Encontrar un videojuego que realmente se sienta diferente no es tan común como hace algunos años. Muchas producciones toman mecánicas conocidas y las refinan, mientras que otras buscan combinar géneros para ofrecer algo familiar con un pequeño giro. Denshattack, desarrollado por Undercoders, apuesta por un camino mucho más arriesgado: convertir un tren en el protagonista de un juego de acrobacias de alta velocidad.
Sobre el papel puede sonar como una idea difícil de vender. Sin embargo, bastan unos minutos para entender que detrás de esa premisa aparentemente absurda existe un diseño bastante bien pensado. El resultado es un título que mezcla conducción sobre rieles, desafíos de precisión, plataformas, combates contra enormes jefes y un sistema de trucos que inevitablemente recuerda a algunos clásicos de los deportes extremos, aunque termina construyendo una identidad propia.
Lejos de ser simplemente "Tony Hawk con trenes", Denshattack encuentra su propio espacio gracias a una creatividad que rara vez baja el ritmo.
Un Japón devastado, pero lleno de color
La historia nos lleva a un Japón que intenta sobrevivir después de un desastre ambiental. Mientras las grandes corporaciones mantienen a las clases privilegiadas protegidas dentro de enormes ciudades domo, el resto de la población sobrevive como puede en el exterior.
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Allí conocemos a Emi, una joven repartidora que utiliza su tren para ayudar a su comunidad. Poco a poco descubre el mundo de los Denshattackers, pilotos capaces de convertir los trenes en verdaderas máquinas de acrobacias mientras enfrentan a distintas bandas que controlan las regiones del país.
La narrativa tiene una inspiración muy clara en los animes shōnen. La protagonista reúne aliados durante su aventura, convierte antiguos rivales en compañeros y poco a poco termina enfrentándose al poder de las megacorporaciones que controlan el país.
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No es una historia especialmente profunda ni pretende sorprender con giros argumentales complejos. Su principal virtud está en el entusiasmo con el que presenta su universo. Todo transmite optimismo, compañerismo y un fuerte mensaje sobre la importancia de la comunidad, incluso cuando el escenario es una distopía marcada por el desastre climático.
Aunque algunos momentos pueden sentirse previsibles, la historia cumple bien su función: darle contexto a una aventura que constantemente prioriza la diversión sobre el drama.
La verdadera estrella está en los rieles
Si algo hace especial a Denshattack es su jugabilidad.
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Cada nivel consiste en recorrer enormes circuitos ferroviarios a toda velocidad mientras se esquivan obstáculos, se realizan saltos, derrapes y una enorme variedad de trucos utilizando el joystick derecho.
Las primeras comparaciones con Tony Hawk's Pro Skater aparecen casi de inmediato gracias a su sistema de acrobacias y puntuación. Sin embargo, esa sensación desaparece conforme avanzan las horas.
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En realidad, la estructura termina sintiéndose mucho más cercana a un juego de velocidad donde cada decisión ocurre en cuestión de segundos. Todo sucede tan rápido que constantemente debemos reaccionar para cambiar de carril, saltar, aterrizar correctamente o aprovechar alguna ruta alternativa.
La sensación de velocidad está muy bien conseguida.
A pesar del ritmo frenético, los escenarios ofrecen suficiente información visual para anticipar curvas, obstáculos y rampas, permitiendo que los errores casi siempre sean consecuencia del jugador y no del diseño.
Un sistema que siempre introduce novedades
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Uno de los mayores aciertos del juego es que rara vez permanece igual durante demasiado tiempo.
Cada capítulo introduce nuevas mecánicas que modifican la forma de recorrer los escenarios. A medida que avanza la aventura aparecen desplazamientos por paredes, manuales, nuevos tipos de saltos, recorridos fuera de los rieles, desplazamientos bajo el agua e incluso transformaciones del tren para adaptarse a distintas situaciones.
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En lugar de limitarse a aumentar la dificultad, cada nueva habilidad viene acompañada por niveles especialmente diseñados para aprovecharla.
Eso evita que el juego se vuelva repetitivo, incluso después de varias horas.
Además, la campaña presenta cinco tipos principales de misiones:
- Recorrer un circuito hasta la meta.
- Obtener la mayor puntuación posible.
- Competencias contra otros trenes.
- Escenarios con múltiples objetivos.
- Enfrentamientos contra jefes.
Esta variedad mantiene un excelente ritmo durante toda la aventura.
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Los jefes son uno de los grandes espectáculos
Las batallas contra los líderes de cada banda representan algunos de los mejores momentos del juego.
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Cada jefe propone mecánicas completamente distintas. En una ocasión debemos perseguir un gigantesco robot mientras la ciudad se derrumba a nuestro alrededor; en otra, la acción se transforma casi en un bullet hell; también hay enfrentamientos donde enormes estructuras, tornados o incluso pelotas gigantes forman parte del combate.
Lo mejor es que ninguno de estos enfrentamientos se siente reciclado.
Cada uno funciona como el cierre de un arco del juego y obliga a utilizar las habilidades aprendidas hasta ese momento, ofreciendo un espectáculo visual constante sin dejar de lado la jugabilidad.
La puntuación importa mucho más de lo que parece
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Aunque completar los niveles permite avanzar normalmente por la historia, quienes disfrutan perfeccionando cada recorrido encontrarán bastante contenido adicional.
Cada escenario incluye desafíos específicos, objetos coleccionables, revistas, pegatinas y rutas ocultas.
