En los años 80, el paramilitarismo, la guerrilla y el narcotráfico permearon muchas decisiones judiciales en Colombia. En esa época, la jueza Martha Lucía González no se dejó amedrentar, pero su familia terminó viviendo una tragedia luego de que ella tuviera que exiliarse. Solo hasta ahora, casi 40 años después, su valentía fue reconocida en su país. Los Informantes habló con ella.
“A mí no me pudieron matar porque me sacaron al exilio como cónsul de Colombia en Indonesia. Entonces, como no pudieron atentar contra mí, me mataron en vida”, así recordó en Los Informantes Martha Lucía González la tragedia que enfrentó porque cuando era joven, en cumplimiento de su deber como jueza de la República, dejó al descubierto una alianza criminal que estaba desangrando a Colombia.
¿Por qué terminó exiliada?
Martha Lucía González tiene 68 años y lleva 40 años viviendo exiliada por el mundo esquivando una sentencia de muerte. En 1988, cuando el presidente de la República era Virgilio Barco, Colombia empezó a vivir uno de los periodos más violentos de la historia, este año es conocido popularmente como el de las masacres.
En enero de ese año, el gobierno expidió el Estatuto para la defensa de la democracia, el primer estatuto antiterrorista, y se nombraron jueces de orden público, entre ellas, Martha Lucía González, abogada y especializada en criminalística y en derecho penal, quien con tan solo 29 años en ese entonces ya había sido juez penal municipal y de instrucción criminal.
“No tuve miedo, tenía ganas de hacer algo. Escuchaba ‘que los jueces no hacen nada, no trabajan’ y decía ‘voy a trabajar y voy a hacerlo bien’”, subrayó. A los 3 días de asumir el cargo, se produjo en el Urabá antioqueño la masacre de Honduras y La Negra, esa investigación fue su primer reto en un trabajo que se convirtió también en su condena. Los datos que conocía con el paso de los días en la zona eran cada vez más aterradores, pero logró obtener información adicional por parte del Ejército por lo que volvió a Bogotá.
Al poco tiempo, otro caso estremeció al país: la masacre de La Mejor Esquina, corregimiento del municipio de Buenavista, en Córdoba. “Allí el DAS capturó a una persona, a un sicario, el fue el primero que me habló de los grupos paramilitares, del Magdalena medio (…) de que los financiaban Pablo Escobar y González Rodríguez Gacha y de quiénes comandaban esas fuerzas paramilitares: Fidel Castaño; Henry, Gonzalo y Marcelo Pérez, del alcalde de Puerto Boyacá, Luis Rubio”, explicó, agregando que también había participación de algunos miembros del Ejército en ese espiral violento.
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Fue así como la jueza Martha Lucía González fue la primera persona que habló de paramilitares, la que ató cabos y destapó una alianza criminal tan poderosa y violenta que terminó en el exilio, pues tras librar órdenes de captura contra los señalados responsables llegaron amenazas desde todos frentes. Aunque fue a buscar respaldo en el propio ministro de Defensa de la época, el general Rafael Samudio Molina, él mismo la amenazó: “dijo ‘todo el mundo tiene un talón de Aquiles, doctora…y, si no, se le puede inventar’”.
El dolor de la muerte de su papá
Se escapó de morir tres veces: “Me salvé de milagro, no era mi momento, me tocaba sufrir lo que he sufrido”. Con la muerte respirándole en la nuca, se fue a vivir en el exilio, al otro lado del mundo. Aunque creyó que la distancia era una garantía de seguridad, su familia en Colombia terminó enfrentando la tragedia: criminales mataron a su papá, el doctor Álvaro González Santana, quien había sido parlamentario, gobernador, senador, profesor universitario, un abogado que pagó con su vida las decisiones valientes que tomó su hija.
“Sentí que el mundo se vino encima, quise morir, un dolor inimaginable, un dolor intenso y profundísimo con el que he tenido que acostumbrarme a vivir. Daría todo porque hubiera sido al contrario”, enfatizó la exjueza, resaltando que “ese crimen está en la impunidad, a pesar de que todo el mundo sabe quién fue”.
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Martha Lucía González solo regresó a Colombia casi 40 años después de su exilio, y por poco tiempo, a un evento del Consejo Superior de la Judicatura en el que le rindieron un homenaje a ella y a tantos otros miembros de la rama judicial que han cumplido con su deber. “Siento abrigo, siento que me están arropando, necesitaba ese abrazo”, puntualizó en entrevista con Los Informantes.