En el departamento del Tolima, la emergencia por incendios forestales se agudiza. Bomberos, organismos de socorro y la comunidad siguen al frente de la atención para acabar con las llamas. Uno de los que se enfrenta a las feroces llamas es Neymar Galeano, un niño de 13 años a quien le duele cómo las montañas son consumidas por el fuego. Este menor de San Luis se ha convertido en símbolo de solidaridad ante una crisis que cumple 29 días en el departamento. La emergencia ha consumido más de 50.000 hectáreas, afectando a 2.660 productores agrícolas y ganaderos. Las pérdidas superan los 134.000 millones de pesos, con cultivos arrasados y más de 30.000 bovinos sin alimento por la quema de pastizales. Focos activos como el de la finca La Altamira, a un kilómetro de Payandé, evidencian la gravedad de la situación.
Ante unos 11 incendios activos en municipios como Suárez, San Luis, Armero y Guamo, la intervención comunitaria ha sido vital. Los campesinos enfrentan las llamas con herramientas rústicas, mientras la gobernación despliega asistencia alimentaria (silo y heno) para el ganado de los productores. En esta tarea se cuenta con el apoyo de la Universidad del Tolima, el Comité de Ganaderos y donaciones de empresarios para mitigar el impacto ambiental y social.
En medio de esta emergencia resalta la historia de Neymar. A pesar de su corta edad, el joven se unió activamente a las labores de mitigación. Con un fumigador a la espalda y en bicicleta, recorre diariamente el cerro para apagar los focos de calor que amenazan con expandirse. "Ya prácticamente dos semanas. Desde el lunes antepasado comencé yo ayudándole a mi papá a ayudar a apagar", explicó Neymar en Noticias Caracol.
"Me duele ver todo esto quemado"
Su motivación nace de un profundo sentido de protección hacia la naturaleza y los animales. En sus jornadas recientes, rescató un pájaro afectado: "Me duele ver todo esto por así quemado, por los animales. Inclusive, me llevé ahorita un animal, un ave que saqué y que se está asfixiada por el humo", señala conmovido.
La tarea no es fácil para Neymar, quien realiza este esfuerzo con recursos limitados. Al principio no contaba con herramientas adecuadas: "Al principio no fue con esto (el fumigador) sino fue cargando agua en tarros, llevándole agua hasta los cerros", recuerda. Posteriormente, obtuvo un equipo prestado, aunque esto le supuso una preocupación adicional: "Este fumigador me lo prestaron. Lo pienso mucho cuando lo saco porque pues uno nunca sabe si se llega a dañar. Tiene que pagarlo uno".
Para desplazarse, depende de la generosidad familiar: "Yo me transporto en la cicla que es de mi papá, porque yo no tengo porque a mí se me dañó. Entonces, esa es la que me presta mi papá para andar", detalla.
Su madre, Marcela, apoya su vocación a pesar de los riesgos: "A pesar de que en estos momentos estamos pasando por esta situación, él ha tenido la valentía de colaborar, de poner su granito de arena, no en cosas materiales ni cosas económicas, pero ha puesto su actitud", expresó.
"Mi abuela me dijo que ayudara"
La convicción de Neymar proviene de las enseñanzas de su abuela, cuyo recuerdo mantiene vivo en cada jornada: "Me siento muy feliz porque pues antes de fallecer mi abuela me decía que ayudara; que si algún día pasaba algo, ayudara, que uno nunca sabe más adelante si le pueda pasar algo a uno y lo vengan a ayudar". Gracias a esta voluntad, el joven se mantiene firme ayudando a proteger su territorio.
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CAMILO ROJAS, PERIODISTA NOTICIAS CARACOL
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ESTA NOTA TIENE INFORMACIÓN Y REPORTERÍA DE ESTEBAN BEJARANO, PERIODISTA DE NOTICIAS CARACOL