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Joven viajó a México por trabajo y terminó presa por una sustancia ilegal escondida en su maleta

La joven fue detenida y permaneció cerca de dos años en un reclusorio mexicano, hasta que una jueza determinó que había llevado la maleta, pero no sabía qué contenía.

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El 25 de octubre de 2024, Manuela Silva tenía previsto viajar desde Colombia hacia México. En ese momento cursaba octavo semestre de Comunicación Social y combinaba sus estudios con un trabajo de medio tiempo. La joven trabajaba con una empresa familiar dedicada al transporte de paquetería entre Colombia y México. Por cada viaje recibía alrededor de $400.000, dinero que destinaba a cubrir una de las cuotas del crédito educativo que tenía con el ICETEX. "Yo organizo el viaje para lo mismo, costear una cuota de un ICETEX para mis estudios", contó Manuela durante una entrevista para En Aguas Profundas.

La situación económica había comenzado a pesarle, pues estudiar y trabajar al mismo tiempo le dejaba poco margen, mientras las cuotas del crédito se acumulaban. Por eso, aunque inicialmente tenía dudas, decidió aceptar el viaje. Incluso había pensado en quedarse unos días adicionales en México para conocer las celebraciones relacionadas con el Día de Muertos. Sin embargo, horas antes de salir de Bogotá ocurrió algo que todavía recuerda.

Manuela contó que ese día salió tarde de la universidad porque estaba terminando un trabajo. No tenía ganas de viajar y llegó a pensar en cancelar el viaje. Según relató, mientras se dirigía a la casa de sus tíos para recoger el equipaje, comenzó a sentir temor cuando iba en una moto. "Yo dije: 'Me muero aquí o me subo a ese avión. Se va a estrellar el avión o llego a México y me van a secuestrar, me van a matar; me van a desaparecer'. Esos eran mis pensamientos en ese momento. No puedo explicar la razón", recordó. Finalmente, llegó donde sus familiares, recibió la maleta y salió hacia el aeropuerto.

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La joven no revisó la maleta antes de viajar a México

La empresa familiar se dedicaba al transporte de diferentes productos entre ambos países. En los viajes podían llevar ropa, dulces, fajas y otros artículos solicitados por clientes, por lo que Manuela estaba acostumbrada a transportar las encomiendas. Según explicó, sus familiares le entregaban la documentación correspondiente y le indicaban qué productos llevaba. Ese día, sin embargo, la joven no abrió la maleta para comprobar personalmente su contenido. "Llego donde mi tío y me dice: 'Aquí está tu maleta, vete ya porque ya los tienen que llevar. (...) Cogí mi maleta y me fui al aeropuerto. No la revisé". Llevaba además un morral con algunas pertenencias personales.

El vuelo hacia México tuvo complicaciones por el clima. El avión no pudo aterrizar inicialmente en el aeropuerto previsto y terminó llegando a otro terminal. Después de aproximadamente dos horas de retraso, finalmente continuaron el trayecto. Cuando Manuela llegó al aeropuerto mexicano, tomó su equipaje y se dirigió hacia la zona de revisión, donde comenzó la situación que cambiaría su vida. Fue un perro del aeropuerto que llamó la atención sobre el equipaje de la joven. Ella recordó que, antes de que revisaran su maleta, varios perros comenzaron a acercarse a ella; pero no le dio mayor importancia. Pensó que el olor podía estar relacionado con los animales en casa de sus tíos.

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"Yo veo que los perros me comienzan a perseguir, pero no, yo dije: 'Debe ser por el olor a perros, porque en la casa de mis tíos hay perros". Al pasar por la zona de revisión, los funcionarios le pidieron que abriera la maleta, situación que no se le hizo extraña debido a la cantidad de productos que transportaba. Mientras revisaban el contenido aparecieron varias bolsas transparentes con polvo. La joven explicó que no había visto esos paquetes antes. "Cuando sacan la bolsa de los saborizantes, es el momento donde yo veo esas bolsas transparentes con polvos blancos y digo: '¿Qué es eso?'".

Y como en las etiquetas figuraban diferentes sabores, Manuela entendió que se trataba de productos utilizados para preparar bebidas. Fue cuando los funcionarios comenzaron a analizar las bolsas y encontraron que tres de ellas dieron positivo para azúcares. La cuarta, correspondiente al sabor sandía, arrojó un resultado diferente, pues en el contenido encontraron ketamina mezclada con cafeína. La cantidad detectada era de 104 gramos.

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Manuela todavía no comprendía la dimensión de lo que estaba ocurriendo. Preguntó qué era la sustancia y buscó información en internet. Uno de los funcionarios le explicó que la ketamina podía utilizarse como anestésico y también tenía usos veterinarios. Poco después le dijeron que debía permanecer allí. "Yo no sabía que era un analgésico veterinario. Me dijeron: 'Te tienes que quedar acá; no te puedes mover de acá'. Cuando ellos me dicen eso, yo me di cuenta que la situación era extraña". Sin embargo, no había sido un error del equipo, pues autoridades determinaron que la sustancia estaba dentro de su equipaje y Manuela fue detenida.

La joven se comunicó con sus familiares para intentar entender qué había sucedido. Sus tíos, al conocer el hallazgo, contactaron al cliente que había entregado los paquetes y la respuesta que recibieron aumentó las sospechas. El hombre dejó de responder. Según el relato de Manuela, bloqueó a sus familiares y desapareció de sus redes sociales. "El error de ellos fue poner en alerta a esa persona, porque cuando mis tíos le escriben al cliente y le dicen, él se desaparece; los bloquea, no contesta el celular, los elimina de todas las redes sociales. Cabe aclarar que es un cliente que ellos conocían de años y era un amigo de mi tía. Eso fue lo más difícil para ellos (...) Ellos confiaron ciegamente en él por eso, por esa amistad que tenían de años".

