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Cabezote sección COLOMBIA Noticias Caracol 2025 DK

Esta mujer ha rescatado a 200 animales y no da ninguno en adopción: “Ellos son mis hijos”

Cuida a 130 perritos, 8 gaticos y otras especies como patos, gallinas y hasta una cerdita a la que bautizó Eugenia Esmeralda del Cachito Medina Peña. “Lucharé por ellos hasta que crucen el puente del arcoíris”, afirma esta nortesantandereana.

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En Salazar de las Palmas, a dos horas de Cúcuta, Norte de Santander, se encuentra un lugar llamado Villa Patán. Allá viven Alicia Peña González, su esposo Gustavo y 200 animales que ha rescatado a lo largo de todos estos años, a los que no solo les da un refugio, también un hogar definitivo porque, afirma, no puede dar en adopción a sus hijos. Y como tal, a cada uno, por increíble que parezca, les da nombres muy particulares, como a una cerdita que rescató de ser sacrificada y la que llama Eugenia Esmeralda del Cachito Medina Peña. El Cachito, es por la persona que le ayudó a comprar a la porcina, o de lo contrario la habrían enviado a un matadero. (Lea también: Fundación que rescata gatitos pide ayuda para continuar su labor: "No queremos cerrar")

Esta mujer de 57 años, devota de Dios y que todas las noches reza el rosario junto a los 130 perros y 8 gatos que actualmente conviven con ella y para los que ha fabricado una cama para cada uno, le contó a Noticias Caracol cómo llegan las mascotas a su casa: “En el momento en que se traen a Villa Patán, lo primero que hago es abrazarlos, pedirles perdón por todo el daño que les hacemos. Nosotros los humanos no tenemos ningún límite en hacer daño para los animalitos, entonces yo los abrazo, les pido perdón y ahí de una vez sale el nombre, se me viene a la cabeza”, como Sheila Domínica o Valentín Pirilín.

¿De dónde salen la comida y las camas para los animales?

“En el pueblo llaman a Gustavito o a Sarita (una de sus hermanas) y les dicen ‘tenemos un colchón así para que venga y lo recoja’, entonces Gustavito va, lo recoge y empieza el proceso de que nos toca ponernos a cortarlo con un machete, abrir las colchonetas, porque a veces vienen gruesas; las abrimos, las partimos en cuadros, y yo pido un ángel ‘colabóreme, porque necesito comprar cobijas y compro las cobijas’; antes les compraba económicas, pero mis hijos merecen que yo les compre más costoso y ahorita les compré piel de durazno, y cada uno tiene su camita y se acostumbran en su puesto a dormir cada uno en su cama”, relata Alicia.

Respecto a la comida, admite que solo “les puedo dar un platico al día porque es un bulto, solo perritos es un bulto diario. Solo puedo sino echarles cinco menudencias. Yo tenía más poquitos perritos, la gente dice ‘póngalos en adopción porque usted no les da el hogar a otros animales’. No, yo nunca le he cerrado el hogar a los que vienen acá. Solamente se me ha crecido la familia y ellos van cruzando el puente del arcoíris y van dejando el cupito para otro. Es una olla bastante grande donde hago la sopa, les echo arroz, hay un ángel que nos cada 8 días 2 bultos de arroz, porque antes me tocaba comprarlo y también vale 100 y pico cada bulto. Entonces, ya les echo las menudencias, son 5 menudencias, les he hecho un pedacito en cada platico con las pepitas y las sopitas de arroz”. La marranita, agrega, “tiene concentrado y le doy frutica; a ella le gusta mucho el mango, le gusta el mango, la guanábana, la verdura”.

“Hasta que Dios me permita, lucharé por ellos”

“De pronto yo cometo el error para muchas personas de no darlos en adopción, pero eso es una respuesta que le dije alguna vez a mi madre cuando me dijo ‘mamita, ¿por qué no les consiguió hogar o regálelos?’. Le dije: ‘Mami, sumercé por qué siendo yo la oveja negra de la familia, ¿por qué no me regaló? Entonces, para mí es lo mismo, ellos son mis hijos, yo no soy capaz de regalarlos después de haberlos salvado, de haberles hecho curaciones; duro días enteros con ellos durmiéndome al lado cuando tienen las orejitas cayéndose, entonces me toca amarrarles trapitos, porque son cosas que yo me invento, no es que yo traiga un veterinario para que me los cure, no, a mí me toca inventarme cosas, entonces yo no los doy en adopción, ellos son mis hijos y no los daré en adopción. Hasta que Dios me permita, lucharé por ellos hasta que crucen el puente del arcoíris”. Y añade que no entiende “por qué hay que ponerle tantas cosas negativas al trabajo de los rescatistas; al contrario, tenemos, en vez de criticar, que decir, ‘es la vida de ella, si ella quiere ser una loca soñadora, pues hay que respetar todos los pensamientos de las personas’”.

¿Cómo ayudar a Alicia y sus 200 animales?

Si usted quiere brindarle una mano a esta “loca soñadora”, como se describe, puede consignar al número de Nequi 322 216 2952. “Villa Patán es un milagro al día”, asegura esta mujer, que asegura que Dios es quien le ayuda a que un ángel aparezca siempre para que ella continúe con su labor de ayudar a sus animales. Lamenta la forma en la que ha encontrado a algunos de sus “hijos”. afirma que “el problema no es tanto el abandono, el problema es la forma en cómo se abandonan, amarrados con alambres; hay una que tiene la cortada en el cuello y no he logrado quitarle la manchita y le quedó ahí, es una bebé. Eso no se hace. Yo no sé por qué tenemos que hacerles daño a los animales, tenemos es que volvernos un poco más animales para ser más humildes”. (Lea también: Así fue la tierna despedida a Urko, un perro rescatista del Ejército que se retira tras siete años)

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