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Virgen de Fátima: así se realiza el rosario para pedir por su ayuda

El 13 de mayo, los devotos de la Virgen de Fátima se congregan para recordar las apariciones de esta santa en Portugal mediante sus oraciones. Así es como se lleva a cabo este rosario.

Virgen de Fátima
La novena a la Virgen de Fátima es una serie de oraciones que se realizan durante nueve días consecutivos. -
FOTO: Shutterstock Imagen: 3/3

La devoción a la Virgen de Fátima es una práctica espiritual que ha unido a los fieles en oración y reflexión durante décadas. En el año 2024, al acercarse al aniversario de las apariciones de este santo en Fátima, Portugal, muchos devotos se preparan para rezar la novena en su honor.

>>> Vea: Oraciones a la Virgen María: súplicas para pedir por lo inalcanzable

La novena es una serie de oraciones que se realizan durante nueve días consecutivos y es una forma de preparar los corazones y mentes para la festividad de la Virgen de Fátima el 13 de mayo.

Oración inicial


“Oh, santísima Virgen María, Reina del Rosario y madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de tu Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y paz. Confiados en tu misericordia maternal y agradecidos por las bondades de tu amantísimo corazón, venimos a tus pies para rendirte veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente tu mensaje de amor y las que pedimos en esta novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra tuya y provecho de nuestras almas. Amén.”

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Estructura diaria


  • Oración inicial. 
  • Señal de la Santa Cruz. 
  • Acto de contrición. 
  • Oración del día. 
  • Oración final para todos los días. 

Oraciones por días para la novena a la Virgen de Fátima


Después de hacer la oración diaria, se debe rezar el Padre Nuestro, el Avemaría y el Gloria, y pedir la gracia que se busca durante la novena.

Primer día


“¡Oh, santísima Virgen María, madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro divino hijo y a vuestro corazón inmaculado.”

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Segundo día


“¡Oh, santísima Virgen María, Madre de la divina gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales.”

Tercer día


“¡Oh, santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con él en la otra.”

Cuarto día


“¡Oh, santísima Virgen María, reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el papa e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como vicario de vuestro hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del romano pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos.”

Quinto día


“¡Oh, santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y las aflicciones y dolencias de nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.”

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Sexto día


“¡Oh, santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que esos desgraciados no caigan en las penas eternas del infierno, y que manifestaste a uno de los tres que los pecados de la carne son los que más almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el temor santo de la justicia divina, y al mismo tiempo despertad en ellas la compasión por la suerte de los pobres pecadores y un santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras por su conversión.”

Séptimo día


“¡Oh, santísima Virgen María, reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.”

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Octavo día


“¡Oh, santísima Virgen María!, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honraros a vos, acompañando vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de la muerte.”

Noveno día


“¡Oh, santísima Virgen María, madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro hijo Jesús.”

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