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Las últimas palabras de Catalina Giraldo antes de recibir la eutanasia: "Quita un peso inmenso"

Después de diez meses de recursos legales, solicitudes ante el sistema de salud y una discusión que llegó hasta la Corte Constitucional, Catalina Giraldo Silva accedió finalmente a la muerte digna mediante eutanasia en una clínica de Bogotá.

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Catalina Giraldo Silva pasó sus últimos días esperando una respuesta que nunca llegó. Durante casi diez meses recorrió caminos legales, presentó recursos, enfrentó negativas y sostuvo una batalla que, para ella, era también una decisión que esperaba pudiera abrir la puerta para otros pacientes en situaciones similares. La psicóloga de 30 años llevaba meses con la esperanza de que la Corte reconociera el suicidio medicamente asistido como una alternativa dentro del derecho a morir dignamente.

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El jueves 9 de julio, en una clínica de Bogotá, Catalina murió mediante eutanasia. Lo hizo acompañada por su familia, después de aceptar un procedimiento distinto al que había solicitado inicialmente. Su deseo era otro: tener la posibilidad de aplicarse ella misma el medicamento bajo supervisión médica, como ocurre en el suicidio médicamente asistido. Sin embargo, esa práctica, aunque fue despenalizada por la Corte Constitucional en 2022, todavía no cuenta con una regulación que permita su aplicación en Colombia.

Horas antes de morir, Catalina concedió una última entrevista a Noticias Caracol. "Me siento muy tranquila. Hace muchos años no sentía esta tranquilidad. Quita un peso inmenso saber que tu sufrimiento no va a prolongarse indefinidamente en el tiempo sino que más bien puedes pararlo, puedes detenerlo, puedes decir que es suficiente".

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Una decisión que llegó después de años de sufrimiento psicológico

Catalina era psicóloga y durante gran parte de su vida convivió con diagnósticos como trastorno depresivo mayor, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad no especificado. Después de varios tratamientos y procesos terapéuticos que no lograron darle una mejoría significativa, empezó a considerar la muerte digna como una opción y confiaba en que la justicia podía reconocer su solicitud. Sin embargo, mientras esperaba una decisión definitiva, su estado emocional se volvió más difícil de sostener. Giraldo cumplía con todos los requisitos para acceder a esta forma legal de muerte: padecía de una enfermedad grave que era resistente a todo esfuerzo terapéutico.

Según relata, su primera solicitud nunca fue la eutanasia. Ella buscaba acceder al suicidio médicamente asistido porque consideraba que esa figura representaba una forma distinta de ejercer autonomía sobre su propia vida. Y aunque su caso fue el primero en plantear esa solicitud de manera formal, precisamente ese vacío jurídico terminó convirtiéndose en el principal obstáculo de su petición, pues mientras la justicia estudiaba el caso, su estado de salud mental siguió deteriorándose y aunque durante mucho tiempo rechazó la posibilidad de solicitar nuevamente la eutanasia, no logró aguantar el abismo que arrastraba su alma y optó, finalmente, por la eutanasia.

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"Yo debo decir que llegar a esa decisión no fue fácil", confesó Catalina Giraldo durante la entrevista concedida a Noticias Caracol horas antes del procedimiento. "Me negaba a solicitar nuevamente la eutanasia porque sentía que estaba traicionando esta lucha, que no estaba siendo fiel a mis principios". Sin embargo, reconoció que después de diez meses enfrentando negativas judiciales y administrativas entendió que ya no podía seguir esperando. "No siento que me esté rindiendo; siento que estoy entregando un poco ahora la responsabilidad a otros", afirmó.

El periodista Juan David Laverde, quien la había visto meses atrás, encontró a una Catalina distinta. La angustia que marcó sus primeras entrevistas parecía haber cedido. ¿La certeza de morir en pocas horas le daba tranquilidad? Sin titubeos, sonrió. "Eso no me pasaba. No me habían visto así hacía mucho tiempo", expresó. Después explicó que esa paz también les había permitido a su madre y a su hermana entender su decisión. "Ven la tranquilidad en mi mirada y ven que estos días puedo disfrutar desde un lugar diferente, que no lo tendría si no pudiera acceder a este derecho a morir dignamente".

El suicidio médicamente asistido era "un acto de autonomía"

El punto de quiebre, según contó, fue una hospitalización psiquiátrica ocurrida meses antes de su muerte. Allí volvió a enfrentar una situación que ya conocía: el riesgo de suicidio y la necesidad de permanecer bajo vigilancia permanente. Recordó que estar nuevamente en una habitación de hospital la llevó a tomar una decisión. No quería regresar a ese escenario una vez más. Fue entonces cuando decidió solicitar nuevamente la eutanasia, una opción que inicialmente había rechazado porque sentía que significaba abandonar la lucha por el suicidio asistido.

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Aquella experiencia terminó modificando la decisión que había sostenido durante meses. "El punto de quiebre fue la última hospitalización que tuve porque el riesgo de suicidio era muy alto", recordó. Desde la cama del hospital comprendió que no quería volver a vivir esa situación. "Me vi en una cama de hospital por un número de veces que ya he olvidado. No podía caminar, estaba muy restringida porque estaba en un área de supervisión. Entonces me dije a mí misma que no podía volver a estar en ese lugar", contó. Fue allí cuando solicitó un segundo comité para acceder a la eutanasia, cambiando finalmente su opinión sobre el suicidio médicamente asistido.

