En noviembre de 2022, la desaparición de Carlos Daniel Vega Lobo, un estudiante de noveno semestre de derecho de 22 años, consternó a una familia de Valledupar, que de inmediato inició la búsqueda en hospitales y estaciones de Policía. El Rastro conoció detalles la investigación tras la que encontraron el cadáver en zona rural de San Diego, Cesar: se reveló una traición de alguien en su círculo cercano.
Carlos Daniel, descrito por sus allegados como un joven con grandes aspiraciones y que buscaba salir adelante por sus propios medios, trabajaba ocasionalmente transportando personas a través de una aplicación móvil en un vehículo negro propiedad de su novia, Paula. Lo hacía para apoyarse económicamente mientras terminaba su carrera en la Universidad Área Andina.
La noche del martes 8 de noviembre de 2022, la rutina de Carlos Daniel cambió de forma repentina. Paula Serrano, su pareja, relató en El Rastro que él se mostraba inusualmente inquieto antes de salir de casa hacia las 9:10 p. m. "Él se sentía como muy impaciente ese día, no sé por qué antes de salir en el carro él me dice 'ya vengo, voy para donde los pelados'... Y me dice 'nena, dame la bendición’. Y yo cogí y le di la bendición", contó su pareja. Horas más tarde, a las 3:00 a. m. del miércoles, recibió la última llamada de Carlos: "Voy con un amigo a San Diego, lo voy a llevar y vuelvo enseguida". No obstante, el joven nunca regresó y sus mensajes dejaron de tener respuesta hacia las 4:00 a. m.
La llamada que lo cambió todo
Al notar que Carlos Daniel no llegó para realizar sus recorridos habituales con estudiantes a las 6:00 a. m., la familia inició una búsqueda exhaustiva. "Fuimos hasta San Diego, fuimos a La Paz, llegamos hasta los hospitales, hasta la Policía de cada uno de los municipios, averiguando a ver si algo había pasado porque él no había llegado, su teléfono estaba apagado", afirmó Julio Vega, su hermano mayor. Luego, interpusieron una denuncia formal por desaparición ante la Fiscalía.
Mientras las autoridades iniciaban las labores investigativas, la familia recibió una comunicación que daría un giro radical al caso. Un hombre, identificado posteriormente como Alexander Contreras, contactó a Julio tras ver las fotos publicadas en redes sociales. "Me contactaron por medio de esa foto. Nunca me dio el nombre. No busque a su hermano vivo, porque ya a su hermano lo mataron por tal lado, Media Luna, por el río y lo mató Camilo Padilla", recordó el hermano de la víctima.
Camilo Andrés Padilla, de 22 años, no era un desconocido. Mantenía una relación de amistad con Carlos Daniel desde 2017. Según Contreras, la noche de la desaparición, Carlos fue a recoger a Camilo y ambos se dirigieron hacia el corregimiento de Media Luna, luego este joven llegó a la casa de una tía con el carro de la víctima y visibles rastros de violencia: "Ya mi esposa lo ve que llega en ese carro... me llama escondida y me habla: ay, Camilo, yo no sé qué hizo, tiene la camisa sucia de sangre".
El hallazgo del cadáver
El viernes 11 de noviembre, la inspectora de Policía de Media Luna, Mildret Guerrero Navarro, recibió una llamada de un finquero que buscaba una res perdida. "A mí me llama un señor y me dice, 'inspectora Mildrey, mire, la estoy llamando porque estoy acá en la finca y estoy sintiendo como olores fuertes'", relató la funcionaria. Al revisar en un canal debajo de una vía, hallaron el cuerpo de un hombre en avanzado estado de descomposición, cubierto con ramas de árboles de ceiba.
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El intendente Carmelo Molina, investigador de la Sijín, procedió al levantamiento: "Se trata de una zona un poco boscosa... se observa un cuerpo sin vida de sexo masculino... los compañeros le logran observar dos heridas de arma de fuego". El cadáver presentaba tatuajes distintivos en el cuerpo y el hombro izquierdo que permitieron a la familia realizar una identificación preliminar.
El engaño y la captura del "amigo"
Mientras la familia velaba por el hallazgo, Camilo Padilla intentó extorsionarlos. Sin saber que la Policía ya seguía sus pasos, contactó a Julio Vega alegando que Carlos estaba secuestrado por la guerrilla. "Me devuelve la llamada a decirme 'no, es que lo tiene un grupo de la guerrilla por allá para Media Luna’, que la guerrilla estaba pidiendo 150 millones de pesos'", recordó Julio. Tras una "negociación", Camilo aseguró haber bajado la cifra a 5 millones de pesos.
Sin embargo, el 11 de noviembre, Padilla fue capturado en Valledupar por porte ilegal de arma de fuego en flagrancia. Esta detención permitió a los investigadores ganar tiempo para vincularlo formalmente con el homicidio. Las pruebas recolectadas fueron contundentes: videos de cámaras de seguridad mostraron a Camilo y Carlos Daniel juntos en una motocicleta y en el vehículo negro poco antes del crimen. Además, se estableció que Camilo llegó a casa de un familiar con un morral que contenía los zapatos y las gafas deportivas de la víctima.
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La investigación determinó que el móvil del asesinato fue el robo. Camilo Padilla habría vendido el vehículo de Carlos Daniel por apenas 5 millones de pesos poco después de asesinarlo para comprar una motocicleta. Incluso se conoció que Padilla pretendía desmembrar el cuerpo para ocultar el rastro, solicitando a un tercero "bolsas negras y un machete que cortara bastante".
A pesar de las evidencias, Padilla mantuvo su versión de que era inocente durante el proceso, alegando haber estado en el "lugar equivocado". Su defensa intentó dilatar el juicio mediante solicitudes de libertad por vencimiento de términos, pero las pruebas de la Fiscalía y la persistencia de la familia evitaron su salida.
La sentencia
En febrero de 2025, la justicia emitió un fallo definitivo. Camilo Andrés Padilla fue condenado como autor de homicidio agravado, porte de armas y hurto calificado. La sentencia fue contundente: "Condenar a Camilo Andrés Padilla a la pena principal de 640 meses de prisión, es decir, 53 años y 3 meses de cárcel".
Para la familia Vega Lobo, aunque la condena trae algo de paz, el vacío dejado por Carlos Daniel es irreparable. El joven estaba a solo un semestre de graduarse como abogado y tenía planes de matrimonio con Paula. Hoy, el legado del estudiante perdura en su sobrino, quien lleva su nombre, y en el recuerdo de su alegría: "Carlos es inolvidable. ¡Uf! Demasiado su risa, sus ocurrencias".