El doblete de terremotos en Venezuela dejó un sinnúmero de experiencias e imágenes devastadoras que hasta hoy siguen conociéndose. Pero una de las más recordadas fue un video de una pareja de la tercera edad que estaba en su vivienda en compañía de dos gatos. El primer terremoto comenzó y todo su hogar se sacudió. Ella gritaba con temor, mientras que él fue hacia ella para tomar sus manos, aunque la fuerza de los cimbronazos movía su cuerpo sin control. Sin nada más que hacer, sino esperar a que pasara el movimiento, los abuelos se sostuvieron de las manos. “No te vayas”, pedía la venezolana a su pareja. Luego vino el llanto. “Tengo miedo”. Él no la soltó cuando pasó el terremoto.
La escena de esta pareja pudo repetirse en un montón de casas más; hogares de padres de la tercera edad que no tienen más compañía que ellos mismos. La grabación de la cámara de seguridad le dio la vuelta al mundo y conmovió a quienes los vieron en esa soledad, llena de miedo. Sus nombres son Judith Tovar y Félix Quiñónez. Noticias Caracol logró encontrarlos para entrevistarlos, más de 20 días después de los hechos. En efecto, sus hijos están muy lejos. “Uno de ellos está en España”, relató Judith.
🇻🇪 VENEZUELA | Así vivieron esta pareja de ancianos los terremotos de 71. Y 7.5 pic.twitter.com/GpA3T2vv2c
— Virales del Mundo (@Viral3sDelMundo) June 25, 2026
Félix recuerda que esa era la hora de la cena. Él se puso de pie para ir a la cocina cuando empezaron los movimientos, pero no le dijo nada a su esposa para no asustarla. De todos modos, ella también se percató de lo que primero pareció un temblor y se lo dijo. En cuestión de segundos, el bamboleo se hizo más fuerte. Para él todo pasó muy rápido y fuerte. “Nos sujetamos, porque ¿qué íbamos a hacer?”, dice Quiñónez al lado de su esposa, en la misma sala donde vivieron el terremoto. Cuando su pareja le pidió que no la dejara, fue porque pensó que se iría a algún otro lado, como es costumbre en otros casos. Ella afirma que sentía cómo él intentaba caminar, pero que el terremoto no lo dejaba dar ni un solo paso.
Para él, aquel paso tan rápido del tiempo resulta interesante. En su imaginario quedó que el terremoto tuvo una duración de, por mucho, cinco segundos. La realidad es que duró más de un minuto. “Es mucho, claro, en un minuto se destroza todo esto”. A él le sigue llamando la atención que, a pesar de la fuerza del movimiento, se cayeron muy pocas cosas y nada se rompió. Señala una figura de San Nicolás y una oveja que terminaron en el suelo “sentadas”. Aunque sí tuvo dificultad para abrir la puerta de su baño; el tanque de agua que tienen como suministro se había caído, y ese daño evitaba que Félix pudiera entrar a aquella habitación.
Judith, por otro lado, recuerda el silencio de su esposo cuando empezaron los movimientos telúricos. También trae a colación una frase que le dijo a su compañero en medio de la emergencia, resignada a que pasara lo peor: “Bueno, Félix, si hasta aquí llegamos, vamos a estar felices porque estamos juntos”. Judith se sintió nerviosa y pensaba que se caería en cualquier momento. Él solo le decía que no pasaba nada y le pedía que estuviera tranquila. Si ella caía, él la sostendría.
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“Si ese era el fin, lo importante es que estábamos juntos”, reflexionó la pareja después del doblete sísmico. “Oramos y nos dormimos, porque aquí no podemos hacer nada”, dijo él cuando Judith preguntó qué podían hacer. “Después de ese día no he sido la misma. Imposible. Yo cierro los ojos y siento el movimiento”.
Venezuela se levanta e inicia a recoger los escombros para construir nuevos cimientos. De momento, hay 4.734 muertos confirmados.
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Con reportería de Saúl Noriega
María Paula Rodríguez Rozo
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