En la tragedia del avión Hércules que se estrelló en Puerto Leguízamo, municipio del departamento de Putumayo, se elevan historias de supervivencia, milagros y del dolor profundo de la pérdida, de las cosas que llegarán a ser. El relato del soldado Omar Salazar Páez, por su parte, da cuenta de que un vínculo es el responsable de que no haya estado en ese mismo avión.
El uniformado estaba listo para despegar junto a sus compañeros en la aeronave de matrícula C-130, que se especializa en misiones de transporte aéreo. A pesar de su tamaño, el Hércules, como todos los aviones en el mundo, tiene un peso máximo como tope para poder despegar. Ese y otros factores son tenidos en cuenta por los pilotos a la hora de tomar vuelo. El soldado Salazar iba con equipaje extra: llevaba con él a su mascota Odín, un perro que le regaló su novia.
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Así lo relata Darly Ortiz, su pareja sentimental, quien ahora tiene el corazón dividido, pues también es hermana de otro soldado que sí estaba en el avión y quedó herido de gravedad tras la colisión. Resulta que la mascota de Salazar no había sido pesada, y sin ese cálculo, era mejor no arriesgarse. Por eso, el superior de este uniformado le pidió que se bajara para que mejor abordara el siguiente vuelo. El hombre estaba en el aeropuerto cuando ocurrió toda la tragedia.
Aunque el uniformado le niegue a su novia el impacto que este accidente genera en su vida, al haber afectado a sus compañeros, sus “lanzas”, ella nota lo que las palabras no dicen: “Por una parte, él me dice ‘mami tranquila, yo estoy bien, no se preocupe’. Pero, por otro lado, se le nota en su rostro la tristeza de haber perdido la mayoría de sus amigos, sus compañeros de trabajo”.
El hermano de Darly Ortiz resultó herido de gravedad
Mientras Darly se preocupa por el bienestar mental de su pareja, también está al pendiente de cómo avanza la salud del soldado Fidel Ortiz Farfán, que está internado en el Hospital Militar Central de Bogotá. La madre de los hermanos Ortiz, a pesar de que su hijo esté malherido, agradece el milagro de la vida, pues celebra que su hijo haya quedado vivo ante la tragedia que deja el luto en las familias de los 70 fallecidos.
Ortiz tiene 37 años y no le falta mucho tiempo para pensionarse del Ejército. Él, como los más de 100 pasajeros, había subido al Hércules con la esperanza de aterrizar directo a pasar unas merecidas vacaciones con su familia. Incluso envió una foto a su hermana dentro de la aeronave. Pero la idea del descanso y encuentro familiar dio un giro drástico en la familia Ortiz cuando supieron de la tragedia.
“Cuando a mí me informan de la tragedia… es algo muy difícil de explicar porque, o sea, uno queda en shock. Yo no sabía cómo reaccionar, fui a hablarle a mi mamá, a decirle, y honestamente no me salían las palabras”, contó Bella Ortiz, otra de las hermanas del uniformado.
María Paula Rodríguez Rozo
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