La investigación que terminó apuntando al verdadero responsable

Manuela fue trasladada a la Fiscalía y permaneció allí durante 72 horas. Posteriormente tuvo su primera audiencia y fue vinculada a un proceso por el ingreso de la sustancia. La joven asegura que desde el comienzo sostuvo que no sabía qué había dentro de la maleta. Sus abogados plantearon que se debía demostrar que ella había transportado el equipaje, pero que desconocía la existencia de la droga. Y mientras el proceso avanzaba lentamente, su familia comenzó a buscar alternativas para reunir pruebas. Contrataron a un investigador llamado Rafael, quien comenzó a rastrear al hombre que había entregado los paquetes. La investigación terminó dando resultados meses después.

El responsable fue ubicado y posteriormente detenido en Colombia. De acuerdo con el testimonio de Manuela, el hombre confesó haber utilizado la empresa familiar para transportar ketamina hacia México y aseguró que ella no sabía lo que llevaba. También habría reconocido que no era la primera vez que utilizaba ese mecanismo y que otras empresas de paquetería habían sido utilizadas para transportar la sustancia. "Él confiesa y dice que sí, que efectivamente que él usó esa paquetería y que no había sido la primera vez", contó Manuela. Por tanto, la confesión también habría establecido que sus tíos desconocían el uso que se estaba haciendo de su empresa.

La información fue enviada a las autoridades mexicanas como parte del proceso, aunque la situación de Manuela no cambió inmediatamente. La joven fue trasladada al reclusorio de Nezahualcóyotl, donde permaneció durante el proceso. Allí tuvo que adaptarse a una realidad completamente diferente a la que conocía, pues compartió espacios reducidos con otras mujeres y durante un periodo estuvo en una celda junto a una colombiana que llevaba varios años privada de la libertad. "Ella fue la persona que a mí me salvó, me protegió de absolutamente todo y me cuidó todos estos meses. Ella me protegió como una mamá", contó.

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Manuela contó que, con el paso de los meses, llegó a pensar en quitarse la vida. Según explicó, no recibió el acompañamiento psicológico que esperaba y el manejo que le ofrecieron consistía principalmente en la posibilidad de trasladarla al área de psiquiatría. En uno de los momentos más difíciles habló con la colombiana con la que compartía celda, y la mujer le recordó el dolor que una decisión de ese tipo podría causar en su madre. También fue su familia la que terminó ayudándola a replantear lo que estaba viviendo.

Ocho meses después de su detención apareció una prueba que podía cambiar el rumbo del proceso: la confesión del hombre que había introducido la sustancia en la cadena de paquetería. Aun así, tuvieron que pasar meses antes de que esa información tuviera consecuencias dentro del proceso de Manuela. Finalmente, sus abogados solicitaron una audiencia extraordinaria debido a la existencia de una "prueba sobreviniente". La audiencia ocurrió cuando ya llevaba aproximadamente un año y seis meses privada de la libertad.

Fue declarada inocente

La funcionaria cuestionó el trabajo realizado por la Fiscalía y señaló que no se habían explorado otras líneas de investigación. Para Manuela, ese momento fue diferente a las audiencias anteriores. La jueza finalmente determinó que existían elementos suficientes para establecer que la joven había transportado la maleta, pero no tenía conocimiento de lo que contenía. "Ella comienza a decir que la fiscalía no hizo el trabajo investigativo. Me quedé detenidamente escuchándola". La decisión fue una sentencia absolutoria y ordenaba su libertad. Por primera vez desde que había sido detenida, escuchó que era declarada inocente.

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Aunque la jueza había ordenado su libertad, Manuela no pudo abandonar inmediatamente el penal. La Fiscalía apeló la decisión y comenzó un nuevo periodo de espera, así que la joven pasó esa noche en el reclusorio pese a que sus compañeras ya sabían que había sido absuelta. Ella incluso había regalado sus pertenencias porque pensaba que finalmente saldría. "Yo comencé a regalar mi ropa, mis zapatos, mi colchón, porque en ese momento yo ya tenía colchón. Absolutamente todo. Regalé todo", recordó. Pero la salida no ocurrió esa noche. Manuela tuvo que esperar nuevamente mientras se resolvían los trámites correspondientes. Finalmente, después de ese periodo adicional, pudo regresar a Colombia.

"Yo creo que ha sido la mayor felicidad que yo he tenido, porque mi pensamiento era: 'Por lo menos yo voy a estar encerrada unos 15 años. Yo dije, portándome bien, con mi mejor comportamiento. Yo dije 15 años'. Entonces, en el momento en el que yo salgo, yo salgo sin preparar nada, con ganas de comerme el mundo; con ganas de hacer tantas cosas, de comer tantas cosas, de ver a tantas personas, de abrazar a mi familia. Cuando yo llego, obviamente, me llenan el corazón. Yo me voy para el pueblo donde mi abuela, yo solamente quiero estar aquí con ellos". Hoy, después de casi dos años privada de la libertad por una sustancia que asegura no haber sabido que llevaba, Manuela intenta retomar la vida que quedó suspendida aquel 25 de octubre de 2024.

Con información de En Aguas Profundas
VALENTINA GÓMEZ GÓMEZ
NOTICIAS CARACOL

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