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Enrique Bunbury, un viaje inolvidable por el amor, la esperanza y la nostalgia: así brilló en Bogotá

El legendario artista español se presentó este 29 de octubre en el Movistar Arena, donde miles de fanáticos se abrazaron para cantas sus éxitos y recordar algunos clásicos de Héroes del Silencio.

Enrique Bunbury cantó en el Movistar Arena con lleno total.
Enrique Bunbury cantó en el Movistar Arena con lleno total.

Bunbury tiene algo que a muchos nos sobra: nostalgia. Y esa sensación conecta cantando en una ducha, en el carro mientras se llega al trabajo o al cruzar una desdicha amorosa, circunstancia tan dolorosa que muy pocos pueden retratarla y él es uno de quienes lo logra. Si lo tienes enfrente tuyo, con su pelo negro rizado, gafas oscuras, vestido rojo y botas de cuero, aún más puedes sentirte en la confianza de echarte a llorar tranquilo.

A minutos de que se iniciara el concierto, suena una voz solemne que recuerda que esta noche solo se vive una vez. Mezclado entre muchos hombres y mujeres que no flaquearán jamás, les pregunté las razones por las cuales escuchan a Bunbury y la respuesta no es otra: “Porque nos hace llorar”. “Enrique, Enrique, Enrique”, sonaba al unísono el escenario abarrotado mientras se aprestaban a salir Bunbury y Los Santos Inocentes, su banda.

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Ser fanático de Bunbury, sin ser presuntuoso, no es para cualquiera, pero quien lo es sí garantiza conocer al menos un 70 por ciento de su discografía, hablando de un artista multifacético que ha grabado más de 300 canciones y que saltó a la fama mundial con Héroes del Silencio, cuyos himnos se siguen escuchando y que todavía suenan en esta gira llamada Nuevas Mutaciones. 

Stalin, un dominicano que viajó a Bogotá para escuchar a Enrique, cuenta que sigue al artista desde que era un niño y sus canciones lo conectan en cada paso de su vida. Por eso, cuando sale Bunbury al escenario se siente identificado, sabiendo que el español retrata en sus discos una circunstancia que hoy lo está atravesando.

Enrique Bunbury.
Enrique Bunbury.

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Bunbury describe el desamor de la manera adecuada y a través de su discografía revela que la vida se va en instantes. Muchos de sus viejos fanáticos, como Stalin y María, una bogotana que está a punto de llorar al iniciar el concierto, cuentan que la canción más esperada es ‘Infinito’ y como no sacar la rabia y frustración con esos versos: “Me calaste hondo y ahora me dueles. Si todo lo que nace, perece del mismo modo. Un momento se va y no vuelve a pasar”. 

Enrique, de 59 años, dice que el amor es una de las pocas razones incuestionables por las que vale la pena existir. Y está en lo correcto. En ese mismo canto trata de hilarlas con su momento emocional, siempre buscando esas conexiones. Sus primeras canciones al saltar al escenario fueron ‘Creer que se puede creer’ y ‘Un brindis al sol’, las cuales plantean las dudas sobre el futuro, pero lo ve de manera esperanzadora, con sorpresa de lo que pueda pasar. 

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Luego habla de la cotidianidad de un hombre, de la soledad, de sus penas, de sus cuestionamientos, de las tantas confusiones, de los reveses que se viven y de los que a veces no se sabe cómo salir. Por eso, ‘Te puedes a todo acostumbrar’ y ‘Las chingadas ganas de llorar’ son una invitación a lagrimear por esas circunstancias que no podemos entender y de las cuales no sabemos si tenemos las fuerzas para salir adelante. 

“Bogotá, que hermoso volver al Movistar. Gracias por venir a vernos. Tenemos algunas sorpresas para ustedes. Bienvenidos a las Nuevas Mutaciones”, dice Enrique tras las primeras canciones y los aplausos en su recibimiento. Bunbury es una compañía para la vida porque encuentras en él algún refugio para el momento emocional que estés atravesando. Andrés, uno de los fanáticos en la platea del Movistar, lo describió como un punto de encuentro con sus amigos que hoy ya no están, pero que al son de sus guitarras y vozarrón lo transporta al pasado para abrazarlos, recordarlos y saber que las cosas cambian.

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Otros lo recuerdan por las canciones que dedicaron a sus viejos amores, por las noches en vela sin saber cómo atravesar el duelo. Por eso en ese momento, justo detrás de las trompetas, Bunbury nos vuelve a interrogar en nuestras cicatrices en ‘Infinito’: “¿Cómo lo permitimos? ¿Qué es lo que hicimos tan mal? Fue este orgullo desgraciado que no supimos tragar”. 

Y sí, aquí, frente a Bunbury, con todos sus fanáticos de Bogotá reventando sus voces intentando llegar al tono de su ídolo, es cuando muchos sueltan las lágrimas, porque Bunbury es eso: nostalgia, preguntas sin resolver, desahogos y, pese a todo, también esperanza. Total, como dice él, cualquiera “se habría vuelto loco por ti”.

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Personalmente, tras las emociones con Infinito, que retrata la ruptura de un amor que se disuelve por cuestiones de orgullo. Las canciones más esperadas, en mi caso, fueron ‘Alaska’ y ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’. De sus últimos discos, la primera nombrada es una de las más coreadas en todos sus conciertos y en Bogotá no fue la excepción porque tras plantear dudas sobre el presente y el futuro y atravesar un duelo amoroso, llega ese momento de la redención de cada quien.

Enrique Bunbury.
Enrique Bunbury.

‘Alaska’ habla de aislamiento y de frustración, pero también de esperanza y de calma aún en días nublados. La parte más certera y de golpe en el pecho para quienes gritábamos en el Movistar, sin duda, fue cuando Enrique tomó su micrófono en mano derecha, realizó sus conocidos bailes, se inclinó hacia atrás solo un poco y soltó los versos que erizan a cualquiera que esté en busca de una dosis perfecta de fe: “Eres un animal que ruge brutal, que ha salido por fin de su cueva, con las fuerzas renovadas, el fuego en la mirada y quiere salir y volar”.

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Después de un tiempo, Bunbury quedó en sombrero, artículo característico del español y que en su concierto muchos lo honran llevando uno similar. En el repertorio de Nuevas Mutaciones aparecen tres canciones de Héroes del Silencio: ‘Sirena Varada’, ‘La carta’ y ‘Maldito duende’, las cuales nos trasladan a los 90, cuando el grupo estuvo en su esplender.

En ‘De todo el mundo’, Bunbury se introdujo en las tribunas para ser alzado por los fanáticos, quienes lo abrazaban y cantaban con pasión este himno. Para finalizar, el español cantó ‘Lady Blu’ y ‘La Constante’, acaparando los aplausos del público capitalino y haciéndose esperar por Cali el próximo 31 de octubre. “Un inmenso placer cantar con ustedes. No se olviden de nosotros porque nosotros jamás de ustedes”, apuntó. Al final del concierto te sientes tan fuerte que sientes que nadie te puede tocar.

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CRISTIAN ÁVILA JIMÉNEZ

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