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Guerra antidrogas, lucha estéril que sigue dejando miles de víctimas pese a muerte de Pablo Escobar

Pablo Escobar es solo uno de los muchos capos que han sido dados de baja o capturados en una lucha antidrogas que ha durado décadas. Los cultivos ilícitos parecen aumentar y a eso se suma la aparición de nuevos alucinógenos. ¿Es una guerra sin fin?

Richard Nixon, expresidente de Estados Unidos, dijo durante su gobierno que “el enemigo público número uno del país es el abuso de drogas”. Han pasado 30 años de la muerte de Pablo Escobar y parece que la guerra contra este flagelo es de no acabar.

En Estados Unidos se ha pasado de 23.900 presos por ofensas relacionadas a las drogas a finales del siglo XX a más de 350 mil en 2023. Al año hay por lo menos un millón de arrestos por posesión de drogas, sumado a la crisis de salud pública por consumo y muertes por sobredosis, que en 1999 rondaban las 20 mil al año y hoy están por encima de 100 mil.

Pero en Colombia, hablar de guerra contra las drogas es sinónimo de violencia, terrorismo y lo que parece un círculo interminable de capos presentados como trofeos, empezando por Pablo Escobar, pero que terminan siendo fusibles que los carteles desechan uno tras otro.

William Brownfield, exembajador en Colombia y exsubsecretario para lucha antinarcóticos del Departamento de Estado, reconoce “que probablemente las políticas de los últimos 50 años sin duda alguna no produjeron el resultado final, nunca iban a hacerlo”.

Brownfield, una de las personas que mejor entiende lo que significa la guerra contra las drogas, recalca que esta lucha no ha sido un fracaso, “no voy a usar esa palabra, exactamente en la manera en que no voy a decir que los esfuerzos para eliminar el robo, el asesinato, la violación han fracasado tampoco”.

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El exembajador lleva varios años retirado, pero recuerda perfectamente el 2 de diciembre de 1993, cuando trabajaba en la oficina de narcóticos y aplicación de la ley y recibieron la llamada que informaba sobre la muerte de Pablo Escobar: “El mensaje fue ‘resultados concretos’, y colgó, y eso fue el informe del entonces embajador de los Estados Unidos”.

Brownfield considera que estamos mejor que hace 30 años, pues “con la salida de Escobar y la salida eventual de los hermanos Rodríguez Orejuela en Cali creo que eso sí representó el fin de organizaciones criminales tan grandes, tan poderosas que representaban verdaderamente un peligro, una amenaza al estado nacional de Colombia”.

Otra cosa piensa el expresidente del Diálogo Interamericano Michael Shifter: “Yo creo que estamos peor”.

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Él apunta, por ejemplo, al crecimiento de cultivos ilícitos en Colombia, actualmente 230 mil hectáreas de hoja de coca, según Naciones Unidas. Antes del Plan Colombia, en 2001, eran 137 mil y hubo una disminución en el 2012 a tan solo 48 mil.

Pero el expresidente de Diálogo Interamericano dice que “el diagnóstico es que no ha funcionado, ha fracasado a pesar de todos los recursos, los billones de dólares y por décadas en esto. Yo creo que es evidente”.

Añade que congresistas de Estados Unidos “que siempre apoyan la guerra contra las drogas te dicen en privado ‘esto no funciona’”.

¿Pero realmente han sido tan fracasadas las políticas en el marco de la llamada guerra contra las drogas? John Bolton, exasesor de seguridad nacional del gobierno de Donald Trump, cree que lo que ha fallado son los gobiernos incapaces.

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Si en algo coinciden las distintas voces es en que no hay una fórmula mágica para hacerle frente a la amenaza de las drogas ilícitas, ni siquiera la legalización, como apuntan algunos sectores, no sin una estrategia robusta de despenalización de consumo, tratamiento, reducción sustancial de la oferta y desmantelamiento de organizaciones criminales.

Otros sostienen que es una batalla constante, como la lucha contra la criminalidad, ya que seguirán surgiendo nuevas drogas que serán una amenaza de salud pública y engrosarán las finanzas de organizaciones criminales, llevándonos a nuevas décadas en las que el legado de brutalidad y criminalidad de Pablo Escobar salga a relucir con cada capo que sea presentado como un nuevo trofeo en la guerra contra las drogas.

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