En la mayoría de los países latinoamericanos, la Semana Santa ocupa un lugar central dentro del calendario cultural y religioso. Procesiones, feriados y manifestaciones comunitarias marcan estos días. Sin embargo, existe un país en la región donde estas fechas no se reconocen oficialmente bajo la denominación religiosa.
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¿Cuál es el país de Latinoamérica que no celebra la Semana Santa?
Ese país es Uruguay. Allí, la semana que en otros lugares se relaciona con rituales cristianos lleva otro nombre y otra función: Semana de Turismo. Este cambio no es reciente. Tiene raíces profundas en la historia política y social del país. Para comprender por qué Uruguay es la excepción en la región, es necesario revisar su proceso de construcción institucional y su relación con las prácticas religiosas.
Las fuentes históricas indican que la adopción del término “Semana de Turismo” está vinculada a un modelo de Estado que optó por separar de forma estricta lo religioso y lo estatal, un camino que comenzó a trazarse en el siglo XIX y alcanzó su consolidación durante las primeras décadas del siglo XX.
¿Por qué Uruguay no celebra Semana Santa?
Según datos históricos de Uruguay, el inicio de este proceso se remonta a reformas aplicadas desde la década de 1860, cuando el Estado uruguayo empezó a desligarse de la Iglesia católica mediante medidas como la secularización de los cementerios y la creación de registros civiles independientes. Aunque el catolicismo era predominante entre la población, diversos testimonios históricos señalan que la Iglesia no tenía una estructura sólida en ese momento, lo que facilitó la implementación de estas transformaciones. Estas reformas prepararon el terreno para lo que sucedería décadas después.
El impulso decisivo llegó a comienzos del siglo XX durante los dos mandatos presidenciales de José Batlle y Ordóñez. Este gobernante promovió una modernización del Estado basada en ideales laicos y racionalistas. De acuerdo con los registros históricos, su administración fue responsable de una serie de reformas que dieron forma al Uruguay contemporáneo, entre ellas el divorcio por sola voluntad de la mujer, la prohibición de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y la remoción de símbolos católicos de espacios estatales. Estas medidas reforzaron la idea de un Estado completamente separado de cualquier credo.
El paso siguiente ocurrió en 1919, cuando se promulgó la Ley N.º 6997, que reorganizó los feriados nacionales y sustituyó las festividades religiosas por denominaciones seculares. Entre los cambios introducidos por esta ley, la Semana Santa dejó de existir como feriado religioso y pasó a llamarse oficialmente “Semana de Turismo”. La misma norma transformó otras fechas: la Navidad se convirtió en el Día de la Familia y el Día de Reyes pasó a llamarse Día de los Niños. Las modificaciones respondían al propósito de reforzar la identidad laica del país y eliminar referencias religiosas del calendario estatal.
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El nuevo nombre no solo modificó el carácter de la semana, sino también la manera en que se vive. A diferencia de lo que ocurre en gran parte de América Latina, la Semana de Turismo carece de enfoques religiosos y se orienta hacia actividades recreativas, desplazamientos internos y eventos locales. En ciudades como Montevideo, Paysandú o Colonia del Sacramento, estas fechas suelen estar asociadas a festivales, ferias y competencias tradicionales. La Semana Criolla, celebrada en la capital, reúne actividades vinculadas a la tradición ecuestre.
La llamada Semana de la Cerveza, en Paysandú, congrega espectáculos musicales y una importante afluencia de visitantes. Al mismo tiempo, la Vuelta Ciclista del Uruguay recorre el país desde 1939, lo que ha permitido que esta semana tenga una diversidad de expresiones culturales sin relación con celebraciones religiosas.
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Pese a que estas denominaciones conviven en el uso cotidiano, la oficial sigue siendo Semana de Turismo. Para la población uruguaya, esta semana representa un período de descanso y movilidad, sin un sentido espiritual definido por el Estado. Según distintos reportes, el aumento del turismo interno durante estos días tiene un impacto considerable en la actividad económica local, lo que convierte al feriado en una ocasión para dinamizar sectores como el transporte, la gastronomía y la hotelería.
La particularidad uruguaya se aprecia aún más cuando se compara con el resto de la región. Países como México, Colombia, Guatemala, Perú o Argentina mantienen celebraciones religiosas intensas, con procesiones y manifestaciones culturales que atraen a visitantes nacionales e internacionales. Uruguay, en cambio, se distingue como el único país de Latinoamérica que no celebra oficialmente la Semana Santa. Su calendario civil no incorpora celebraciones religiosas y sustituye esos días por actividades sin contenidos espirituales.
ÁNGELA URREA PARRA
NOTICIAS CARACOL