El joven periodista Mateo Pérez viajó en mayo de 2026 a Briceño, un municipio ubicado a 50 kilómetros de Yarumal, Antioquia, en el que se libra una disputa territorial entre el Clan del Golfo y diversas facciones de las disidencias de las Farc, en busca de una entrevista y allí fue interceptado por hombres armados que lo trasladaron hasta una escuela del sector y lo asesinaron.
La investigación reveló que quienes lo interceptaron eran hombres del frente 36 de las disidencias de las Farc, bajo el mando de John Edison Chalá Torrejano, alias Víctor Chalá, quien fue capturado en el mes de junio en el Tolima. Este 12 de septiembre, la Fiscalía informó que le fueron imputados los cargos de secuestro, tortura, desaparición forzada y homicidio, todas estas conductas agravadas; además de fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones. Los cargos no fueron aceptados.
De acuerdo con la entidad, tras el secuestro de Mateo Pérez, alias Víctor Chalá habría llegado al lugar en el que lo tenían para intimidarlo solicitándole que explicara su presencia en la zona y las actividades que desarrollaba. En medio de la amenaza, le arrebató el celular para revisar las conversaciones recientes y encontró un chat con un integrante del Ejército Nacional, por lo que lo señaló de colaborar con la fuerza pública. “Proceder a decir que era un sapo y procede a decirle inmediatamente a alias Ñato, Dubán, Cristian y Aquiles que fueran a abrir un hueco", señaló el fiscal del caso durante la audiencia.
El comunicado de la Fiscalía señala que “las evidencias indican que Chalá Torrejano presuntamente disparó contra Pérez Rueda para obligarlo a entregar información”. El señalado no aceptó cargos.
Un final estremecedor
En el programa Los Informantes, el padre del joven reveló detalles de la muerte de su hijo, según la información recibida de la región: “Le pegaron cinco tiros en los pies para que no corriera. Y ahí donde empezaron a como a torturarlo, a pedirle que dijera algo que él no sabía. Le dieron un tiro por acá (en la cara), otro por acá (en el abdomen) y el mortal (en la frente), ese fue el que lo mató”, narró Carlos Pérez con entereza y clamando justicia.
“Me imagino cómo sería el dolor que sentía y cómo pensaría, por ejemplo, en nosotros, sobre todo en mí, cuando le decía que no se fuera a ir por allá. Pues a Dios gracias, cuando me dijeron que el tiro que lo había matado, que le había dado en la cabeza, pues siquiera lo mataron de una, no lo dejaron ahí sufriendo y torturándolo. Ese tiro es un alivio”, comentó su padre.