La misión Artemis II avanza en su trayectoria prevista hacia la órbita lunar, aunque no ha estado exenta de contratiempos técnicos tras su despegue. La NASA confirmó que, durante las primeras horas de vuelo, la nave Orión enfrentó inconvenientes tanto en sus sistemas de comunicación como en uno de los elementos clave para la habitabilidad de la cápsula: el inodoro.
Uno de los incidentes más relevantes se registró menos de una hora después del lanzamiento. De acuerdo con el administrador de la agencia, Jared Isaacman, “aproximadamente a los 51 minutos de vuelo, durante una transferencia planificada entre satélites, la nave espacial Orion experimentó un problema de comunicación que provocó una pérdida parcial temporal de las mismas”.
El inconveniente generó una situación particular: mientras los astronautas podían recibir instrucciones desde Tierra, los equipos en control de misión no lograban escuchar a la tripulación. “La tripulación podía escuchar a los expertos de la NASA en la Tierra, pero ellos no podían escuchar a los cuatros astronautas”, explicó el funcionario durante una conferencia de prensa.
Pese a la naturaleza del fallo, la agencia fue enfática en descartar riesgos mayores. “No hubo problemas con el vehículo en sí. Las comunicaciones con la tripulación ya han sido restauradas”, sentenció Isaacman, al confirmar que la situación fue corregida y que la misión continúa sin afectaciones estructurales.
Problemas técnicos en el sistema sanitario
A este episodio se sumó otro inconveniente detectado a bordo de la cápsula Orión, relacionado con el sistema de gestión de residuos. Según detalló Amit Kshatriya, la tripulación identificó una luz de advertencia intermitente que correspondía a un “inconveniente en el controlador” del inodoro.
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El funcionario indicó que el diagnóstico y la reparación del fallo tomarían varias horas, lo que evidenció uno de los retos de incorporar nuevas tecnologías en misiones de espacio profundo. Este sistema, conocido como Sistema Universal de Gestión de Residuos, es una de las innovaciones diseñadas para mejorar la experiencia de los astronautas durante viajes prolongados.
Se trata de la primera vez que una misión de este tipo incluye un inodoro plenamente funcional. En contraste, durante el programa Apolo 17 y otras misiones Apolo de las décadas de 1960 y 1970, los astronautas no contaban con baño a bordo y debían utilizar bolsas para recolectar desechos.
Una misión clave para el regreso a la Luna
Más allá de estos inconvenientes, la NASA aseguró que la misión sigue su curso conforme a lo previsto. La nave Orión logró separarse “con éxito de la etapa central” y desplegar sus paneles solares, un paso fundamental para garantizar el suministro de energía durante el viaje.
Según explicó Isaacman, el siguiente paso será ejecutar el encendido que permitirá ubicar la nave en una órbita terrestre “alta y estable”. Allí permanecerá cerca de 24 horas, periodo en el que se evaluarán los sistemas antes de tomar la decisión de continuar hacia la Luna, un trayecto que tomaría aproximadamente cuatro días adicionales.
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La misión, con una duración estimada de 10 días, representa un hito en la exploración espacial. Busca marcar el regreso de la humanidad a la órbita lunar tras más de medio siglo, desde la última misión tripulada del programa Apolo en 1972.
La tripulación de Artemis II está compuesta por el comandante Reid Wiseman, la especialista Christina Koch y el piloto Victor Glover, todos de la NASA, junto con Jeremy Hansen, representante de la Agencia Espacial Canadiense.
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Este vuelo constituye la segunda misión del programa Artemis, tras el ensayo no tripulado realizado en 2022, y es considerado un paso previo a futuras expediciones que tienen como objetivo llevar astronautas nuevamente a la superficie lunar hacia 2028, con la intención de establecer una presencia sostenida en el satélite natural.
HEIDY ALEJANDRA CARREÑO BELTRAN
CON INFORMACIÓN DE EFE
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