El 25 de marzo de 2025, en el sur de Bogotá, la vida de Greibert Eduardo Berríos, un joven migrante venezolano de 20 años, cambió por completo tras ser víctima de un feroz ataque de nueve perros. Un año después, relató en Los Informantes cómo ocurrió la agresión, qué pasó con los animales y la situación de su propietario.
El ataque en un predio abandonado
Berríos regresaba de una misa nocturna hacía su casa y decidió tomar un atajo por un lote vacío. El terreno, de propiedad de la Alcaldía de Bogotá, estaba destinado a un proyecto de vivienda de interés social que se encontraba paralizado debido a pleitos con la comunidad.
Según el abogado de la víctima, Ómar Prada, "impedir la terminación de la obra indujo a un abandono del terreno y nadie tomó acciones preventivas ambientales o de cuidado sobre las circunstancias que iban degenerando la situación del terreno”.
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El paso por este lugar, carente de iluminación y andenes, se había vuelto habitual para los residentes a pesar del riesgo. Greibert relató que, pasadas las 8 de la noche, una perrita se le acercó inicialmente: "La perra se me lanza a la pierna, yo me asusté porque pensé que me quería morder, no corrí porque ya estaba ahí encima" y en cuestión de segundos, otros ocho perros se sumaron a la agresión.
Los detalles del ataque y el rescate
Los animales rodearon al joven, quien intentó defenderse utilizando su maleta. "Yo me quité el bolso para taparme, cuando menos me doy cuenta es que me doy cuenta que vienen otros perros, uno detrás de otro", recordó Berríos sobre el ataque que lo derribó al suelo.
"El corazón se me puso a mil y empecé a pegar gritos. Tenían hambre o estaban drogados. No podía levantarme porque tenía los perros lanzándome a la cara y los brazos. Estaba boca abajo cuando siento que me arrancan la piel de la axila del lado derecho. Cuando me atacan a los ojos me cubro y en ese momento me arrancan la oreja", aseguró.
Durante el forcejeo, Greibert Berríos recibió aproximadamente 150 mordeduras en todo su cuerpo, concentradas principalmente en sus extremidades superiores y el rostro. Ante la imposibilidad de defenderse, el joven manifestó que llegó a resignarse: "Dios, si es tu voluntad que muera en boca de estos perros, si esta es mi hora aquí me entrego. No voy a pelear ni contra usted ni contra la muerte, le dije".
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La intervención de patrulleros de la Policía, que llegaron al sitio y alejaron a los animales, evitó un desenlace fatal en ese momento.
¿Cuál es el paradero actual de los perros?
La investigación posterior determinó que los perros pertenecían a un habitante del sector. Vecinos de la zona reportaron que estos mismos animales ya habían protagonizado ataques previos contra otras personas del barrio.
Tras el incidente, el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal intervino la zona y logró identificar a más de 100 perros. Entre ellos, cuatro de los que participaron en el ataque, que actualmente se encuentran bajo cuidado y vigilancia de la entidad.
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No obstante, Berríos aseguró que “cada tanto” se cruza en las calles con el dueño de los perros e incluso con algunos de los animales que lo atacaron. Ante esta situación, prefiere evitar ciertas zonas: "No me atrevo a pasarles por un lado como tal prefiero regresarme por de donde vengo".
Estuvo 19 día en coma tras el ataque
La gravedad de las heridas mantuvo a Greibert en estado de coma durante 19 días en un centro médico. Al despertar, se enfrentó a la noticia de que sus brazos y orejas habían sido amputados debido a la severidad de las lesiones. Su reacción inicial sorprendió al equipo médico: "Yo hice el impulso para levantarme. Dije: 'ay, no tengo brazos. Bueno qué mas se puede hacer, lo importante es que estoy vivo'. Los médicos se asustaron con mi reacción".
A pesar de su actitud resiliente, el proceso ha estado marcado por desafíos físicos y psicológicos. Greibert padece el fenómeno del miembro fantasma, el cual describe como sentir "lo último que el cerebro sintió en el brazo, hinchazón, dolor, ardor".
Además, aunque antes del ataque era un gran entusiasta de los animales, ahora experimenta temor incluso hacia su propia mascota, una perrita llamada Kira. "Me comenzó a dar miedo en las madrugadas que no me reconociera y me atacara. No ha pasado nada, pero es el miedo que tengo", confesó.
En el tema judicial, se adelantan procesos para establecer las responsabilidades correspondientes. El abogado indicó que están "intentando una acción administrativa inicialmente para que sean reconocidos los daños a Greibert y a su familia", apuntando a la negligencia de las entidades distritales en el mantenimiento y vigilancia del predio donde ocurrió el ataque.
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Actualmente, Greibert Berríos recibe apoyo de una fundación para su rehabilitación física y la adaptación de prótesis que le permitan recuperar su independencia. Su objetivo es poder realizar actividades básicas como "comer, poder cocinar, vestirme yo solo, poder hacer muchas cosas yo solo".
A nivel emocional, el joven ha sido diagnosticado con síntomas de depresión y ansiedad, pero está aprendiendo a reconstruir su vida tras la tragedia. Desde entonces no ha podido retomar su trabajo, pero se esfuerza a diario por adaptarse al uso de sus prótesis.