Para muchos, el tenis no fue un deporte que entrara fácil por los ojos. Demasiado elegante, demasiado serio, demasiado lejano. Pero los videojuegos han tenido históricamente ese poder: traducir deportes complejos en experiencias accesibles, emocionantes y, sobre todo, entendibles. Así como pasó con el fútbol americano, el baloncesto o el hockey, el tenis encontró en los videojuegos una puerta de entrada para toda una generación.
En ese contexto, la saga Mario Tennis siempre ha representado la cara más arcade del deporte: colorida, exagerada y claramente alejada del realismo. Aun así, no todas sus entregas han logrado justificar sus mecánicas “locas” frente a algo tan puro y estratégico como un buen intercambio de golpes. Esa ha sido, durante años, la gran deuda de la serie.
Con Mario Tennis Fever, esa deuda finalmente empieza a saldarse.
Un Mario Tennis que entiende el tenis
La base jugable de Mario Tennis Fever es, ante todo, sólida. Aquí hay tenis de verdad: colocación, lectura del rival, manejo del ritmo, variedad de golpes y control del espacio. Golpes cortados, topspin, globos, voleas y remates están presentes desde el primer partido, con controles intuitivos que permiten entrar rápido sin sacrificar profundidad.
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El ritmo es ligeramente más pausado que en entregas anteriores, lo que permite rallies más largos y reacciones más dramáticas. Esto baja un poco el techo de habilidad frente a jugadores veteranos, pero hace que cada punto sea más legible, más justo y más emocionante. El resultado es un tenis arcade que se siente fluido, constante y, sobre todo, disfrutable tanto en partidas cortas como en sesiones largas.
Fever Rackets: el verdadero cambio
El gran diferencial de esta entrega son las Fever Rackets, raquetas especiales que introducen poderes al juego sin romper su estructura. A diferencia de sistemas anteriores —como los trucos exagerados de Mario Tennis Aces— aquí todo gira alrededor de una sola idea clara: cargar una barra y ejecutar un golpe especial que genera un efecto en la cancha.
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Hielo que vuelve resbaloso el terreno, tornados que alteran la trayectoria, fuego que se convierte en obstáculo. Todo está pensado para ser fácil de leer y fácil de contrarrestar. Lo más interesante es que estos poderes no se activan automáticamente: si el rival logra mantener la pelota en el aire, el efecto se pierde. Incluso existe la posibilidad de devolver el golpe especial y hacer que el castigo se vuelva en contra de quien lo lanzó.
Esto introduce una capa estratégica real. No se trata solo de activar poderes, sino de saber cuándo hacerlo y cómo defenderse. Por primera vez en la serie, los poderes no interrumpen el flujo del partido, sino que lo complementan.
Equilibrio entre caos y control
Uno de los mayores logros de Mario Tennis Fever es que permite jugar con poderes activos sin que el partido se sienta desordenado. El movimiento de los personajes sigue siendo relativamente realista, sin acrobacias absurdas ni interrupciones constantes en cámara lenta. El tenis sigue siendo tenis, incluso cuando hay pirañas o efectos elementales rondando la cancha.
En ese sentido, el juego recuerda a lo mejor del diseño de Mario Kart: fácil de entender, difícil de dominar y siempre impredecible, pero nunca injusto.
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Personajes, estadísticas y variedad
El contenido es uno de los puntos más fuertes del juego. El roster incluye 38 personajes, cada uno con estadísticas base claras y diferenciadas. A esto se suman 30 tipos de raquetas, lo que genera una enorme cantidad de combinaciones posibles. Ninguna raqueta está atada a un personaje específico, permitiendo experimentar libremente.
Nada se entrega gratis. La mayoría de personajes, raquetas y canchas se desbloquean jugando: completando torneos, superando desafíos o avanzando en los distintos modos. El sistema de desbloqueo es transparente, siempre deja claro qué hay que hacer, y genera una sensación constante de progreso.
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Modos de juego: luces y sombras
Donde Mario Tennis Fever tropieza es en el contenido pensado para un solo jugador. El modo Aventura funciona más como un tutorial extendido que como una campaña memorable. Dura entre tres y cuatro horas y se centra en aprender mecánicas básicas a través de minijuegos y enfrentamientos simples.
Tiene momentos simpáticos, animaciones bien logradas y algunos jefes curiosos, pero carece de profundidad y ambición. Es funcional, corto y claramente no es el corazón del juego.
Los torneos y el Trial Tower ofrecen un reto mayor, especialmente en dificultades altas, pero siguen siendo experiencias que brillan más cuando se juegan en cooperativo.
Multijugador: donde el juego vive
Mario Tennis Fever cobra verdadero sentido en el multijugador. Localmente, permite partidas de hasta cuatro jugadores con múltiples configuraciones, reglas personalizables y partidos largos que pueden volverse intensos y competitivos.
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En línea, las partidas son rápidas de encontrar y, al menos en el periodo evaluado, se comportan de forma estable y sin problemas de conexión. Hay modos casuales y competitivos, tanto en singles como en dobles, con variantes que permiten activar o desactivar las Fever Rackets.
Todo apunta a que el juego tendrá una vida online prolongada, sostenida por su accesibilidad y su capacidad de generar momentos memorables.
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Apartado técnico: sólido y consistente
Visualmente, el juego luce excelente. Los escenarios son variados, coloridos y bien animados, con efectos ambientales que pueden activarse o desactivarse según preferencia. El estilo artístico encaja perfectamente con el universo Mario y se beneficia del hardware de Nintendo Switch 2.
El rendimiento es estable tanto en modo portátil como en dock, sin caídas de frames notables. El sonido acompaña con música animada y efectos claros, mientras que los comentarios —incluyendo guiños a Super Mario Bros. Wonder— aportan personalidad sin saturar.
Controles por movimiento: un extra opcional
El juego incluye controles por movimiento, pensados más como una opción casual que como el método ideal. Funcionan, pero no son tan precisos como el control tradicional. Por fortuna, están completamente separados del esquema principal y no interfieren con la experiencia estándar.
Conclusión:
Mario Tennis Fever logra algo que la serie llevaba años intentando: integrar el caos característico de Mario sin sacrificar el ritmo ni la estrategia del tenis. Su jugabilidad es accesible, profunda y tremendamente divertida, especialmente en multijugador.
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No es perfecto. Su modo para un jugador es limitado y algunos veteranos pueden sentir que el juego se ha simplificado un poco. Pero como paquete completo, es el Mario Tennis más sólido, pulido y disfrutable hasta la fecha.
Un juego recomendado para familias, grupos de amigos y cualquier persona que quiera tenis arcade bien hecho, sin complicaciones innecesarias.
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