Uno de los ‘pecados’ cometidos por usar mal el tapabocas lo encarna un artista callejero, que dice que la culpa es de quienes venden el cigarrillo, pues él lo compra para consumirlo.
El segundo lo protagoniza una pareja que conversa en la calle, cerca, él con la mascarilla en la barbilla.
“Yo creo que ella no tiene el virus y yo tampoco (…) porque se ve en la forma de ser”, dice el hombre para defender su irresponsabilidad.
“Si yo lo tuviera, lo sentiría”, remata.
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El tercer ‘pecado’ es el más cometido: el del tapabocas que no cubre la nariz, algo muy común ente los vendedores.
La pereza parece estar aliada con el coronavirus.
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“Lo tenía bien puesto, sino que estaba descansando ahí”, dice un ciudadano.
El ‘pecado’ imperdonable al usar el tapabocas es el del toque-toque: acomodármelo para poder hablar, contaminándose una y otra vez las manos. La excusa: “ahora que llegue, me lo quito y lo lavo”.
La ira aparece y explota cuando el personaje se siente desenmascarado: “porque no me da la gana”, responde un hombre molesto al preguntarle por qué no se lo pone bien.
Que el pecado de la gula no lo sorprenda. Si va a comer guarde la distancia.
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Que su descuido no lo lleve a padecer un infierno contra el COVID-19 .
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