Con calle de honor fue recibido de nuevo a la vida en la superficie Hernán Gil después de 9 días viviendo en oscuridad con 140 toneladas de escombros encima. Su escudo de vida fue la garita o la caseta desde donde custodiaba el centro comercial Galerías Playa Grande, en La Guaira (Venezuela) donde trabajaba como celador. El colapso de los nueve pisos del edificio tras el doble terremoto, lo dejó sepultado 9 metros bajo tierra.
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Al sexto día, sobreviviendo entre los escombros, fue localizado por los primeros rescatistas. "¿Consigue moverse hacia la luz?", le preguntó uno de ellos en un video. "No, ahorita estoy como acostado, pero puedo moverme hacia allá", le respondió Hernán. Desde ese momento desplegaron una compleja operación de extracción. Los rescatistas de al menos siete países se enfrentaban a nueve pisos sumamente inestables, así que comenzaron a cavar un túnel. Trabajaban día y noche, y lograron acercarse.
—¿Estás bien?— le decían.
—Sí, estoy bien. Lo que pasa es que las piedras me tienen mal la espalda.
Sufrieron varios derrumbes y, después de horas de trabajo, lograron incorporar una cámara con la que pudieron verlo por primera vez. El ojo derecho de Hernán estaba fuertemente afectado. La otra misión ahora era mantenerlo con vida y tuvieron el ingenio de incorporar una manguera de 20 metros para hidratarlo.
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"Hernán, vamos a mandar agua ahora de nuevo. Me avisas si te llega, por favor", le decían. Aprisionado por el concreto y muy débil, intentaba tomarla. "Sabíamos que con eso, independiente lo que podamos demorarnos con el rescate, los equipos médicos nos señalaron que con eso podríamos ganar muchos días", indicó Nicolás Riesco, rescatista de Chile.
Y así durante varios días le suministraron agua, suero y medicamentos. Paralelamente, los rescatistas tuvieron que abrir un segundo túnel por los riesgos de colapso. Más de 100 personas, en un agónico rescate, trabajaron sin tener claro cuánto tiempo más podría tomarles, pues entre más se acercaban, mayor era la amenaza. "Nos encontramos con un rescate muy complejo. Producto de este colapso se provocaba un efecto de reloj de arena en donde todo el material articulado descendía hacia el punto más bajo, que era justamente donde nosotros estábamos trabajando y donde estaba atrapada la persona", comentó Exequiel Gallardo, socorrista de Chile.
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Mientras tanto, Hernán se entretenía rayando un trozo de madera. Y después de 9 días bajo tierra y 4 días consecutivos de labores de rescate, Hernán Gil por fin pudo ver de nuevo la luz. Con abrazos y gritos entre sus salvadores, celebraron una victoria de todos.
"Es posible estar más feliz. Para eso vinimos. No salvamos quizás demasiadas vidas, pero salvar una vida importa", dijo Felipe Yánez, otro de los rescatistas.
Cuando pensaban que ya no quedaban milagros entre los escombros, Hernán volvió a respirar en libertad, renovó la esperanza y demostró que tras una semana del terremoto, ninguna búsqueda es en vano.
LAURA VALENTINA MERCADO
NOTICIAS CARACOL DIGITAL
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