A casi diez años de la intervención que desmanteló las calles del Bronx en Bogotá, un escalofriante testimonio ha vuelto a poner luz sobre el horror que se escondía tras sus muros. En una entrevista exclusiva concedida al programa Conducta Delictiva, un hombre identificado como Óscar reveló cómo su exitosa carrera como chef internacional terminó en un sótano lúgubre de la L, donde fue forzado a preparar “platos rituales” con restos humanos para los líderes de las organizaciones criminales del sector.
Óscar no siempre habitó las sombras. Formado en el New York Food and Hotel Management School en Manhattan, trabajó en prestigiosas cadenas hoteleras y cocinó para grandes figuras en Queens y Europa como reinas de belleza. Sin embargo, una adicción que comenzó a los 13 años lo llevó por un camino lleno muy diferente al éxito que había alcanzado.
Tras regresar a Colombia y perder todos sus ahorros, terminó trabajando en el barrio Santa Fe, cuidando a un hombre sin brazos apodado "El Mocho", hasta que el miedo a la violencia lo empujó a buscar refugio en el Bronx.
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Lo que comenzó como una labor de cocina para eventos sociales de pandilleros, matrimonios y quinceañeras celebrados en palacios ocultos, se transformó rápidamente en una pesadilla. Óscar relata que fue llevado ante un líder criminal que lo obligó a descender por una puerta de acero de gran grosor hacia un sótano.
El momento de quiebre ocurrió cuando le entregaron una bolsa que contenía piel humana. Ante su negativa inicial, la respuesta fue la violencia física y una sentencia de muerte. Óscar recuerda las palabras del líder: "O usted lo cocina o nos lo comemos a usted y no vuelve a salir vivo".
Bajo la presión de los "Sayayines" (guardias del Bronx) y tras recibir múltiples heridas con arma cortopunzante, Óscar no solo fue obligado a cocinarla, sino también a consumirla frente a sus captores. Relata con horror un detalle perturbador: mientras le exigían probar el plato, un guardia al oído y le advertía: "Si usted vomíta lo mato", mencinó tras morderle la oreja.
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Ante la amenaza, Óscar confiesó: "Me tocó comer, yo fui el primero. No tuve el valor de dejarme matar no fui capaz".
Un restaurante con platos de carne humana
Según el relato del exchef, el consumo de carne humana no era un acto aislado, sino una práctica sistemática vinculada a rituales de "blindaje satánico" para pasar desapercibido. Óscar afirma que dentro del Bronx funcionaba un restaurante que recibía a extranjeros, principalmente japoneses y tailandeses, que pagaban sumas exorbitantes por estos platos.
"Yo supe que la libra de los 250 gramos en adelante era un millón de pesos... estamos hablando de más o menos 600 dólares un plato de humano en una pocilga", detalla en la entrevista. Estos banquetes macabros se realizaban religiosamente los martes y jueves, días en los que Óscar se convertía, según sus captores, en el 'cocinero del diablo'.
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Óscar permaneció encerrado en ese sótano durante tres años, en condiciones infrahumanas. Dormía, hacia sus necesidades y cocinaba en un sitio húmedo donde el agua para beber debía ser recogida de una tubería rota que pasaba junto a charcos de orina. Durante ese tiempo, su única dieta, aseguró, fue la misma carne que preparaba.
El impacto psicológico y espiritual de lo vivido aún lo persigue. Óscar asegura que las víctimas se le presentaban en visiones y conversaciones auditivas: "Empezaba escuchándolos y escuchándolos por tiempo... hasta que ya se vuelven parte suya". Este sentimiento de culpa lo acompañó incluso después de su liberación: "Me quería ir con los que me había comido el sentimiento de culpabilidad era terrible yo me sentía supremamente culpable".
Tras lograr escapar milagrosamente a través de una "puerta falsa" que abrió con su propia cabeza durante un altercado, Óscar fue rescatado por la policía en el Parque de los Mártires. Hoy, tras 10 años de sobriedad y liderar una fundación para habitantes de calle en Bucaramanga, su mensaje para la juventud es contundente: "Si usted no quiere que nadie lo ayude porque se siente solo no use drogas".
Su historia se mantiene como un reflejo de lo que vivieron muchas personas en las calles del antiguo Bronx y que viveron para contarlo.
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HEIDY ALEJANDRA CARREÑO BELTRAN
NOTICIAS CARACOL
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