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Gilberto Rodríguez Orejuela: del control del 80% de la cocaína a estudiar filosofía en su celda

Líder del Cartel de Cali y responsable de una era de violencia, Gilberto Rodríguez Orejuela pasó sus últimos años entre libros de historia y filosofía, buscando un título que el dinero no compró.

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El 31 de mayo de 2022, Gilberto Rodríguez Orejuela, conocido en el mundo del crimen como 'El Ajedrecista', falleció en una prisión de Carolina del Norte, Estados Unidos. Su muerte cerró el capítulo de uno de los criminales más poderosos de la historia de Colombia, quien lideró una organización que inundó de cocaína los mercados internacionales durante las décadas de los 80 y 90.

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Sin embargo, los testimonios de quienes lo acompañaron en sus años finales revelan una faceta marcada por la búsqueda de un título de bachiller y universitario que el narcotráfico nunca le permitió obtener. Los Informantes habló con sus profesores.

El imperio del narcotráfico y su legado violento

Antes de su refugio en los libros, Rodríguez Orejuela encabezó el Cartel de Cali, una organización criminal que, según informes del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, llegó a ser el mayor proveedor de cocaína a nivel global. Esta organización controló el 80% del mercado de esta droga en suelo estadounidense y generaba ingresos anuales estimados en 8.000 millones de dólares.

El poder de 'El Ajedrecista' no se limitó al tráfico de estupefacientes. Su estrategia incluyó la infiltración sistemática en las instituciones colombianas, financiando campañas políticas y sobornando a senadores, procuradores y candidatos presidenciales.

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Bajo su mando, el cartel protagonizó una guerra abierta contra Pablo Escobar y el Cartel de Medellín, una disputa que dejó miles de civiles muertos, heridos y una estela de atentados con bombas en zonas residenciales. Según investigaciones, la influencia de los Rodríguez Orejuela fue tal que llegaron a tener a casi la mitad del Congreso de la República bajo su control.

La transformación en "estudiante" dentro de La Picota

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Tras su captura en Colombia, Gilberto Rodríguez Orejuela comenzó un proceso de formación académica que se extendió por varios años. Iván Cubillos, antropólogo y lingüista, fue su profesor en la cárcel La Picota de Bogotá entre 1997 y 2004. Cubillos describe que el capo no veía el estudio como un pasatiempo, sino que aplicaba la misma mentalidad calculadora de sus negocios ilícitos a sus deberes escolares.

El profesor relata cómo el líder del Cartel de Cali organizó su propio sistema educativo en el pabellón de máxima seguridad: “Lo que hizo él es armar una mini universidad. Entonces, él escribía las materias que veía en cada semestre y hacía su horario de lunes, martes, miércoles, jueves, viernes. Entonces, tenía sus libros y los leíamos y los preparábamos y los discutíamos”.

Rodríguez Orejuela se mostraba como un alumno perfeccionista y competitivo. “Él decía algo así como: ‘Yo fui el mejor farmaceuta, droguista... también tenía que ser el mejor narcotraficante’. Cuando él estudia, él tenía que ser el mejor estudiante y se frustraba mucho cuando le ponían una nota que él no esperaba”. Bajo esta disciplina, logró terminar su bachillerato a distancia y cursar una licenciatura en Historia y Filosofía con la Universidad Santo Tomás.

A pesar de la fortuna que manejó su organización, el profesor Cubillos afirma que, aunque recibió honorarios por sus tutorías, nunca presenció rastros de la inmensa riqueza del cartel. Incluso, relata una anécdota que ilustra la aparente precariedad de los últimos años del capo en Colombia: “Recuerdo una vez me dijo: ‘Profe, ¿no tiene $300.000 pesos que me preste?’. Yo ‘No, Gilberto, no".

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El docente enfatiza que su labor no consistió en validar el pasado del criminal: “Yo no le estoy haciendo apología. Yo conocí un hombre que sí que ya estaba entrado en años y que quería vivir entre los libros”, señaló la profe María Fernanda.

Acompañamiento docente en el aislamiento estadounidense

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Tras su extradición a los Estados Unidos en 2004, Rodríguez Orejuela continuó sus actividades intelectuales en medio del aislamiento. En 2021, un año antes de su fallecimiento, contactó a María Fernanda Jaramillo, abogada y editora, para que lo asesorara en la redacción de la segunda parte de sus memorias.

La comunicación se realizó estrictamente mediante cartas y correos electrónicos, ya que las restricciones sanitarias por el COVID-19 impidieron visitas presenciales. Jaramillo recuerda el respeto que el interno mostraba hacia su autoridad académica: “Yo creo que él volvió al colegio donde se respetaba la profesora y donde se le hacía caso... claro, porque yo le decía: ‘A trabajar’”.

A pesar de su pasado como 'El Ajedrecista', en la prisión de Carolina del Norte era un interno más enfrentando dificultades cotidianas, como la falta de la letra "ñ" o tildes en los teclados de la cárcel, lo que obligaba a sus editores a realizar correcciones exhaustivas en sus escritos.

Un reconocimiento tardío sobre la educación

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Los profesores que conocieron a Gilberto Rodríguez Orejuela coinciden en que el estudio le proporcionó una forma de libertad mental frente a su sentencia de 30 años. María Fernanda Jaramillo reflexiona: “Yo siempre digo que a él le quitaron la libertad, pero no sus alas de conocimiento”.

Sin embargo, el propio Rodríguez Orejuela manifestó que su interés por la academia llegó cuando ya no podía cambiar las consecuencias de sus actos criminales. En conversaciones con sus tutores, el exjefe del Cartel de Cali reconoció el impacto que la falta de oportunidades educativas tuvo en su juventud: “Si yo hubiera estudiado, si hubiera podido ser bachiller, yo creo que otra hubiera sido mi vida”.

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Gilberto Rodríguez Orejuela falleció sin poder regresar a Colombia. Sus maestros insisten en que su caso no debe ser un ejemplo de vida, sino una evidencia de la importancia de la educación temprana para evitar caminos delictivos.

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