La capital del Chocó, Quibdó, se encuentra sumida en una de las crisis sanitarias más agudas de su historia reciente. Tras el devastador terremoto que sacudió la región, el Hospital San Francisco de Asís ha colapsado bajo el peso de la emergencia, operando al 100% de su capacidad y enfrentando una carencia crítica de suministros básicos para salvar vidas. Mientras los heridos continúan llegando desde zonas rurales, el personal médico lucha no solo contra el reloj, sino contra una infraestructura que amenaza con ceder ante los daños estructurales.
Hospital San Francisco de Asís en crisis: ocupación total y equipos dañados
La situación dentro del principal centro asistencial de Quibdó es descrita por los testigos como "compleja" y "desesperante". La preocupación ha escalado a niveles insostenibles, con informes que sugieren que la demanda de atención supera en un 300% la capacidad de respuesta instalada. Los pasillos del hospital se han convertido en salas de espera improvisadas donde el tiempo parece detenerse para las familias que aguardan noticias.
Uno de los golpes más duros para la operatividad del hospital ha sido el daño en la cadena de frío. Las fluctuaciones de energía provocadas por el sismo destruyeron las neveras donde se almacenan los hemoderivados. "Tuvimos un daño importante en las neveras donde guardamos la sangre que se le pone a los pacientes más críticos", advierten desde el centro médico, subrayando que la falta de transfusiones pone en riesgo inminente a quienes han perdido sangre durante la catástrofe.
Relatos del dolor: el drama de los pacientes y sus familias.
Detrás de las cifras de ocupación, hay rostros de vulnerabilidad. Luz Mosquera, familiar de uno de los heridos, refleja el temor de muchos chocoanos que no cuentan con seguridad social en medio del caos. "En el momento estamos preocupadas para que lo puedan atender... como él no tiene EPS eso es lo único que me preocupa", relata con angustia mientras espera que su ser querido reciba atención médica.
El impacto del terremoto también ha golpeado con fuerza a la población de la tercera edad y a los campesinos de la región. Don José, un agricultor ciego que vivía del cultivo de plátano y primitivo, es uno de los sobrevivientes que hoy espera un milagro en urgencias. Al no poder ver, el sismo lo tomó por sorpresa dentro de su hogar. "Me cayó encima y me tumbó", relata el anciano, quien pudo ser rescatado gracias a la intervención de sus vecinos después de que pasara el temblor. Ahora, además de sus lesiones físicas, enfrenta la pérdida total de su sustento económico.
Traslados humanitarios: familias separadas por el miedo y el mal estado de las vías
La gravedad de algunos pacientes ha obligado a realizar remisiones hacia centros de mayor complejidad en ciudades como Medellín. Sin embargo, este proceso ha generado nuevas fracturas familiares. Es el caso de la señora Sofía, quien vive el drama de tener a su familiar trasladado al Hospital Pablo Tobón Uribe de Rionegro mientras ella permanece varada en Quibdó.
A pesar de los vuelos humanitarios, la falta de soluciones logísticas para los acompañantes es evidente. "Yo no puedo andar por carretera porque la vía está muy mala", explica Sofía, quien padece problemas de salud propios que le impiden realizar el trayecto terrestre hacia Antioquia. Su testimonio pone de relieve la histórica precariedad de las rutas de acceso al Chocó, que ahora, en plena emergencia, aíslan aún más a los damnificados.
Insumos agotados: un llamado urgente a la solidaridad nacional
El equipo médico interdisciplinario del hospital continúa haciendo "milagros de vida" a pesar de las grietas que recorren las paredes de la edificación. Sin embargo, la lista de necesidades es extensa y urgente. Se requieren líquidos endovenosos, suturas, yesos, vendas elásticas, gasas y compresas para atender a los más de 60 pacientes que se agolpan en el área de urgencias, cifra que aumenta con el paso de las horas.
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Además de la atención física, los especialistas hacen un llamado para fortalecer el apoyo en ortopedia, psiquiatría, psicología y trabajo social, dado que el impacto emocional del siniestro ha dejado secuelas profundas en la población, especialmente en los niños.
El terremoto no solo ha paralizado el sistema de salud. En el departamento del Chocó se reportan oficialmente 14 personas fallecidas y una parálisis casi total de los servicios públicos: no hay energía, internet ni agua en amplios sectores. La educación también está en jaque, con la Universidad del Chocó reportando grietas en más del 60% de su infraestructura, afectando a unos 20,000 estudiantes.
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A este panorama se suma el desafío de la seguridad. Misiones médicas han tenido que desplazarse a zonas como San José del Palmar bajo acompañamiento militar debido a la presencia de grupos armados como el ELN y el Clan del Golfo, lo que añade una capa de peligro adicional a las labores de socorro en este territorio históricamente golpeado por el conflicto. En las calles de Quibdó, el desabastecimiento de alimentos empieza a notarse, cerrando un círculo de crisis que exige una intervención inmediata y sostenida del Gobierno Nacional.
ÁNGELA URREA PARRA
NOTICIAS CARACOL