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Fentanilo: La droga silenciosa y muy letal que se expande por toda Latinoamérica

A medida que el fentanilo se expande en Latinoamérica, su peligro se vuelve cada vez más evidente. Esta droga, conocida por su extrema letalidad, está cobrando vidas a un ritmo alarmante.

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El fentanilo un polvito blanco y barato mata por sobredosis cada día 200 personas en Estados Unidos. Solo basta con caminar por las calles del centro de Tijuana o Mexicali cualquier día y a cualquier hora para encender aquí en Colombia todas las alarmas. Eduardo Contreras habló allá con consumidores y con los ángeles que intentan mitigar el daño que hace este opioide, un asesino en serie, porque eso es lo que es, las imágenes son fuertes tanto como su poder adictivo y el daño que hace, es que el fentanilo es como un perro bravo que agarra y no te suelta.

Pues este que te puedo decir, que las personas que no la han usado que ni la toquen, te va a agarrar como un perro agarrado y no te va a soltar. Es una adicción que a nadie se la deseo, es una adicción que yo no quisiera haber agarrado nunca”. Concentrado y en silencio Hugo, de 54 años, diluye el polvo blanco con cuidado y lo pone en una jeringa, en ese líquido semitransparente está la sustancia que ha provocado más muertes en Estados Unidos que la guerra de Vietnam, Irak y Afganistán juntas.

Viene en polvo, hay gente que lo fuma, lo ponen un pedazo de papel de aluminio, vacía un poco y lo prenden por abajo y el humo lo absorben, otras personas lo inyectan, otras personas lo disuelven en agua y se lo meten por la nariz con una jeringa sin la aguja”. Hugo consume fentanilo tres veces cada día, esa droga que como él dice, te agarra como un perro rabioso y no te suelta, le destruyó la vida en muchas formas, lo alejó de su familia y lo llevó a vivir a las calles.

Pues es una sensación de tranquilidad, de relajamiento, de éxtasis que sientes bien, es lo que produce, como una explosión que te levanta un rato y sientes que estás súper bien, que está volando muchas veces”. Cuando el fentanilo llega al cerebro facilita la liberación de dopamina, anula el dolor, le da al usuario esa sensación de la que habla Hugo, pero ese bienestar disminuye con cada dosis haciendo que se genere tolerancia y se tenga que usar más y más en busca del mismo efecto, así puede llegar la intoxicación o sobredosis.

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Estamos en Tijuana, a pocos metros del muro que separa México de Estados Unidos, esta frontera es uno de los puntos por donde más fentanilo ilegal ingresa al país del norte.

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