En el corazón de Texas, lo que comenzó como una celebración familiar de Navidad se transformó rápidamente en una pesadilla para una familia en Groesbeck. Sin embargo, lo que hoy ocupa los titulares no es solo la tragedia, sino una historia "milagrosa" después de diagnósticos médicos más sombríos.
Ryen Harris-Contreras, un joven de apenas 14 años, se ha convertido en el protagonista de lo que su propia familia describe no solo como una recuperación, sino como un auténtico "milagro de vida", luego de haber recibido un disparo en la cabeza en pleno 25 de diciembre y sobrevivido.
¿Qué fue lo que pasó?
La tragedia ocurrió el pasado 25 de diciembre, alrededor de las 8:20 p. m., en una vivienda ubicada a las afueras de Groesbeck. Mientras la familia celebraba, un estruendo rompió la calma en el hogar de los Harris-Contreras. Ryen fue herido en la cabeza por un disparo de un rifle de pequeño calibre.
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Según las investigaciones preliminares de la oficina del sheriff local, el incidente fue un accidente devastador. Otro joven que se encontraba en la casa manipulaba el arma, pensando que estaba descargada. En un instante de descuido, el rifle se disparó, impactando directamente al adolescente de 14 años. El sheriff ha enfatizado que las pruebas apuntan a una "descarga accidental del arma en lugar de algo intencional", un error humano con consecuencias mortales.
El diagnóstico fatal
Tras el impacto, Ryen fue trasladado de urgencia al Hospital Infantil McLane en Temple, Texas, donde fue ingresado de inmediato en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Su estado era crítico. Los cirujanos tuvieron que intervenir de emergencia, realizando una cirugía mayor en la que se le retiró una porción del cráneo para aliviar la presión causada por el trauma cerebral.
Durante los primeros días, el panorama era desolador. Dispositivos médicos rodeaban al joven, incluyendo un tubo de respiración asistida y un monitor de presión intracraneal (ICP) diseñado para vigilar la inflamación en su cerebro. En ese contexto de incertidumbre técnica, los médicos fueron sinceros con la familia sobre las pocas posibilidades de supervivencia.
Sin embargo, para la madre de Ryen, el diagnóstico médico no fue la última palabra. Recordando los momentos más oscuros en el hospital, ella compartió una reflexión poderosa: “Cuando los médicos dijeron que no había esperanza, Dios susurró: ‘Mira lo que puedo hacer’”, dijo al medio local KWTX.
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La sorpresa llegó apenas unos días después de la cirugía. Contra todo pronóstico médico, Ryen comenzó a mostrar signos de actividad neurológica que dejaron atónito al personal de salud. El joven logró apretar los dedos de una enfermera y abrió los ojos mientras aún se encontraba en la UCI. Estos pequeños pero monumentales gestos fueron la señal de que Ryen seguía ahí, luchando por volver.
Para el 3 de enero de 2026, las noticias eran aún más alentadoras. El equipo médico confirmó que Ryen ya no necesita el tubo de respiración y que el monitor de presión intracraneal ha sido retirado, lo que indica que su cerebro está comenzando a estabilizarse por sí mismo.
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La madre del joven, conmovida por la evolución de su hijo, ha sido clara al diferenciar este proceso de una simple mejoría médica. “Esto no es solo una supervivencia, esto es un milagro”, afirmó su progenitora.
Aunque Ryen permanece en la UCI y el camino hacia una recuperación total es largo —especialmente considerando que una parte de su cráneo tuvo que ser removida—, cada avance es visto como una victoria contra la muerte.
MARÍA PAULA GONZÁLEZ
PERIODISTA DIGITAL