Hablar de Resident Evil siempre ha sido hablar de poder, corrupción y de cómo las grandes corporaciones ponen la ganancia por encima de cualquier ética. Desde los experimentos humanos del primer juego hasta las conspiraciones globales más recientes, la saga jamás ha sido tímida con su mensaje. Resident Evil Requiem toma ese discurso y lo traslada a un terreno más íntimo, menos obsesionado con explicar cada laboratorio secreto y más enfocado en las consecuencias humanas del horror.
Este no es simplemente otro capítulo numerado. Requiem se siente como un punto de reflexión dentro de la franquicia, una mirada hacia atrás que no busca nostalgia fácil, sino cerrar heridas abiertas. Es un juego con ambición, con identidad… y con momentos donde el terror realmente se impone.
Y sí, hay que decirlo desde ya: en más de una ocasión el miedo nos ganó, al punto de prender la luz del susto. No por jumpscares baratos, sino por una atmósfera tan bien construida que logra incomodar incluso al jugador más curtido.
Una historia más personal, menos grandilocuente
La narrativa de Requiem se apoya en dos protagonistas que representan extremos opuestos del universo Resident Evil. Leon S. Kennedy ya no es el héroe joven y sarcástico; es un sobreviviente marcado, cansado, prácticamente sostenido por experiencia y trauma. Grace Ashcroft, en contraste, es una analista del FBI sin formación de combate, obligada a adaptarse a un mundo que la supera desde el primer minuto.
La historia comienza con la investigación de muertes sospechosas de sobrevivientes de Raccoon City y se transforma rápidamente en un viaje que mezcla conspiración, memoria y culpa. Requiem decide no irse siempre por lo grandilocuente, sino por lo emocional. Aquí importa tanto lo que pasó como lo que dejó.
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No es la trama más compleja de la saga, pero sí una de las más humanas. Funciona mejor cuando deja respirar a sus personajes y cuando permite que el silencio, el entorno y el miedo hablen por sí solos.
Dos protagonistas, dos formas de jugar
El mayor riesgo —y también el mayor acierto— de Resident Evil Requiem está en su estructura dual. Leon y Grace no solo tienen roles narrativos distintos: se juegan de forma radicalmente diferente.
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Grace es survival horror en estado puro. Sus secciones son cerradas, tensas y asfixiantes. Munición limitada, enemigos que conviene evitar y una sensación constante de vulnerabilidad. Ella no controla el entorno; apenas logra sobrevivir en él. Jugar con Grace obliga a bajar el ritmo, observar, escuchar y pensar dos veces cada movimiento.
Leon, por su parte, representa la respuesta directa al horror. Está armado, entrenado y listo para pelear. Sus segmentos se sienten como una evolución natural del enfoque de Resident Evil 4, con combates más intensos y enemigos diseñados para resistir más castigo. Aquí no se huye: se enfrenta.
La alternancia entre ambos personajes mantiene el juego fresco durante toda la campaña, aunque también evidencia dos filosofías que a veces chocan más de lo que se complementan.
Primera y tercera persona: una decisión de diseño brillante
El uso combinado de primera y tercera persona es uno de los grandes logros del juego. Por defecto, Grace se juega en primera persona y Leon en tercera, aunque esto puede modificarse desde el menú.
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Lo importante es que no se siente como un simple cambio de cámara. Cada perspectiva está pensada desde el diseño base para provocar sensaciones distintas. En primera persona, el juego es más íntimo, incómodo y opresivo. En tercera, se gana lectura del entorno y fluidez en combate.
Este sistema funciona tan bien que regresar a una zona ya conocida con otro personaje se siente como una experiencia completamente nueva. Es una decisión arriesgada que Requiem ejecuta con una seguridad admirable.
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Jugabilidad con variedad, creatividad y sorpresa
En términos mecánicos, Requiem no reinventa la fórmula, pero sí la pule y la expande con detalles que marcan diferencia.
Uno de los elementos más interesantes es la posibilidad de hacer que varios zombies se enfrenten entre ellos. Más allá de lo estratégico, esto le da al juego una variedad inesperada y rompe la monotonía del combate tradicional. No todo se resuelve disparando; a veces, observar cómo el caos se devora a sí mismo es la mejor opción.
Pero donde Requiem realmente brilla es en los pequeños detalles ambientales. Ver zombies intentando continuar con sus rutinas cotidianas —limpiar un baño, cocinar de forma torpe, deambular como si aún trabajaran allí, e incluso cantar— resulta perturbador e hipnótico. No son simples enemigos: son fragmentos deformados de lo que alguna vez fueron personas.
Estos momentos no solo enriquecen el mundo, sino que refuerzan el tono del juego. El horror no viene solo del ataque, sino de reconocer restos de humanidad en medio de la podredumbre.
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Terror que no siempre sorprende, pero sí se siente
Requiem no abusa del susto fácil. El miedo aquí es más ambiental y acumulativo. Muchas situaciones se anticipan visualmente, y eso puede restarle impacto a ciertos encuentros.
Aun así, cuando el juego decide apretar, lo hace de verdad. Especialmente en las secciones de Grace, donde la iluminación, el sonido y el diseño de enemigos crean momentos de tensión genuina. Hubo instantes donde avanzar un pasillo costaba más por lo que imaginábamos que por lo que realmente veíamos en pantalla.
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No es el Resident Evil más aterrador de la historia, pero sí uno que sabe cómo incomodar y mantenerte en alerta constante.
Gráficos y rendimiento: el RE Engine en estado puro
Visualmente, Resident Evil Requiem es impresionante. El RE Engine vuelve a demostrar su poder con una iluminación soberbia, texturas detalladas y animaciones de muerte extremadamente explícitas. La sangre, el gore y la violencia están llevados al extremo, sin ningún tipo de pudor.
Hay problemas puntuales con reflejos y ruido visual en ciertas superficies, pero son el único lunar en un apartado técnico que roza la excelencia. En rendimiento, el juego se mantiene sólido y estable en todas las plataformas probadas.
Un Resident Evil duro, honesto y disfrutable
Después de varias horas y múltiples recorridos, la sensación es clara: este es un Resident Evil duro, sin concesiones fáciles, que se atreve a mezclar acción y horror sin pedir disculpas. No todo encaja a la perfección, y hay fricciones claras entre sus dos enfoques, pero como experiencia global es sólida y memorable.
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Desde la marca, hay algo que queremos dejar muy claro: fuimos felices reseñando este título. Es una de esas reseñas hechas con cariño, con atención al detalle y con genuino disfrute. Nos encantó la jugabilidad de ambos personajes, sentimos que la fórmula funciona y creemos que debe repetirse en el futuro de la saga.
Esperamos, sinceramente, que ustedes lo disfruten tanto como nosotros.
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Conclusión: ¿vale la pena Resident Evil Requiem?
Resident Evil Requiem es ideal para jugadores que conocen la saga y disfrutan tanto del survival horror clásico como de la acción moderna. No es perfecto, pero sí ambicioso, valiente y con identidad propia. Un juego que entiende su legado y se anima a jugar con él.
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