La última esperanza de Catalina para salir de aquel pantano de zozobra sin fondo se desvaneció el año pasado, tras el fracaso del último tratamiento que hizo con un fármaco muy fuerte al que suelen responder los pacientes con este tipo de trastornos. Tras la certeza de haberlo intentado todo, su corazón estragado encontró paz en la idea de solicitar la muerte digna y así se lo comunicó a su mamá y su hermana. "Al principio fue muy difícil porque pues digamos un poco lo que quedaba era "te estás rindiendo, ya perdiste la esperanza, por qué no intentamos esto otro" (...) Pero yo intenté explicarles que estaba sufriendo e intenté explicarles mi dolor, intenté explicarles que esto no es una vida para mí. Pero ese acto de amor de Catalina hacia su familia se estrelló contra la burocracia institucional y la falta de regulación de esta forma de muerte digna.

En mayo de 2022, en una sentencia histórica, la Corte Constitucional despenalizó el suicidio médicamente asistido al concluir que la justicia no puede perseguir penalmente a un médico que, en virtud del principio de solidaridad, le ayude a morir a un paciente que sufre una enfermedad crónica e incurable. Por eso, hoy el suicidio médicamente asistido está en un limbo: ningún médico puede ser procesado por practicarlo, pero a Catalina le negaron el procedimiento porque no está reglamentado. A través de una carta, el 12 de noviembre pasado, Sanitas le dio un portazo a su petición: "No es procedente ejecutar el procedimiento ya que no existen condiciones normativas ni operativas para garantizar su realización segura y legal". Y mientras capoteaba la angustia que le provocaba este permanente estado de incertidumbre, Catalina imploró hasta horas antes de su eutanasia que la Corte revisara su caso y escuchara su clamor de auxilio.

El mensaje que Catalina Giraldo dejó a la Corte Constitucional

Catalina sabía que existía la posibilidad de que, tras su fallecimiento, la Corte Constitucional decidiera no pronunciarse sobre el fondo del caso. Por eso aprovechó la entrevista para enviar un mensaje a los magistrados. "Les diría que esta lucha no termina conmigo", afirmó. "Yo voy a fallecer en las próximas horas, pero no fallece conmigo este proceso. Hay personas que lo necesitan de manera urgente y prioritaria; hay personas que sufren y que se suicidan todos los días". Su petición era que el alto tribunal entendiera que la discusión trascendía su historia personal.

"Espero que los magistrados de la Corte puedan entender que esta lucha es una lucha por la salud mental, por la muerte digna para muchas personas que necesitan una muerte acompañada, una muerte segura, y no morir como la mayoría de personas se suicidan, de manera muy violenta con ellos mismos o con la familia", expresó. "La gente se suicida y la gente se va a seguir suicidando. Negar esta realidad es desconocer lo que está pasando en el país y en el mundo", sostuvo. Desde su perspectiva, el debate no consistía en promover la muerte, sino en acompañar procesos complejos desde el sistema de salud.

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"¿Por qué no acompañarlas? ¿Por qué no hacerlo de una manera segura para ellas? No es romantizar la muerte; es acompañarla, es cuidarla, es respetar el proceso de la persona", manifestó. También aclaró que la mayoría de los suicidios pueden prevenirse, pero insistió en que existen situaciones excepcionales que requieren otro tipo de respuestas. "Hay muchos suicidios que se pueden prevenir, la gran mayoría, pero no es el caso de todos. Esto también es un acto de autonomía e independencia frente a una vida que tal vez ha sido arrancada por las manos del dolor", afirmó.

Y aunque sabía que no alcanzaría a conocer el desenlace judicial de su caso, Catalina confiaba en que su historia serviría para abrir una conversación nacional. Cuando le preguntaron cómo quería ser recordada respondió sin hablar de reconocimientos personales. "Espero que me recuerden como una persona que inició este camino, pero que deja apenas la puertica abierta", dijo. "Espero que entiendan también que mi legado es permitirnos entender la muerte desde un lugar diferente. Tal vez no cambie la mente de todas las personas, pero sí sé que esta semillita se está sembrando".

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Y tal como lo había planeado, Catalina murió en la mañana del jueves 9 de julio. Su madre, Ángela Silva, y su hermana, Paola, permanecieron junto a ella durante todo el procedimiento y ambas le sostuvieron las manos hasta el final. También estuvo presente Lulo, su perro, acostado al borde de la cama. En la habitación sonaba Long and Lost, de Florence and the Machine, mientras el aroma a lavanda acompañaba la despedida. Catalina vestía la misma blusa rosada con la que horas antes había concedido la entrevista. Sobre la prenda se leía una frase en francés: C'est la vie o "Es la vida."

Con información del periodista Juan David Laverde
VALENTINA GÓMEZ GÓMEZ
NOTICIAS CARACOL
vgomezgo@caracoltv.com.co

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