A Ruslan Sokolosky, de 22 años, lo acusan de incitar al odio y ofender la sensibilidad religiosa en Rusia.
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El joven decidió desafiar a la justicia de su país e ingresó a una iglesia ortodoxa rusa de Ekaterimburgo, para buscar pokemones.
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Su gran error fue compartir esta experiencia de juego en su canal de YouTube, lo que sirvió de prueba a las autoridades para ordenar su detención, pese a que la grabación es de agosto del 2016.
Los medios de comunicación locales hacen eco de esta historia, ante la posibilidad de que Sokolosky sea condenado hasta a cinco años en prisión.
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