La historia de Melisa Gaona es un registro de años de búsqueda de respuestas frente a una condición que a menudo se suele minimizar. Diagnosticada con endometriosis profunda, Melisa describe esta enfermedad como un “cáncer blanco”, término utilizado por su comportamiento invasivo, similar a una metástasis, que se extiende a órganos como el hígado, los pulmones, los riñones o el corazón.
En una entrevista con la periodista María Elvira Arango, en el programa En Aguas Profundas, abrió su corazón para explicar que aunque no avanza con la rapidez de otros cánceres, produce un sufrimiento prolongado.
Para Melisa, el contacto con los hospitales comenzó a los 18 meses de vida debido a una peritonitis por apéndice explotado. Sin embargo, el punto de quiebre fue su primer periodo menstrual. Describe dolores de nivel 10 sobre 10 las 24 horas del día, acompañados de vómitos, desmayos e incapacidad para caminar. Ante estos síntomas, la respuesta recurrente de su entorno y de los profesionales de la salud era: “Es normal, a todas nos duele”.
Este proceso de normalización del dolor la llevó a consultar médicos que calificaron su situación como un "show" o la tildaron de hipocondríaca. Melisa relató episodios de deshumanización clínica, como el de una doctora que, ante su confesión de no querer vivir más por el dolor, le respondió: “Mátese”.
En otra instancia, un médico internista le dijo: “Si se quiere matar, mátese, deje de hacer show”. Incluso reporta maltrato físico y comentarios inapropiados por parte del personal de enfermería durante sus hospitalizaciones.
El agotamiento físico y emocional, sumado a la falta de un diagnóstico efectivo, llevó a la joven a solicitar la eutanasia en Colombia. Su intención no era terminar con su vida por falta de aprecio a la misma, sino por la imposibilidad de habitar un cuerpo con dolor constante. “Uno no es que no quiera vivir porque es que la vida es hermosa lo que uno no quiere es sentir dolor porque es que no te permite vivir la vida”, explicó.
Tras una intervención quirúrgica en Colombia en la que le indicaron que tenía el útero, el intestino y la vejiga pegados, su estado de salud empeoró. El dolor al caminar se volvió similar a recibir estocadas con un cuchillo en la ingle. La solución definitiva no llegó en su país, sino en Mumbai, India, de la mano de su pareja, Mateo, quien la cargó durante todo el trayecto ante su incapacidad de movimiento.
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En la India, los médicos calificaron la cirugía previa realizada en Colombia como “rudimentaria” y “hecha a las patadas”, según consta en su historia clínica. Los especialistas encontraron restos de órganos mal intervenidos que generaban infecciones. En Mumbai, Melisa se sometió a una cirugía compleja y a una ablación de nervios para bloquear las señales de dolor.
Actualmente, Melisa reporta un nivel de dolor de 3 sobre 5, lo que considera un cambio radical que le permite recuperar su funcionalidad. A pesar de que la endometriosis es una enfermedad crónica y progresiva sin cura definitiva, su objetivo es la pedagogía. Denuncia que la Ley 2338 en Colombia, aunque existe en el papel, no se traduce en centros de atención pública integral para las mujeres con este diagnóstico.
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Melisa, quien está próxima a casarse con Mateo, concluye que su dolor ahora tiene un significado: evitar que otras niñas y mujeres pasen por lo mismo bajo lapremisa de que el dolor menstrual es normal. “No es normal que una mujer tenga dolor, no es normal que una niña tenga dolor”, sostiene, abogando por diagnósticos tempranos y tratamientos integrales.
Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Noticias Caracol.
HEIDY ALEJANDRA CARREÑO BELTRAN
NOTICIAS CARACOL
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