El presidente estadounidense, Donald Trump, ha nombrado al gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial para Groenlandia, una designación que busca materializar sus ambiciones de integrar este territorio autónomo danés a los Estados Unidos. Landry, quien es excongresista y gobernador desde 2024, desempeñará este cargo de manera voluntaria, manteniendo sus funciones estatales en Luisiana. En sus propias palabras, Landry aclaró que su cometido principal será "convertir a Groenlandia en parte de EE.UU.".
Trump ha justificado esta decisión bajo la premisa de la seguridad nacional. Según el mandatario, "Jeff entiende lo esencial que es Groenlandia para nuestra seguridad nacional, e impulsará rotundamente los intereses de nuestro país por la seguridad y supervivencia de nuestros aliados y, de hecho, del mundo. ¡Felicidades, Jeff!". Esta pretensión no es nueva; en los últimos meses, el interés del gobierno estadounidense por adquirir el territorio ha sido reiterado, formando parte de un afán expansionista que el presidente también ha extendido hacia Canadá y el canal de Panamá.
Más allá de la retórica, la Casa Blanca ha tomado medidas para evaluar la viabilidad de esta anexión. Según fuentes periodísticas, este año se recopilaron estimaciones sobre el costo de adquisición y administración de la isla, así como los ingresos potenciales derivados de la explotación de sus recursos naturales, especialmente los minerales. Incluso, el presidente Trump llegó a mencionar a principios de año que no descartaba el uso de la fuerza para anexionar el territorio. Esta isla es considerada una pieza estratégica clave para la navegación en la región ártica.
El estatus de Groenlandia y el rechazo local
Groenlandia es un territorio con una población de aproximadamente 57,000 habitantes y una extensión de 2.1 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales el 80 % está cubierto permanentemente por hielo. Económicamente, la isla depende de la pesca y de una subvención anual de Dinamarca que cubre casi la mitad de su presupuesto.
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A pesar de esta dependencia, las autoridades locales han rechazado las pretensiones de Washington. Groenlandia cuenta con un derecho de autodeterminación reconocido desde 2009, y sus habitantes, si bien apoyan mayoritariamente la independencia, no desean que esto ocurra a expensas de su nivel de vida ni bajo la tutela de EE. UU.
Actualmente, la isla está gobernada por un Ejecutivo que agrupa al independentismo moderado.
La respuesta diplomática y acciones de Dinamarca
La reacción de Dinamarca ha sido de indignación y rechazo. El ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, calificó el nombramiento de Landry como una "escalada" y algo "completamente inaceptable". Ante esta situación, Dinamarca ha tomado acciones diplomáticas y estratégicas inmediatas:
- Convocatoria del embajador: el gobierno danés anunció que llamará al embajador estadounidense a una reunión en el Ministerio de Exteriores para tratar este asunto. Rasmussen subrayó que "hay un embajador para el reino de Dinamarca y es él con quien nos relacionamos. Cuando el presidente (Donald Trump) de repente designa a un enviado especial, hay algo que me provoca mucha indignación".
- Exigencia de respeto: Copenhague ha reiterado que todos los actores, incluido Estados Unidos, deben mostrar respeto por la integridad territorial del Reino de Dinamarca, que incluye también a las Islas Feroe.
- Fortalecimiento del vínculo con la isla: para mitigar la influencia externa, Dinamarca ha aumentado su inversión militar y económica en Groenlandia en el último año.
- Reparación histórica: como parte de un esfuerzo por mejorar las relaciones con la población groenlandesa, el gobierno danés ha pedido perdón oficialmente e inició el pago de indemnizaciones por la implantación no autorizada de dispositivos anticonceptivos a miles de mujeres groenlandesas durante décadas pasadas.
Finalmente, el gobierno danés ha buscado respaldo internacional. Rasmussen aseguró haber estado en contacto con otros colegas europeos que comparten la indignación y desean distanciarse de las ambiciones expansionistas estadounidenses. Aunque Dinamarca ha mostrado voluntad de cooperar en la defensa de la isla —donde EE. UU. mantiene una base militar desde hace siete décadas—, el intento de anexión ha fracturado la sintonía diplomática.
CAMILO ROJAS, PERIODISTA NOTICIAS CARACOL
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ESTA NOTA TIENE INFORMACIÓN DE LA AGENCIA DE NOTICIAS EFE