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La división del pueblo arhuaco en nombre del Evangelio

El vertiginoso avance de las iglesias evangélicas en los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta es, para los observadores, uno de los problemas más graves que comprometen hoy la sobrevivencia y el futuro de las comunidades ancestrales.

La división de los pueblos arhuacos en nombre del Evangelio: informe especial

Una íntima relación con la tierra, el agua y el sol compone la cosmogonía del pueblo arhuaco. El equilibrio con la madre tierra, el respeto a sus recursos, es su religión, y la Sierra Nevada de Santa Marta su templo. La llegada de los colonizadores españoles partió en dos su historia. Ellos hablan de cinco procesos de evangelización y la historia reciente cuenta el arribo de los Capuchinos en 1916, en medio de la hegemonía conservadora. Para ellos fue una experiencia que pocos quieren recordar porque más que salvar almas, los religiosos impusieron la fe católica con mano fuerte, se adueñaron de sus tierras y por poco acaban con sus costumbres ancestrales. Permanecieron en Nabusímake, la capital del pueblo arhuaco, por más de sesenta años y en 1982 fueron expulsados por el consejo arhuaco. Pero no es la única batalla que han librado los indígenas en nombre del evangelio.

Las iglesias evangélicas vienen horadando la cultura de los arhuacos desde hace más de cuarenta años y hoy, según sus representantes, tienen más de 5 mil creyentes dentro de las comunidades indígenas de la sierra. En las afueras de Pueblo Bello está Saúl Torres, un ferviente seguidor de su iglesia. Noticias Caracol lo acompañó a uno de los cultos que realizan una o dos veces por semana. Allí, con sus trajes ancestrales, se dieron cita hombres y mujeres que dicen sentirse salvados por el llamado de Dios y ya no hacen pagamentos a la madre tierra porque sencillamente la Biblia y el Evangelio no se los permiten.

Hermes Izquierdo, un dirigente arhuaco que hizo parte de una iglesia evangélica pero que al cabo de un tiempo se apartó de ella, ofrece un mejor panorama de este complejo problema.

"Me ofrecieron estudiar, yo quería ser odontólogo, pero cuando yo estaba allá el tema es que podía estudiar, pero tenía que ser evangélico", cuenta.

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Hermes llegó de la mano de James Carreño, un carismático pastor que reconoce las necesidades de los indígenas y sabe que son campo fértil para llevarlos al culto. "Parece ser que aquí hay una desigualdad, una injusticia entre ellos mismos y eso permite que nosotros, los que venimos de afuera, podemos ayudarlos si desean y ellos se acercan", dice.

El pastor es franco al decir que es consciente del daño que causa a la cultura de los aborígenes, pero asegura que la intención es ayudarlos. "Todo lo que hemos hecho ha sido con base a lo que dicen las sagradas escrituras y tratando al máximo de respetar su cosmovisión, cosa que realmente es difícil, uno busca la manera de no dañarles, de impedir que esto nos enfrente porque definitivamente hay enfrentamientos", señala.

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La realidad es que generan profundas divisiones en el pueblo que se suman al complejo panorama político y gubernamental que viven estas comunidades.

El conflicto llegó a las altas cortes, que fijaron su posición frente al tema. El alto tribunal decidió que no eran procedentes las iglesias evangélicas dentro de la demarcación de la línea negra, zona reconocida por el gobierno como lugares sagrados de los indígenas que deben ser protegidos, y prohíbe levantar iglesias en sus territorios, aunque en la práctica se ve la proliferación de templos.

Además, hay un trasfondo en el avance de las iglesias y es el concepto de la propiedad privada, cuenta el abogado y doctor en sociología jurídica Rosembert Ariza: "Todos esos territorios son propiedad colectiva. Las iglesias evangélicas ponen la discusión sobre la propiedad privada de la tierra y esa propiedad en función de la producción económica capitalista, entonces eso es un hecho evidente".

El sociólogo también expresa que ese factor rompe el tejido integral cultural de una manera muy fuerte y es una de las afectaciones más graves del territorio porque les está quitando su identidad y su soporte estructural.

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¿Qué dicen los mamos?


Para los mamos, el avance de estas iglesias es un motivo de alarma y una presión más con la que deben lidiar en defensa de su cultura aborigen. Juan José Garavito, comisario de la comunidad, desearía que "esto no se acrecentara y más bien se retrocediera y buscara su sitio donde le corresponde estar y tal vez eso sea fuera de la línea negra y dentro de la línea negra estaría nuestra práctica, nuestra realidad, nuestro rol. Pero esa intromisión foránea le va a hacer competencia y no lo podemos permitir".

Los mamos son claros en su posición: "Las iglesias evangélicas deben estar afuera de la línea negra, alejadas de los territorios sagrados".

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Hermes Izquierdo, quien se mueve con facilidad en los dos espacios, dice que es algo que deben discutir "a pesar de que es nuestra gente, nuestra familia, nuestra sangre, como decimos aquí; hay que generar unos espacios, darle una porción territorial, unos espacios donde se desarrollen, que se organicen, que se vuelvan pueblo, pero que tengan control de orden social, público, político".

Para atenuar el avance de estas iglesias, los mayores trabajan en estrategias para blindar a los jóvenes de las religiones foráneas y fortalecer sus prácticas culturales y espirituales.

Según la coordinadora de educación Cecilia Salabata, ella tiene clara la incidencia de la religión en su pueblo. "Nosotros por la experiencia que hay en las comunidades sabemos que los resultados de esa incidencia no ha sido lo mejor y que yo creo más bien es una manera de acabar con la cultura, yo creo que es definitivo cuando se pasa a una religión de esa clase, la cultura de base se empieza a exterminar", considera.

Ellos no quieren que se repita la historia de los Capuchinos, que los sometieron por más de sesenta años al adoctrinamiento de una religión que no es la suya, de un Dios impuesto a la fuerza. Hoy libran una nueva batalla, pero les preocupa que de las presiones que reciben a diario, minería legal e ilegal, macroproyectos de infraestructura, grupos armados, esta sea una de las peores. Entretanto, siguen resistiendo los embates foráneos y luchando por no desaparecer.

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