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Uno de los sistemas más interesantes es el de los Rainbow Rails.
Al realizar suficientes trucos se llena una barra especial que desbloquea nuevos rieles temporales llenos de colores, abriendo caminos alternativos, atajos e incluso algunos secretos necesarios para completar todos los objetivos.
Esta mecánica incentiva a realizar acrobacias incluso cuando la misión principal simplemente consiste en llegar a la meta.
Gracias a ello existe un motivo constante para volver a recorrer escenarios anteriores y mejorar las puntuaciones.
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Personalización sencilla pero útil
Los coleccionables obtenidos durante la aventura permiten desbloquear nuevos trenes y elementos cosméticos.
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Cada locomotora ofrece pequeñas diferencias en su comportamiento.
Algunas facilitan los derrapes, otras potencian las puntuaciones obtenidas mediante trucos y otras modifican la ventana de tiempo para ejecutar determinadas acciones.
No se trata de un sistema complejo lleno de estadísticas difíciles de interpretar.
Por el contrario, cada diferencia resulta fácil de entender y permite adaptar el tren al tipo de desafío que queremos completar.
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Es una decisión acertada porque mantiene el ritmo arcade que caracteriza toda la experiencia.
Un apartado artístico lleno de identidad
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Visualmente, Denshattack transmite personalidad desde el primer minuto.
Su dirección artística apuesta por gráficos con estética cel shading, colores intensos y una presentación claramente influenciada por el anime y los juegos arcade japoneses.
Las ciudades futuristas, montañas nevadas, pequeños pueblos y paisajes costeros mantienen una enorme variedad visual durante toda la campaña.
El diseño de personajes también destaca gracias a un estilo caricaturesco que encaja perfectamente con el tono desenfadado de la aventura.
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La interfaz utiliza colores vibrantes y transiciones muy dinámicas, reforzando constantemente esa sensación de estar dentro de una serie de animación.
Es un apartado artístico que probablemente seguirá luciendo bien incluso con el paso de los años.
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Rendimiento sólido
En términos técnicos, el juego ofrece una experiencia bastante estable.
Durante las partidas mantiene un rendimiento fluido que resulta fundamental considerando la enorme velocidad a la que se desarrolla toda la acción.
Los tiempos de reinicio después de un accidente son muy cortos, algo importante porque el diseño invita constantemente al ensayo y error.
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Cada choque devuelve rápidamente al último punto de control, evitando frustraciones innecesarias.
También incluye varias opciones de accesibilidad para reducir efectos visuales como desenfoque de movimiento, bloom o movimientos excesivos de cámara, además de permitir la reasignación completa de controles.
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Un excelente trabajo sonoro
La banda sonora acompaña perfectamente el ritmo del juego.
Predominan composiciones electrónicas con influencias del synth, breakbeat, hip hop y otros estilos que transmiten energía constante durante las carreras.
Las canciones logran mantener la adrenalina incluso después de varias horas, aunque algunas pistas particularmente intensas pueden terminar resultando repetitivas durante sesiones muy largas.
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Los efectos de sonido también cumplen un papel importante.
El chirrido de las ruedas, el sonido metálico al deslizarse sobre los rieles y el impacto de cada aterrizaje ayudan a reforzar la sensación de velocidad y peso del tren.
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Todo el apartado de audio trabaja constantemente para mantener la intensidad del juego.
No todo es perfecto
A pesar de todas sus virtudes, Denshattack también presenta algunos aspectos mejorables.
El primero es su curva de aprendizaje.
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Las primeras horas pueden resultar exigentes debido a la cantidad de mecánicas que introduce en poco tiempo.
Algunas combinaciones avanzadas de controles requieren bastante práctica y en ocasiones ciertos movimientos pueden sentirse inconsistentes, especialmente durante cambios entre paredes o maniobras más complejas.
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Por otro lado, aunque el sistema de trucos ofrece muchas posibilidades, el ritmo tan acelerado hace que en numerosas ocasiones el jugador simplemente improvise en lugar de ejecutar movimientos específicos con precisión.
Finalmente, algunos jugadores podrían sentir cierta limitación debido a la naturaleza lineal de los escenarios.
Aunque existen rutas alternativas y caminos secretos, la estructura sigue estando muy guiada por los rieles. Quienes esperen niveles completamente abiertos para experimentar libremente quizá encuentren aquí una experiencia más enfocada en perfeccionar recorridos que en explorar.
Conclusión
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Denshattack demuestra que todavía existen estudios dispuestos a experimentar con ideas completamente fuera de lo común.
Lo que comienza como una propuesta extravagante sobre trenes haciendo acrobacias termina convirtiéndose en un videojuego con mucha personalidad, un diseño de niveles sobresaliente y una creatividad que rara vez baja el ritmo.
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Su historia cumple sin ser memorable, el apartado artístico destaca por su identidad propia y la jugabilidad logra mantenerse fresca gracias a la constante incorporación de nuevas mecánicas, escenarios y jefes.
No es un título pensado para todos los públicos. Su velocidad, la precisión que exige y su estructura orientada a repetir niveles para mejorar puntuaciones pueden alejar a algunos jugadores.
Sin embargo, quienes disfruten los juegos arcade, los desafíos de habilidad, las propuestas originales y las experiencias con una fuerte inspiración en el anime encontrarán aquí una de las sorpresas más interesantes del año.
Undercoders no solo consiguió crear una idea diferente, sino convertirla en una experiencia divertida, frenética y con suficiente personalidad para destacar dentro del panorama actual.
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