El líder chino Xi Jinping recibió el jueves en Pekín al presidente estadounidense Donald Trump con un apretón de manos, en el marco de una cumbre entre las superpotencias para abordar temas espinosos como Irán, el comercio y Taiwán. Xi Jinping recibió a Trump en el opulento Gran Salón del Pueblo poco después de las 10:00 de la mañana (02:00 GMT), una grandiosa recepción que contrasta con las profundas tensiones entre las mayores economías del mundo.
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Acompañado por Trump, Xi estrechó la mano de varios funcionarios estadounidenses, entre ellos el jefe del Pentágono, Peter Hegseth, y el secretario de Estado, Marco Rubio, conocido a lo largo de su carrera por ser un acérrimo opositor de Pekín. Trump y Xi permanecieron en el centro mientras una banda militar china interpretaba el himno nacional estadounidense, The Star-Spangled Banner, y luego el himno nacional chino, al tiempo que se disparaban cañones.
Niños de escuela, ataviados con coloridos uniformes y ondeando banderas estadounidenses y chinas, coreaban "¡Bienvenidos, bienvenidos!" mientras Trump y Xi pasaban junto a ellos en la plaza. Los dos líderes también disfrutarán de un banquete de Estado en el salón por la noche, y Trump visitará el histórico Templo del Cielo, un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad donde los emperadores de China antaño rezaban por una buena cosecha.
El presidente estadounidense llegó a la cumbre de dos días a bordo del Air Force One el miércoles por la noche, acompañado por destacados directores ejecutivos, entre ellos Jensen Huang de Nvidia y Elon Musk de Tesla, símbolos de los acuerdos comerciales que Trump espera alcanzar. Este viaje a Pekín es el primero de un presidente estadounidense en casi una década, después de que Trump visitara la ciudad en 2017, acompañado, a diferencia de esta vez, por su esposa Melania.
'Un fuerte abrazo'
En la lista de prioridades de Trump figurarán los acuerdos comerciales en agricultura, aviación y otros sectores, con una nutrida representación de importantes empresarios en la delegación del líder estadounidense. A bordo del Air Force One, de camino a Pekín, Trump prometió en las redes sociales presionar a Xi para que "abra" China a las empresas estadounidenses "para que estas personas brillantes puedan hacer su magia".
Pero Trump se enfrenta a una China diferente y más envalentonada que la que visitó hace nueve años, con una serie de tensiones comerciales y geopolíticas sin resolver entre ambos países. La guerra con Irán, en particular, ha amenazado con debilitar la posición de Trump en las conversaciones con Xi, obligándolo ya a posponerlas desde marzo.
El presidente estadounidense dijo que esperaba una "larga conversación" con Xi sobre Irán, que vende la mayor parte de su petróleo, sancionado por Estados Unidos, a China, pero insistió en que "no creo que necesitemos ninguna ayuda de Pekín con Irán". El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, adoptó un tono algo diferente. "Esperamos convencerlos de que desempeñen un papel más activo para lograr que Irán abandone lo que está haciendo y tratando de hacer actualmente en el Golfo Pérsico", dijo el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a la cadena Fox News en una entrevista emitida el miércoles.
¿Tregua arancelaria?
La prolongada guerra comercial entre ambos países también será un tema prioritario en la agenda, después de que los aranceles generalizados impuestos por Trump el año pasado provocaran una respuesta recíproca que superó el 100 por ciento. Trump y Xi tienen previsto debatir la prórroga de la tregua arancelaria de un año, a la que ambos líderes llegaron durante su última reunión en Corea del Sur en octubre, aunque un acuerdo dista mucho de ser seguro.
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Respecto a Taiwán, otro tema que ha entorpecido las relaciones, Trump dijo el lunes que hablaría con Xi sobre la venta de armas estadounidenses a la democracia autónoma que China reclama como propia. Eso supondría un cambio con respecto a la histórica insistencia de Estados Unidos en no consultar a Pekín sobre su apoyo a la isla, y será una decisión que Taipéi y los aliados estadounidenses en la región observarán con atención.
Los controles chinos sobre las exportaciones de tierras raras, la rivalidad en el campo de la inteligencia artificial y la turbulenta relación comercial entre ambos países también figuran entre los temas que se espera que aborden los dos jefes de Estado. Ambas partes buscarán salir de la cumbre con los mayores logros posibles, al tiempo que intentan estabilizar la a menudo tensa relación entre Pekín y Washington, que tiene implicaciones globales. Trump también espera marcharse con una fecha concreta para una visita recíproca de Xi a Estados Unidos a finales de 2026, para demostrar su buena relación con su homólogo chino.
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EFE
ÁNGELA URREA PARRA
NOTICIAS CARACOL