.
Expertos forenses con chaquetas verdes, un coche fúnebre negro y vehículos militares entraban y salían del lugar, donde se instalaron carpas rojas y contenedores refrigerados.
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Perros rastreadores y drones térmicos participaron en la búsqueda de cuerpos en el lugar del accidente, en las afueras del municipio de Urda, a unos 130 kilómetros al sur de Madrid.
Según la página web del Ministerio de Transportes y las autoridades regionales, el jueves se registraron 69 víctimas mortales.
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Entre las víctimas se encontraba Fátima Báñez, exministra de Trabajo y miembro del principal partido conservador, el Partido Popular (PP), según confirmó el jueves la asociación empresarial española CEOE.
Familiares “nerviosos y desesperados”
José Miguel Fernández, párroco de Urda, se unió a los servicios de emergencia para ofrecer apoyo a las familias que aún esperan conocer el destino de sus seres queridos.
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“Muchos estaban tranquilos, otros nerviosos y desesperados. Querían saber de inmediato y tener noticias” de sus seres queridos, declaró a la AFP.
Las banderas ondearon a media asta en los edificios públicos, mientras que las ceremonias oficiales y los eventos públicos fueron cancelados o reducidos durante el primero de los tres días de duelo nacional.
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En todo el país se guardó un minuto de silencio, incluida la estación de tren de Atocha, en Madrid, la más concurrida de España, donde algunos asistentes derramaron lágrimas.
El accidente del miércoles ocurrió en una línea clave que conecta Madrid con Sevilla, en el sur del país. Esta ruta también fue escenario de una colisión en enero, en la que murieron 46 personas.
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La tragedia ha reavivado las dudas sobre la seguridad de la red ferroviaria de alta velocidad de España, la segunda más grande del mundo después de la de China.
Marcos Ibáñez, residente de Toledo y trabajador del sector turístico, declaró a la AFP que había evitado los trenes de alta velocidad “durante mucho tiempo por este motivo”. “He pasado varias veces por el lugar donde ocurrió el accidente... y nunca se sabe cuándo te puede tocar a ti”, dijo el joven de 28 años. “La mayoría de la gente está bastante harta”.
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Durante una visita al lugar del desastre, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien se enfrenta a elecciones generales el 29 de noviembre, prometió “esclarecer hasta el último detalle de esta tragedia y reforzar las medidas de seguridad para garantizar que nunca vuelva a ocurrir”.
El rey Felipe VI también se pronunció sobre la tragedia tras visitar a los heridos en un hospital de Toledo y pidió medidas “para garantizar que esto no vuelva a suceder”.
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“Buscando culpables”
El ministro de Transportes, Óscar Puente, declaró el miércoles que había fallado un sistema de control automático en un tramo de 69 kilómetros de vía, lo que provocó la detención de todos los trenes en ese sector.
Sin embargo, Puente cuestionó la decisión del centro de control de reanudar la circulación. “Reanudar el tráfico en circunstancias que, desde nuestro punto de vista, son inexplicables”, dijo, al referirse a la decisión. Según explicó, el tren de Renfe recorrió 25 kilómetros antes de chocar contra el Iryo.
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El centro de control “tuvo tiempo más que suficiente para verificar el error, y no lo corrigieron”, añadió. El líder del sindicato de maquinistas Semaf, Diego Martín, afirmó que “se está centrando erróneamente la atención en la búsqueda de culpables”, cuando los trabajadores utilizaban “sistemas deficientes”.
Los maquinistas de Renfe se declararon en huelga el jueves “para defender la seguridad ferroviaria”, alegando que se habían incumplido compromisos previos en esta materia. La medida de fuerza había sido convocada antes del accidente del miércoles.
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El principal rival político de Sánchez, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, acusó a Puente de “frivolidad” por intentar responsabilizar a un solo operador del centro de control.
Ibáñez, residente de Toledo, coincidió en que Puente debería asumir la culpa, “porque alguien en la política tiene que hacerse responsable”.
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AFP
EDITADO POR DANNA SOFÍA SUÁREZ G