The Killing Stone llega en formato Early Access, y eso define desde el primer momento la experiencia que propone. No estamos ante un producto terminado, sino frente a una base ambiciosa que mezcla narrativa, mecánicas densas y un ritmo todavía en ajuste. La historia arranca con la muerte de Mariken, tu maestra en las artes oscuras, un evento que activa antiguas tradiciones familiares y destapa un conflicto infernal que llevaba generaciones gestándose en silencio.
Siguiendo el luto, los descendientes de Mariken se encierran en la mansión, solo para descubrir que ese aislamiento es exactamente lo que One Eye, un demonio de contratos faustianos, necesita para reclamar las almas que se le deben. Desde ahí, el juego deja claro su foco: más que perfección técnica inmediata, busca construir una experiencia narrativa y mecánica que irá evolucionando con el tiempo.
A primera vista, la estructura recuerda a títulos como Slay the Spire: rutas ramificadas, nodos con recompensas, mejoras de cartas y la constante decisión entre peleas menores o enfrentamientos de élite. Sin embargo, The Killing Stone se esfuerza por no caer en la copia directa.
Aquí no existen cartas de defensa tradicionales. El bloqueo es raro y, en muchos turnos, ambos bandos ven cómo sus criaturas son barridas del tablero. El objetivo no es resistir, sino aceptar la carnicería y calcular cuánta sobrevida se filtra hasta el “gran ojo” que representa la salud del jugador. Esta ausencia de defensas clásicas acelera el ritmo y obliga a pensar cada turno como una posible aniquilación total.
El resultado es un sistema agresivo, donde la ventaja no se mide por cuánto aguantas, sino por cuánto daño logras convertir en presión real antes de que todo explote.
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La mecánica de reserva: capas sobre el caos
Uno de los aportes más interesantes del juego es el sistema de reserve. Además de las tres criaturas permitidas en la línea principal, puedes colocar cartas encima de ellas: unidades de reemplazo o encantamientos persistentes. Cuando la criatura base muere, la carta en reserva ocupa su lugar automáticamente.
Lo clave es que las cartas en reserva siguen activando sus efectos, incluso sin estar al frente. Esto abre posibilidades tácticas poco comunes en el género: curaciones constantes, buffs pasivos o cadenas de efectos que se mantienen mientras el tablero se desarma turno tras turno.
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Este diseño le da identidad propia al combate y permite momentos memorables, como encadenar efectos post-mortem que desencadenan explosiones de daño exageradas, casi cinematográficas. En esos instantes, el juego logra una satisfacción similar a meter un gol en tiempo extra en Rocket League: caos controlado y triunfo inmediato.
Reglas, reglas… y más reglas
Si algo define a The Killing Stone, es su densidad mecánica. Energía limitada (tres puntos por turno), reglas especiales por combate, cartas forzadas en mano, sacrificios obligatorios y efectos letales explicados con una paciencia casi excesiva.
En varios momentos, el juego se siente como una larga introducción. Incluso horas después, sigue enseñando conceptos básicos, lo que puede generar la sensación de estar atrapado en un prólogo eterno. La promesa de combinar reglas de forma creativa está ahí, pero no siempre se materializa en desafíos que realmente lo exijan.
Algunos picos de dificultad se sienten artificiales, impuestos por reglas externas (como cartas obligatorias que matan tus propias unidades) más que por la evolución natural del sistema. Aun así, la base es sólida y deja claro que hay espacio para un diseño más arriesgado conforme avance su desarrollo.
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Mansión, familia y diálogos con peso literario
Entre combates, exploras la mansión y hablas con los miembros de la familia de Mariken, además de sus familiares sobrenaturales. Estos encuentros no son relleno: cada conversación aporta contexto, matices y pistas sobre el origen del conflicto demoníaco.
Mariken, incluso muerta, sigue presente. Basta con “presentar respetos” a su cadáver para escucharla comentar los acontecimientos. Su voz, interpretada por Emma Gregory (reconocible por su trabajo como Minthara en Baldur's Gate 3), aporta una autoridad inquietante. One Eye, por su parte, gana presencia gracias a la interpretación de Liam O'Brien, quien se mueve con soltura entre burlas y amenazas.
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No todo el elenco está doblado, y ahí aparece una de las mayores inconsistencias del juego. En escenas clave, solo una parte del diálogo es hablado, mientras el resto se presenta en texto, rompiendo un poco la inmersión.
Inglés moderno o del siglo XVII: una decisión real
Pocos juegos se atreven a ofrecer una opción tan específica: diálogos en inglés moderno o en un inglés arcaico propio del siglo XVII. Esta decisión no es cosmética; cambia por completo la experiencia.
El estilo antiguo refuerza el horror folclórico y la sensación de estar leyendo un tratado prohibido, pero también exige más atención. Entre reglas complejas y misterio narrativo, no todos tendrán la energía mental para procesar “perchance” y estructuras gramaticales antiguas todo el tiempo. Afortunadamente, el juego permite combinar voces arcaicas con subtítulos modernos, un punto medio bastante acertado.
Un roguelite impulsado por la historia
Cada miembro de la familia tiene su propio mazo, que se construye a lo largo de su capítulo. Estas decisiones no se pierden: regresan en el acto final y definen el destino de cada personaje. El estado del deck no es solo mecánico, es narrativo.
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Esta integración entre cartas y consecuencias es uno de los mayores logros del juego. No estás optimizando números por puro progreso, estás moldeando vidas ficticias atrapadas en contratos que nunca firmaron conscientemente.
Apartado técnico y presentación
Visualmente, The Killing Stone apuesta por una estética oscura, sobria y coherente con su ambientación folclórica. El arte de las cartas comunica bien sus efectos y temática, aunque no busca deslumbrar. El rendimiento en PC es estable dentro de su estado de Early Access, sin problemas graves reportados en las sesiones descritas.
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El sonido cumple una función más atmosférica que protagonista. Donde realmente brilla es en el doblaje principal, que eleva escenas clave y refuerza el peso dramático del conflicto.
Early Access: una base prometedora, no un producto final
Es importante ser claros: The Killing Stone está en Early Access en Steam. Eso se siente en el ritmo, en la forma en que se introducen las mecánicas y en la falta de explotación plena de su propio sistema.
La ambición está ahí. El diseño sugiere un juego que, con ajustes de pacing y mayor exigencia táctica, puede convertirse en un referente narrativo dentro del género. Por ahora, es una experiencia pensada para jugadores pacientes, interesados tanto en leer como en experimentar.
Conclusión: ¿para quién es The Killing Stone?
The Killing Stone es ideal para jugadores que disfrutan los deckbuilders complejos, con fuerte carga narrativa y disposición a aprender sistemas densos. No es un juego de gratificación inmediata ni de runs rápidas; es una experiencia que pide atención, lectura y tolerancia a la fricción.
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Si te atrae el horror ocultista, las historias de culpa heredada y los juegos que intentan algo distinto dentro de estructuras conocidas, vale la pena seguirle la pista. Hoy es una promesa bien fundamentada; mañana, con el desarrollo adecuado, podría ser algo realmente especial.
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