En Soacha y Cundinamarca hay conmoción por el feminicidio de Rosa Mayerly Olaya, una mujer que fue asesinada por un presunto acosador que la agredió mientras trabajaba en un establecimiento comercial. Tenía 29 años y llegó hace cinco años desde el Tolima para trabajar en un almacén de cadena como impulsadora.
Para ella era un día común cualquiera. Un fin de semana largo laboral, lejos de imaginar que la persona que había estado acosándola por meses, según la Fiscalía General de la Nación, la atacaría hasta causarle la muerte. Los hechos ocurrieron el 12 de julio, cuando Mayerly estaba en el almacén en Soacha. A la vista de otros clientes, un hombre identificado como Óscar Giovanny Marulanda, de 45 años, llegó a las 3:15 p. m. para hablar con ella e insistirle, una vez más, que tuvieran una relación sentimental. Pero, para referirse a este caso, hay que trasladarse meses atrás, a lo que antecedió este hecho que muchos han calificado como repudiable y que, al parecer, se hizo de manera premeditada.
La investigación de la Fiscalía indica que Marulanda conoció a Mayerly en febrero de 2026. Desde ese momento empezó a insistir en que tuvieran un vínculo sentimental. La mujer, por su parte, le dejó claro que no deseaba tener una relación con él. El fiscal dice que este episodio hizo que Marulanda generara una “clara obsesión” por Mayerly; “un nivel de ego que dio lugar para que la tratara, la viera a ella, como un fin a alcanzar (...) casi que podría decir este delegado que usted la vio ya como un objeto de su propiedad”, especificó el representante del ente acusador en la audiencia de imputación.
Los elementos materiales probatorios obtenidos por la Fiscalía dan cuenta de un permanente asedio y acoso del que estuvo siendo blanco Mayerly durante meses. Tanto así que la Policía Nacional tuvo que intervenir para trasladarla de su lugar de trabajo hasta su residencia y evitar así los hostigamientos de Marulanda en dos ocasiones. Pero la mujer no tenía medida de protección ni interpuso una denuncia formal en contra del señalado agresor y acosador.
De hecho, los días 10 de mayo y 5 de junio, este hombre visitó las residencias de la mamá y de la expareja de Mayerly para buscarla y hostigarla. Todo lo mencionado se enmarca en un contexto de violencia de género, por el hecho de ser mujer y por una supuesta condición de inferioridad.
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El ente acusador indicó que el hombre actuó de forma premeditada. Por ejemplo, 10 días antes del crimen la buscó intensamente por grupos de Facebook al notar que ella se había ausentado del trabajo. El fiscal narró que el hombre llegó al establecimiento donde trabajaba y la atacó sin mediar palabra. “Sin importar que ella se encontrara en cumplimiento de su labor, le hace varios llamados, ante lo cual ella le refiere que esperara un momento, ya que se encontraba con unos clientes. Mientras tanto, Giovanny caminaba alrededor del pasillo sin perderla de vista. Pasados unos minutos, ella es apartada por parte del señor Giovanny con el fin de atender lo que él requería. De manera injustificada y sin mediar palabra, es cuando esta persona la arrincona haciendo uso de un arma cortopunzante, colocándola en estado de indefensión”, precisa el ente investigador.
Mayerly pidió auxilio a gritos y forcejeó contra el agresor, como se puede ver en cámaras de seguridad. Pero para ese momento la mujer ya había sido herida con el arma. En total, recibió cuatro puñaladas. A pesar de que fue trasladada a un hospital en una patrulla de la Policía, Rosa Mayerly, una mujer que llegó a Soacha en búsqueda de una mejor vida, murió por la gravedad de las lesiones.
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Un testigo le dijo a Noticias Caracol que fueron los mismos clientes del local quienes retuvieron al presunto agresor hasta que llegaron los uniformados de la Policía, quienes capturaron a Marulanda en flagrancia con el arma que, según la investigación, utilizó para cometer el crimen.
Un juez penal de control de garantías le impuso medida de aseguramiento en centro carcelario, después de que un fiscal de la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de Cundinamarca lo imputara por el delito de feminicidio agravado. Este hombre podría enfrentarse a una condena de 20 hasta 41 años de prisión, dependiendo de las circunstancias agravantes que se acrediten dentro del proceso.
María Paula Rodríguez Rozo
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