Durante años, millones de mujeres en el mundo han convivido con un diagnóstico conocido como síndrome de ovario poliquístico (SOP). Sin embargo, especialistas internacionales aseguran que ese nombre ya no representa con precisión la complejidad real de la enfermedad. Por esa razón, un amplio consenso global determinó que el trastorno cambiará oficialmente de denominación y pasará a llamarse síndrome ovárico metabólico poliendocrino.
La decisión fue presentada y difundida a través de la revista The Lancet, la cual alberga una gran cantidad de artículos médicos y científicos. La decisión marca un cambio histórico en la medicina reproductiva y endocrinológica, ya que busca corregir lo que expertos y pacientes consideran una definición incompleta, confusa e incluso estigmatizante.
El trastorno, conocido por sus siglas SOP, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, afecta a una de cada ocho mujeres y tiene impacto en múltiples sistemas del cuerpo, no solamente en los ovarios. Además hasta el 70% de las mujeres que la padecen no están diagnosticadas.
Según el documento científico liderado por la profesora asustraliana Helena J. Teede y desarrollado junto a decenas de especialistas y organizaciones internacionales, el antiguo nombre generaba interpretaciones erróneas porque hacía referencia a “quistes ováricos”, aunque en realidad la enfermedad no se caracteriza por la presencia de quistes patológicos.
Los investigadores explicaron que el término síndrome de ovario poliquístico “es impreciso y engañoso”, debido a que oculta las alteraciones endocrinas y metabólicas que forman parte central de la condición.
¿Por qué cambiará el nombre del síndrome de ovario poliquístico?
El nuevo nombre, síndrome ovárico metabólico poliendocrino, fue elegido tras un proceso de consenso internacional en el que participaron más de 14.000 personas entre pacientes y profesionales de la salud de distintas regiones del mundo. La iniciativa incluyó encuestas globales, talleres especializados y análisis médicos y culturales para encontrar una denominación más precisa y menos estigmatizante.
Uno de los principales argumentos expuestos por los expertos es que el término “ovario poliquístico” limita la comprensión de una enfermedad mucho más amplia y compleja. Aunque muchas pacientes presentan alteraciones ováricas, el trastorno también involucra problemas hormonales, metabólicos, reproductivos, psicológicos y dermatológicos.
Publicidad
Este síndrome puede estar relacionado con obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, hipertensión, colesterol elevado, enfermedad cardiovascular, infertilidad, irregularidades menstruales, ansiedad, depresión, acné, alopecia e hirsutismo, entre otras manifestaciones.
Además, los especialistas sostienen que el nombre actual ha contribuido al retraso en el diagnóstico y a la desinformación tanto en pacientes como en profesionales de la salud.
Publicidad
“El término ovario poliquístico implica la presencia de quistes ováricos patológicos, que no son característicos de esta afección”, explicaron los investigadores.
El nuevo nombre busca reflejar mejor la enfermedad
Otro de los puntos que impulsó el cambio fue el impacto emocional y social que el nombre generaba en algunas pacientes. Los expertos señalaron que el enfoque exclusivamente reproductivo podía reforzar el estigma, especialmente en culturas donde la fertilidad tiene una fuerte carga social.
Por ello, el nuevo nombre intenta reflejar mejor la naturaleza generalizada del trastorno. La palabra “poliendocrino” hace referencia a las múltiples alteraciones hormonales involucradas; “metabólico” reconoce el impacto sobre procesos como la insulina, el peso y el riesgo cardiovascular; mientras que “ovárico” mantiene el vínculo con la función reproductiva y ovulatoria.
La investigación también explica que la enfermedad no solo afecta la ovulación o los ovarios, sino que puede tener consecuencias en el metabolismo, el sistema hormonal y la salud cardiovascular. Según los especialistas, estas características no estaban representadas adecuadamente en el nombre anterior.
La iniciativa fue liderada por el Centro de Excelencia en Investigación sobre la Salud de la Mujer en la Vida Reproductiva de la Universidad de Monash, junto con la Sociedad de Exceso de Andrógenos y SOP y organizaciones de pacientes como Verity.
Publicidad
En total participaron 56 organizaciones académicas, médicas y de pacientes. El proceso incluyó talleres internacionales, métodos Delphi, los cuales son basados en las opiniones de expertos, y encuestas en distintos idiomas para garantizar representación global.
Los investigadores también destacaron que el cambio no será inmediato. Se estableció un período de transición de tres años, por lo que se espera que entre 2028 y 2029, se implemente la nueva terminología en hospitales, investigaciones, universidades, guías médicas y sistemas internacionales de clasificación de enfermedades.
Publicidad
La estrategia contempla actualizaciones en registros clínicos, materiales educativos y sistemas de salud, además de campañas de información dirigidas a pacientes y profesionales sanitarios.
¿Qué esperan lograr los especialistas con este cambio?
Los autores del estudio consideran que esta modificación ayudará a mejorar el diagnóstico, reducir el estigma y aumentar la comprensión sobre una enfermedad que afecta a más de 170 millones de mujeres en el mundo.
“La armonización de la nomenclatura con la evolución científica y la mejora de la precisión aumentarán la concienciación, el diagnóstico, la calidad de la atención y la experiencia del paciente”, concluyó el grupo de especialistas.
Con esta modificación, la comunidad médica busca dejar atrás una denominación que durante décadas fue cuestionada y avanzar hacia una definición más cercana a la realidad clínica de una condición que va mucho más allá de los ovarios.
HEIDY ALEJANDRA CARREÑO BELTRAN
NOTICIAS CARACOL
Hcarrenb@caracoltv.com.co