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Pánico, el síntoma frecuente entre los jóvenes que han sufrido el coronavirus

Pánico, el síntoma frecuente entre los jóvenes que han sufrido el coronavirus

Aunque en su mayoría manifiestan ser inmunes al COVID-19, la realidad está mostrando otra cara de lo que pueden padecer por esta enfermedad.

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Ansiedad es la palabra más común que se escucha socialmente en medio de la pandemia.            

Es el caso de dos jovenes que presentaron episodios de pánico cuando estaban enfermos y, aunque no llegaron a cuidados intensivos, manifiestan que hasta sintieron culpa de ser “contagiadores”. 

 Andrés Felipe Arroyo, de 29 años y estudiante de Ingeniería de Sistemas, estaba disfrutando de sus vacaciones en la isla de Curazao. Pero en el vuelo de regreso sintió cambios en su cuerpo, un frío intenso que desencadenó otras afecciones.

“Presenté síntomas como escalofríos, pérdida del olfato, pérdida del gusto, conjuntivitis, diarrea y una sensación constante de ir al baño”, cuenta el joven.

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Andrés tuvo varios eventos de pánico al sentir que tenía una enfermedad desconocida.

“Tuve mucho temor y miedo porque tengo antecedentes de sobrepeso y tabaquismo, esto ligado a varios episodios depresivos donde me sentía culpable, sentía que le había fallado a mi familia, que le había fallado a una comunidad y que me había fallado yo mismo”, asegura.

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El estudiante necesitó ayuda emocional y señala que en esta ruleta del contagio él era incrédulo hasta que le tocó el turno. Hoy está recuperándose en aislamiento con manifestaciones de afecto de sus amigos y vecinos.

Por otro lado, está Karen Rivera Valencia, de 30 años, es auxiliar de enfermería y viajando a Estados Unidos terminó siendo deportada.

“Mis síntomas empiezan el 9 de abril con dolor de cabeza, dolor en la espalda alta, fatiga y cansancio muscular. El día 11 de abril me dicen que soy positiva para COVID-19, ese día sentí demasiados miedos, asocié esa enfermedad con muerte, es algo inevitable”, expresa. 

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Todo sucedió muy rápido para Karen, el día 15 de abril ya estaba en una clínica a causa del virus. 

“Tenía el antecedente de un edema pulmonar y me trasladan para saber de qué manera esta enfermedad está afectando mis pulmones”, cuenta.

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Karen fue aislada con un grupo de colombianos deportados en el hotel Tequendama, donde se sintió totalmente desprotegida y sola. 

“Estuve 20 días en ese hotel, en una habitación aislada y empiezo a presentar otros síntomas, diarrea, pérdida del gusto y olfato, aumenta el cansancio, son días muy difíciles”, manifiesta.

La joven sentía que todo le dolía y su cuerpo parecía no estar funcionando.

“Empiezo a perder un poco la voz, mi garganta se sentía demasiado inflamada”, asegura.

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Ella lo describe no como un dolor, sino como un enorme peso que le aplana el pecho

“Lo único que te dan los médicos es acetaminofén líquido y tomar baños muy calientes. Dormía boca abajo y era lo único que me ayudaba a aliviar mis síntomas”, indica.

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A pesar de esta situación, tuvo la fortuna de no ser ingresada a la unidad de cuidados intensivos y se recupera lentamente en su casa. 

“Lo que me curó fue primero la fe en Dios y en la Virgen, mi familia que siempre estuvo apoyándome, el querer ver a mi hija, el querer vivir es lo que te sana de esta enfermedad”, agrega.

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