El 24 de junio de 2025, 52 soldados colombianos partieron desde Bogotá hacia Ucrania impulsados por la promesa de transformar radicalmente su situación económica. Atraídos por convocatorias difundidas en redes sociales y contactos de antiguos compañeros militares, hombres con experiencia en el ejército, escoltas, mecánicos y vigilantes decidieron enlistarse en el ejército ucraniano para combatir a las fuerzas rusas en el frente oriental. A cambio de asumir labores de choque en primera línea, los reclutadores les prometieron asignaciones mensuales de 120.000 grivnas (moneda de Ucrania) —equivalentes a unos 12 millones de pesos colombianos— más bonificaciones de 70.000 grivnas (alrededor de 7 millones de pesos) por cada 30 días de permanencia en las zonas de mayor peligro.
Sin embargo, la realidad del conflicto desmintió con rapidez las expectativas financieras. De los 52 integrantes de esa delegación, únicamente entre 8 y 10 regresaron con vida a territorio colombiano, mientras que el resto falleció en combate o figura en los registros de desaparecidos. A este trágico balance se sumó el incumplimiento sistemático de los pagos pactados por parte de las brigadas ucranianas.
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Brayan Hernández Rodríguez, un joven de 27 años originario de Agua de Dios, Cundinamarca, y quien trabajaba en una pizzería antes de viajar, fue uno de los pocos sobrevivientes que logró retornar al país el 25 de marzo de 2026. Tras permanecer casi un año bajo el uniforme militar extranjero, regresó sin ahorros, dice que únicamente tenía 6,5 millones de pesos con los que logró costear el pasaje aéreo de regreso.
"Decidió irse. A nadie le dijo nada y para mí fue muy duro. Él es mi hijo y uno como mamá no quiere verlos que esté ni menos en esa situación", contó su mamá en Séptimo Día.
Hermandad en las trincheras ucranianas
Durante las convocatorias previas al viaje en Bogotá, Brayan Hernández entabló amistad con Diego Rodríguez Muñoz, un exescolta caleño de 33 años. Al incorporarse a la estructura militar ucraniana, ambos recibieron sus respectivos alias de combate: Brayan adoptó el distintivo de 'Plumas' y Diego fue asignado como 'Tasmania'. Asignados a posiciones de alto riesgo, la convivencia diaria y el fuego enemigo consolidaron una estrecha hermandad entre ambos combatientes.
Durante los meses de entrenamiento y patrullaje en las trincheras, 'Tasmania' mantuvo un hábito permanente: no se desprendía de una chaqueta camuflada que le fue entregada con su uniforme de dotación.
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Al mismo tiempo, sostenía videollamadas diarias en la madrugada con su pareja en Cali, Cindy Johana Quintana, con quien planeaba casarse formalmente tan pronto concluyera su servicio.
El rigor del clima invernal y los combates desgastaron rápidamente la salud de los soldados. Para finales de octubre, Diego contrajo una severa neumonía en el frente. Durante cinco días, 'Plumas' suplicó asistencia médica a sus comandantes mientras cuidaba a su amigo, durmiendo apenas una hora diaria y cargando sobre sus espaldas los 60 kilogramos del equipo militar de ambos para sacarlo de la trinchera. Tras ser trasladado a un hospital, a 'Tasmania' le congelaron sus pagos al no ser considerado apto para el servicio activo. Ante la urgencia económica de reunir el dinero para su boda, Diego aceptó una arriesgada misión el 22 de noviembre.
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Antes de separarse, ambos hicieron un pacto de honor: si alguno caía en combate, el sobreviviente retornaría a Colombia para entregar las pertenencias más sagradas a la familia del fallecido.
'El mensajero de los caídos'
Sobre la labor asumida tras sobrevivir a la guerra entre Ucrania y Rusia, Brayan Hernández le explicó a Diego Guauque, de Séptimo Día, el propósito de su retorno: "Puedo decir que soy el mensajero de los caídos. Dios me dio esta labor, me dejó con vida, así me haya sacado sin dinero, me dejó con vida para honrar y memorar aquellos compañeros que cayeron en batalla".
Tras perder todo contacto telefónico y radial con Diego el 10 de enero de 2026, las peores sospechas se confirmaron semanas después. En abril, la propia Cindy Quintana recibió una comunicación escueta desde Ucrania en la que un militar le notificó el deceso de su pareja en el frente. Sin mayores detalles sobre lo ocurrido ni la posibilidad inmediata de repatriar el cuerpo, el arribo de Brayan a Cali se convirtió en el único puente hacia la verdad de los hechos.
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Brayan Hernández se trasladó al barrio Belalcázar, en el occidente de Cali, para cumplir la palabra empeñada. En su equipaje llevaba la chaqueta camuflada que Diego utilizó ininterrumpidamente durante la contienda. Al encontrarse frente a la viuda, el combatiente sobreviviente expresó las razones de su visita: "Más que nada vengo por una promesa que le hice a Diego, porque entre todo el infierno que vivimos, él tenía una chispa de luz y era las videollamadas que hacía contigo todos los días".
Seguidamente, 'Plumas' le hizo entrega de la prenda militar: "Yo aquí te traigo un detalle, algo que fue muy importante para él... Esto era algo que a él le distinguía mucho, que no se lo quitaba para nada... Yo puedo afirmar que esto era como una segunda piel para él porque no sé por qué razón atesoró tanto esta chaqueta y pues lamento traerte esto como recuerdo y no llegar con mi amigo a tus brazos".
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Al recibir el objeto, Cindy Quintana manifestó la conmoción de tener de regreso la única prenda de su esposo: "Lo voy a guardar, lo voy a atesorar. Mejor dicho, va a quedar en las mejores manos. Te lo agradezco demasiado".
¿Falsas promesas?
El testimonio de Cindy Quintana puso de manifiesto las condiciones extremas a las que son sometidos los mercenarios latinoamericanos en el este de Europa. A Diego Rodríguez le prometieron asignaciones de hasta 26 millones de pesos mensuales bajo la condición de ser enviado al frente de batalla. Sobre el trato de los mandos extranjeros hacia los colombianos, la mujer afirmó: "Lo que no hacían los ucranianos lo hacían ellos y el trato era horrible también... eran como carne de cañón. El trabajo más sucio lo tenía que hacer el colombiano".
A pesar de las elevadas cifras consignadas en las ofertas de vinculación, los desembolsos a los familiares tras los fallecimientos resultaron mínimos. Cindy confirmó que únicamente recibió 6 millones de pesos como compensación tras la pérdida de su pareja.
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Por su parte, Brayan Hernández regresó a su población natal en Agua de Dios para reincorporarse a sus labores como pizzero, al tiempo que busca oportunidades laborales en Bogotá para rehacer su vida tras haber dejado atrás la contienda en Europa.