Un grupo de rescatistas intenta salvar a Fabio, un niño de 9 años que lleva ocho días entre los escombros de una edificación derrumbada en el estado de La Guaira por el doble terremoto en Venezuela que ha dejado más de 2.500 muertos.
El menor de edad se encuentra a seis metros aproximadamente de distancia de los rescatistas, procedentes de El Salvador y Argentina, bajo los escombros de un edificio de 12 pisos que colapsó en la localidad de Caraballeda, en la región costera, el epicentro de la devastación del doble terremoto del pasado 24 de junio.
La operación de salvamento comenzó a las once la noche del miércoles 1 de julio, dijo a EFE Protección Civil, que también está en el terreno. (Lea también: Bombero de Cundinamarca busca el cuerpo de su madre tras el terremoto en Venezuela)
Estaría junto a su madre muerta
El padre de Fabio espera el rescate y se sospecha que el niño está junto a una persona fallecida, supuestamente la madre, aseguró a EFE un efectivo del Ejército, pero según un rescatista, no se descarta que haya más personas con vida junto al menor.
El grupo de rescate ha apuntalado con madera el edificio para poder llegar al niño debido al estado debilitado de la estructura, y si bien no tienen certeza del tiempo que tomará, aseguran que "esto podría llevar rato".
Los equipos de rescatistas internacionales siguen con las operaciones de salvamento después de que el rescate del venezolano Hernán Gil llenara de esperanza a los afectados a pesar de que las probabilidades de sacar a alguien más con vida disminuyen a medida que pasan las horas.
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El vigilante, de 43 años, fue rescatado tras ocho días bajo los escombros de un edificio después de un dispositivo de más de 72 horas en el que participaron más de 100 rescatistas internacionales en la costera urbanización de Playa del Mar.
Los 3.000 rescatistas internacionales desplegados y coordinados por la ONU han conseguido salvar a 13 personas con vida en la semana de operaciones sobre el terreno tras los terremotos que han dejado al menos 2.595 fallecidos y 12.400 heridos, según el último balance oficial.
Se empieza a apagar la esperanza
En otro punto de Venezuela, un grupo de rescatistas cierra la operación en los escombros de lo que fue un edificio. Los sensores que antes mostraron señales de vida ya no arrojan nada: el silencio se convierte en resignación. Dedicaron 30 horas de trabajo, que terminaron sin rescates. El hedor a muerte que impregna La Guaira sorpresivamente no se siente.
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Hernán Sandoval tiene esperanzas de que su hijo Ronald, de 8 años, y sus dos sobrinos aparezcan con vida. "Dios, ¿por qué te llevas a mi hijo si es un ángel?", se pregunta este marinero de 26 años, que ha ido a hospitales, albergues y buscado por redes. "Yo mantengo mucha fe", dice a la AFP. La última evaluación no arroja vida. Los socorristas se alejan un poco de la estructura y discuten en círculo. No hay nada que hacer. Se levanta la operación.
Las chances de hallar vida entre los escombros se desvanecen con cada hora que transcurre. El cuerpo humano resiste hasta siete días sin agua, explica un rescatista. Van ocho, y eso varía según las condiciones como la temperatura, y en La Guaira el calor apremia.
Un rescatista mexicano explica que sus equipos de radiofrecuencia pudieron identificar señales de vida en otro edificio, pero que no han entablado contacto con nadie. Cavan y sacan escombros, y nada. Piden silencio. La policía ordena apagar los motores de los autos que transitan por la vía destruida. "¡Somos rescatistas, haga ruido!", exclama uno. Nada. Estima que el viernes -día nueve desde la tragedia- sea su último día de búsqueda de sobrevivientes, ya ha pasado mucho tiempo.
Una brigada estadounidense desplegó perros de búsqueda y activó un aparato muy agudo para detectar sonidos. Nada tampoco.
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Marina Castillo, de 67 años, solo espera a que la ayuden a recuperar el cadáver de su nieto, Alexandro de Guidice, estudiante de derecho de 24 años. "Ha sido horrible, no hay apoyo", lamenta. Es una queja común entre la población que denuncia una inacción del gobierno, pese a los refuerzos llegados de 27 países.
Vecinos, familiares y voluntarios se lanzaron a ayudar con picos y palas desde el primer momento, pero el esfuerzo es insuficiente. Castillo incluso halló el cuerpo con el apoyo de estas personas, que cavaron entre los escombros. "Llegamos a su apartamento, vimos todos sus libros de derecho, sus expedientes. Es terrible", expresa. "Lo que quiero ahorita es que me lo saquen".
"Los sacamos vivos o muertos"
Casi 200 edificios colapsaron totalmente por los terremotos que afectaron La Guaira y la vecina Caracas, según las cifras oficiales. "Auxilio, aquí está mi madre muerta", escribió Mirosnel Gordon con pintura negra en la fachada verde de una casa. La familia puso cal sobre el cuerpo para "amortiguar" los efectos de la descomposición. "Estamos aquí a la espera de que puedan sacar su cuerpo, pero necesitamos equipos y maquinaria", dice. "Están unos rescatistas voluntarios intentando quitar la viga" que atraviesa el cadáver. Para apoyar las labores de búsqueda, Jonathan Soto llevó una retroexcavadora desde el estado Anzoátegui, a 500 km de La Guaira. La gente clama su ayuda. Él pide calma. "Uno no puede irse y meterse así como así", explica.
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Pero la desesperación es generalizada. Afuera del conjunto donde está desaparecida la suegra de Joan Manuel Lucena, los rescatistas no encontraron señales de vida. "Pero de aquí no nos vamos a mover, así que los sacamos vivos o muertos", asegura. (Lea también: Trágica historia de Abraham y las 18 horas que rescatistas en Venezuela intentaron sacarlo con vida)
EDITADO POR SANDRA SORIANO SORIANO
COORDINADORA DIGITAL NOTICIAS CARACOL
*CON INFORMACIÓN DE AGENCIAS EFE/AFP