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Cabezote sección Mundo Noticias Caracol 2025 DK

Periodista entró con rescatistas a edificio colapsado en Venezuela, donde quedan cuerpos de víctimas

De momento, las cifras oficiales del gobierno dan cuenta de 3.685 muertos y 16.740 heridos.

Aumenta a 3.685 la cifra de víctimas por los terremotos en Venezuela, a casi 2 semanas de la tragedia
Getty Images

Laura de Chiclana, una periodista española, llegó hasta Venezuela para hacer cubrimiento, con la agencia JNA Press, de lo que dejaron los dos devastadores terremotos en el estado de La Guaira. La profesional hizo el ejercicio de meterse junto a socorristas voluntarios, que hace un mes seguramente no sabían qué era aventurarse entre el concreto para sacar cuerpos sin vida, pero a quienes la tragedia les cambió la vida por completo. La periodista compartió la sensible experiencia en su Instagram.

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Este miércoles se cumplen dos semanas desde que inició la tragedia, que ha dejado a miles de personas muertas dentro de sus hogares; gente que no tuvo la oportunidad de salir siquiera o ponerse a salvo. Los equipos internacionales de rescatistas culminaron su trabajo tras más de una semana prestando ayuda para salvar a quienes sobrevivieron entre escombros. Pero ya volvieron a sus países de origen; lo único que queda es levantar los escombros, contar los cuerpos y darles sepultura. De momento, las cifras oficiales del gobierno dan cuenta de 3.685 muertos y 16.740 heridos.

Los rescates y la recuperación de cuerpos han estado especialmente en manos de los propios ciudadanos, que sin experiencia ni herramientas usan sus manos y lo que encuentran a su paso para ir entre los escombros y romperlos. En los primeros días, lo hacían con la fuerza de la esperanza de encontrar vida; ahora lo hacen con el espíritu resignado de encontrar cuerpos inertes.

Chiclana acompañó una de estas travesías emprendidas entre lo que antes eran edificios. Los rescatistas voluntarios la llevaron entre los escombros y le hablaron sobre la cruda realidad que viven y la necesidad por la que atraviesan. Aseguran que el gobierno de Venezuela no los ha ayudado e insisten en que necesitan ayuda internacional. Los mismos vecinos han excavado túneles entre los escombros del edificio OP27.

Para entrar, la periodista solo se puso un casco y selló las botas de sus pantalones y los puños de su camisa. Es poco e improvisado, pero se ha vestido igual que los venezolanos que aprendieron de cero a gatear entre escombros. Una vez adentro, encuentran el primer cadáver. Es una chica de 19 años, puntualiza uno de los rescatistas. La periodista le pregunta a otro hombre si la conocía: “Sí, es mi hija”, responde firme, para luego contar que, al igual que su hija, las dos abuelas y la mamá de la joven quedaron sepultadas. “La meta mía, ahorita, es sacarla a ella”, afirma, después de contar que ya logró sacar el cuerpo de su propia madre y el de la mamá de la joven.

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“Necesitamos ayuda internacional y ayuda psicológica para los familiares. Esto es un trauma para los familiares”, reconoce otro rescatista. “Aquí el gobierno no nos ha ayudado en nada, nosotros nos hemos ayudado unos a otros, amigos y familiares”.

Avanzan por los escombros. Luego se encuentran con una vecina que, aseguran los hombres, estaba en el primer piso. Lo único visible es su mano, que quedó cubierta. “Sufrió demasiado, hasta que nosotros no le demos su descanso en paz, no nos vamos”, afirma uno de los vecinos. Los túneles fueron construidos por la gente, que se dejaba guiar por sonidos o rasgueos cuando creían que todavía había vida. “Estamos completamente rodeados de víctimas”, explica uno de los venezolanos.

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Mientras hablan, excavan y recuperan cuerpos, estos hombres son conscientes de que corren peligro aún. Sobre ellos hay ocho pisos de concreto que pueden colapsar en cualquier momento. Pero entran, de todos modos. Unos van por sus familias; otros siguen a sus compinches para ayudarles a sacar los cuerpos de sus seres queridos, en un gesto que, sin duda, es el más puro de la amistad en momentos así.

En La Guaria son tantos los muertos, que a solo una hora de la ciudad, se hizo un cementerio de emergencia en un camposanto conocido como La Esperanza.
María Paula Rodríguez Rozo
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