Durante años, Pragmata fue ese proyecto de Capcom que muchos pensaban que se iba a quedar en el limbo. Anunciado en 2020 junto al lanzamiento de la nueva generación, sufrió retrasos, silencios largos y una incertidumbre que lo convirtió casi en mito dentro de la industria. Sin embargo, contra todo pronóstico, el juego finalmente llegó… y lo hizo con una propuesta que se siente fresca en un mercado donde abundan las secuelas y los remakes.
Y es que desde las primeras horas queda claro algo: este juego tiene ese “algo” especial que hace rato no se sentía. No es solo que funcione bien, es que realmente se disfruta de principio a fin. De esos títulos que te atrapan sin darte cuenta y cuando miras el reloj ya llevas horas jugando.
Una historia sencilla… pero poderosa
La historia nos pone en la piel de Hugh Williams, un técnico enviado a la estación lunar Cradle para investigar una falla de comunicación. Lo que comienza como una misión rutinaria se transforma rápidamente en una pesadilla: el lugar está abandonado, los sistemas han colapsado y los robots están fuera de control bajo el mando de una inteligencia artificial.
En medio de ese caos aparece Diana, una androide con apariencia de niña creada a partir de un material avanzado llamado Lunafilamento. Desde ese momento, la narrativa gira completamente hacia la relación entre estos dos personajes.
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Aquí es donde Pragmata realmente conecta. Más allá de la ciencia ficción, lo que se construye es una relación muy humana. La conexión entre Hugh y Diana se siente viva, natural, y en muchos momentos incluso cercana. No es exagerado decir que es uno de los mayores logros del juego.
De hecho, hay algo muy interesante: el juego logra despertar ese lado emocional que normalmente no todos los títulos consiguen. La forma en la que Hugh guía, protege y le enseña a Diana genera una sensación muy parecida a la de criar a un hijo. Incluso si no eres padre, entiendes perfectamente ese vínculo. Y si lo eres, es fácil sentirse identificado. Hay momentos llenos de ternura, curiosidad y hasta pequeñas sonrisas que salen sin darte cuenta.
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La historia puede ser predecible en ciertos puntos, pero eso pasa a segundo plano gracias a lo bien construida que está la relación entre los protagonistas.
Jugabilidad: un sistema que se siente diferente
A nivel jugable, Pragmata podría parecer al inicio un shooter en tercera persona más, con movilidad ágil gracias al jetpack de Hugh. Puedes saltar, flotar y moverte con fluidez por los escenarios. Pero eso es solo la base.
El verdadero diferencial está en su sistema de hackeo en tiempo real.
Cada vez que apuntas a un enemigo, Diana entra en acción proyectando un tablero interactivo donde debes guiar un cursor evitando nodos negativos y aprovechando mejoras, todo mientras el combate sigue activo. Es una mecánica que exige coordinación, rapidez mental y control.
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Al inicio puede ser abrumador, pero cuando haces clic con el sistema, se vuelve increíblemente adictivo. Es ahí donde el gameplay empieza a brillar de verdad.
Además, hay momentos donde el combate se vuelve bastante frenético. Entre esquivar ataques, hackear enemigos y disparar en el momento justo, el ritmo sube bastante y te obliga a mantenerte concentrado. Esa mezcla entre estrategia y acción rápida hace que cada enfrentamiento se sienta dinámico.
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Combates exigentes y bien diseñados
Los combates evolucionan constantemente. Los enemigos no solo aumentan en cantidad, sino en complejidad, obligándote a pensar cada movimiento.
El arsenal de Hugh ofrece variedad suficiente para adaptarse a diferentes situaciones, y cada herramienta tiene un propósito claro. Esto permite que el jugador experimente y encuentre su propio estilo.
Los jefes, por su parte, son uno de los puntos más sólidos del juego. Aquí es donde todas las mecánicas se combinan y realmente se pone a prueba lo aprendido. No hay espacio para improvisar: debes dominar el sistema.
Eso sí, hay momentos donde la cantidad de enemigos puede resultar un poco abrumadora, especialmente en espacios reducidos. No rompe la experiencia, pero sí puede generar cierta frustración puntual.
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El refugio: más que un simple hub
Entre misiones, regresas al refugio, una base que funciona como centro de operaciones. Aquí puedes mejorar habilidades, cambiar equipamiento y acceder a simulaciones de entrenamiento.
Pero más allá de lo funcional, este espacio aporta mucho a la narrativa. A medida que avanzas, se llena de elementos que reflejan la relación entre Hugh y Diana.
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Pequeños detalles, objetos y momentos compartidos hacen que este lugar se sienta cálido, casi como un hogar dentro de un entorno hostil. Es otro punto donde el juego refuerza ese vínculo emocional que construye tan bien.
Diseño de niveles: variedad inesperada
Uno de los mayores aciertos de Pragmata es su diseño de niveles. Aunque toda la historia ocurre en una estación lunar, el juego logra ofrecer una variedad sorprendente.
Desde entornos industriales hasta recreaciones de ciudades como Nueva York con fallos visuales que distorsionan la realidad, cada zona tiene identidad propia.
Esta variedad mantiene la experiencia fresca y evita la monotonía, algo clave en un juego de estas características.
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Un apartado técnico de alto nivel
Visualmente, Pragmata es un juego muy sólido. El RE Engine vuelve a demostrar su calidad con personajes detallados, animaciones naturales y escenarios bien trabajados.
Pero más allá de lo técnico, hay algo claro: el juego entra por los ojos. Gráficamente es muy atractivo y acompaña perfectamente la experiencia.
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El rendimiento también está a la altura, con una ejecución fluida y tiempos de carga prácticamente inexistentes.
En cuanto al sonido, cumple muy bien su papel. La banda sonora acompaña sin ser invasiva, y el doblaje, especialmente el de Diana, ayuda a reforzar su personalidad.
Duración y rejugabilidad
La campaña principal dura entre 9 y 12 horas, dependiendo del ritmo del jugador. Puede parecer corta, pero está bien medida y no se siente alargada innecesariamente.
Además, el juego incluye contenido adicional como modos de dificultad más altos, New Game Plus y nuevas áreas, lo que le da una buena rejugabilidad.
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Conclusión: una experiencia que se disfruta de principio a fin
Pragmata es una de esas experiencias que recuerdan por qué nos gustan los videojuegos. No solo por lo que propone a nivel técnico o jugable, sino por cómo logra conectar con el jugador.
Hace rato no se sentía un juego así de disfrutable en todos los aspectos. Desde lo gráfico hasta el gameplay, todo está bien trabajado. Y cuando a eso le sumas una relación de protagonistas tan bien construida, el resultado es aún más potente.
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La conexión entre Hugh y Diana es el corazón del juego. Es una relación que se siente viva, cercana y llena de momentos memorables. Hay emociones, hay tensión, pero también hay espacio para lo ligero, para sonreír y disfrutar.
Por todo esto, no es descabellado ponerlo en la conversación de los mejores juegos del año. Es un título que arriesga, propone y, lo más importante, cumple.
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