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El pedido de María Consuelo Córdoba después de sobrevivir a ataque con ácido: "Seguir viviendo"

María Consuelo sobrevivió a un ataque con ácido y desde entonces ha pasado por 87 cirugías. Hoy, 26 años después, dice que no quiere más procedimientos. "Yo ya nací y viví otra vez".

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María Consuelo Córdoba llegó a las instalaciones de Caracol con la pancarta que carga a todas partes. La ha llevado a las calles, a TransMilenio y a las plazas de mercado, allí donde sale a pedir ayuda para seguir adelante. Su rostro está cubierto por una máscara especial que protege su piel de los rayos del sol y, para respirar, debe permanecer conectada a unos tubos. Detrás de esta máscara hay una historia que comenzó cuando tenía apenas 9 años. Entonces, un profesor abusó sexualmente de ella y quedó embarazada. Años después, tras casi dos décadas de violencia de pareja, sobrevivió a un ataque con ácido que le cambió el rostro y la vida. Desde entonces, María Consuelo ha pasado por 87 cirugías. Hoy dice que no quiere volver a un quirófano. Ya no pide más procedimientos. Su sueño, dice, es mucho más sencillo: tener una casa propia y seguir viviendo.

Consuelo fue víctima de abuso cuando tenía 9 años

Consuelo Córdoba nació en Istmina, Chocó. Su madre se fue cuando ella tenía apenas tres meses y nunca volvió a verla. Su padre se marchó a Venezuela cuando ella tenía 8 años y tampoco regresó. Fueron sus abuelos quienes la criaron. Cuando tenía alrededor de 9 años, su abuela decidió enviarla a la escuela. Poco después, ocurrió uno de los episodios que marcaría su vida. "Mi abuelita me metió a la escuela y iba a cumplir 10 años cuando me violó mi profesor y ahí quedé en embarazo", contó para En Aguas Profundas. Su hija nació cuando ella todavía era una niña. Según relató, el hombre que la había agredido no reconoció a la menor.

En su infancia también tuvo que acompañar a su abuela en la búsqueda de oro en el Chocó. La familia vivía de lo que encontraba en las minas. "Nosotros vivíamos en la era del oro", explicó. "Se montaba mi abuelita con una barra y llegaban hasta las piedras. Allá debajo de las piedras estaba el oro y el platino blanco". Podían permanecer varios meses en la zona de minería antes de regresar al pueblo para vender lo que habían conseguido. La alimentación también dependía de lo que pudieran encontrar. "Mi abuelito mataba animales de monte, hacía unas trampas y ahí caían ratones, de todo, y con eso comíamos. Banano, plátano, porque no había arroz", recordó.

Vivió casi 18 años con el hombre que después la atacó

Ya adulta, Consuelo se trasladó a Cartagena, donde comenzó una relación que duró cerca de 18 años. Según contó, aunque nunca estuvieron casados, convivieron como pareja durante ese tiempo y la violencia apareció en los últimos años de la relación. "Al final sí me pegaba muchos puños que me ponían el ojo morado, me daba muy duro. Yo dije: 'Me voy, me voy'", relató. Fue entonces cuando decidió marcharse a Bogotá para buscar trabajo como empleada doméstica. Sin embargo, el hombre regresó a buscarla para pedirle que volviera con él a Cartagena y ella se negó.

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El día del ataque, según su relato, el hombre llevaba una botella que parecía contener una bebida. Ella no sabía que en realidad llevaba ácido. "Él tenía el ácido en una botella, en una botella como de aguardiente, y la traía y yo dije: '¿Eso qué es?'", recordó. El hombre insistió en que regresara con él y ante la negativa, ocurrió el ataque. "Él tenía la botella ahí detrás de la mano y yo le decía: 'Dagoberto, ¿y dónde fue que te robaron?'. Dijo: sí, por tu culpa'. Llegó y me botó esa botella”, relató. El ácido cayó sobre su rostro y otras partes del cuerpo. En medio de la confusión, la mujer pensó inicialmente que se trataba de agua. "Yo pensé que era agua de la botella y yo me fui para una pila llena de agua y me clavé dentro de la pila. Me ardía", contó.

Consuelo fue trasladada a un centro médico, donde comenzó un largo proceso de atención por las quemaduras. "Me montaron a una cama y dele con ese cepillo hasta que me dormí con morfina", recordó. Al día siguiente, al despertar, no reconocía lo que había ocurrido con su rostro. "Desperté y sentía la cara grandísima y dije: '¿Qué es eso?'". Según contó, permaneció cerca de dos años en el hospital debido a las lesiones provocadas por el ataque. Desde entonces ha pasado por 87 cirugías y todavía requiere atención reconstructiva. Explicó que debe utilizar tubos para respirar durante todo el día y que uno de sus ojos permanece abierto porque perdió parte del párpado. Sin embargo, después de tantos procedimientos, ahora dice que no quiere continuar con más cirugías.

"Quiero un techo, una casa"

"Yo prefiero no más cirugías. No quiero más cirugía. Quiero un techo, una casa", afirmó. Su vida cotidiana depende de lo que consigue pidiendo ayuda. Lleva una pancarta cuando sale a las calles, se moviliza en TransMilenio y también acude a plazas de mercado como Corabastos. "Yo quiero un techo. Quiero un techo donde yo diga: esto es mío. Sí, tengo mi casita", expresó. Actualmente lleva cerca de 10 años viviendo en una habitación que le facilitaron unas personas a quienes identifica como “los tumaqueños”. Llegó hasta ellos después de quedar en la calle por no poder pagar el lugar donde vivía.

"Ese día dormí en la calle y él leyó un periódico en el que decía que me habían botado a la calle, él lo leyó y llamó y dijo que me fuera para allá", contó. Desde entonces permanece en una habitación ubicada junto al patio de esa vivienda y paga el arriendo poco a poco con el dinero que consigue. En un buen día, explicó, puede reunir alrededor de 25.000 pesos. "Yo voy abonando a la pieza. Cojo 15, le abono a la pieza y 10 para mí, para comprarme la comida", explicó. A pesar de las dificultades, Consuelo insiste en que quiere continuar con su vida.

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María Consuelo dice que todavía tiene un propósito. "Dios me tiene para grandes cosas, para grandes cosas, para que siga siendo testimonio de muchos que, teniéndolo todo, no aman la vida", expresó. Su petición, sin embargo, es tener un lugar propio donde pueda vivir con mayor tranquilidad. Antes de despedirse, habló también de quienes ha decidido perdonar. Entre ellos están su expareja y su hija, de quien asegura que se alejó después del ataque. "Perdono a mi esposo, a mi hija que me abandonó. Que Dios los bendiga grandemente”, dijo. "Yo ya nací y viví otra vez", concluyó. Ahora espera que esa segunda oportunidad empiece con un techo propio.

VALENTINA GÓMEZ GÓMEZ
NOTICIAS CARACOL

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