Avatar: Frontiers of Pandora – From the Ashes llega en un momento clave para la franquicia. Su lanzamiento coincide con el estreno de Avatar: Fire and Ash, la tercera película de James Cameron, y busca capitalizar ese renovado interés por Pandora ofreciendo una expansión narrativa que se conecta de forma directa con los eventos del cine. Sobre el papel, la idea es atractiva: extender el conflicto, profundizar en nuevos personajes y mostrar una Pandora más oscura, herida y en guerra.
La expansión se sitúa durante la invasión Mangkwan, un conflicto provocado por la alianza entre el coronel Miles Quaritch, de la RDA, y Varang, líder del Clan Ash, tal como se presenta en la película. En este contexto, el juego deja atrás al protagonista Sarentu y pone al jugador en la piel de So’lek, un guerrero Na’vi más endurecido, marcado por la pérdida y el conflicto constante. Su objetivo es claro: proteger a los suyos y hacer frente tanto al Clan Ash —representado por Wukula, Zari y Rakx— como a la RDA, ahora liderada por el comandante humano Tyler Kupowski.
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Narrativamente, From the Ashes no rompe el canon cinematográfico, sino que lo complementa. No amplía el mapa hacia nuevas regiones de Pandora, sino que reinterpreta el Bosque Kinglor, ahora devastado, con el Árbol Hogar Aranahe destruido y un entorno que transmite una sensación constante de pérdida.
So’lek: un protagonista más duro, una historia más personal
Uno de los mayores aciertos del DLC es su enfoque narrativo. La historia arranca justo donde terminó la campaña principal y sube el nivel de intensidad de forma inmediata. El relato es más contenido, más personal y menos cargado de exposición innecesaria. So’lek no es un héroe idealista, sino un guerrero cansado, que se mueve entre la tradición Na’vi y el uso de tácticas y armas humanas.
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Este cambio de enfoque se siente en los diálogos, en las cinemáticas y en el tono general de las misiones. Pandora ya no es solo un lugar para admirar; es un campo de batalla. La narrativa transmite bien la idea de que el daño causado puede ser irreversible, incluso para una cultura tan profundamente conectada con su entorno como la Na’vi.
En ese sentido, From the Ashes logra algo que el juego base solo insinuaba: que el conflicto tiene consecuencias reales, tanto emocionales como ambientales. Es, sin duda, uno de los puntos más sólidos de la expansión.
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Un mundo menos exploratorio y más enfocado al combate
A nivel de diseño, la expansión apuesta claramente por el combate por encima de la exploración. Kinglor Forest sigue siendo el único escenario jugable, pero su transformación reduce considerablemente el espíritu de descubrimiento que caracterizaba al juego base. Hay menos espacio para la curiosidad y más para enfrentamientos directos contra la RDA y el Clan Ash.
Este cambio encaja con el carácter de So’lek, pero también limita la variedad de situaciones. Muchas misiones terminan derivando en combates encadenados, seguidos de encargos secundarios que se sienten demasiado cercanos a las clásicas misiones de recadero. En más de una ocasión, tras resolver un rompecabezas ambiental que exige tiempo y experimentación, la recompensa narrativa se diluye cuando otro personaje entrega una tarea similar, rompiendo el ritmo.
El diseño de puzzles tampoco ayuda demasiado. Aunque el juego introduce el uso combinado de la habilidad Inspeccionar y los Sentidos Na’vi para resolver obstáculos, las pistas suelen ser tan vagas que el jugador termina avanzando más por ensayo y error que por deducción lógica.
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Jugabilidad: mejoras puntuales, problemas persistentes
En términos de calidad de vida, From the Ashes sí muestra avances. Ahora, cuando So’lek derrota a un enemigo que deja equipo u objetos, estos se marcan automáticamente con una baliza visible, incluso sin activar los Sentidos Na’vi. Este simple ajuste elimina una de las frustraciones más grandes del juego base: buscar botín oculto entre la vegetación tras cada combate.
También hay ajustes en la interfaz, el inventario y el viaje rápido, que reducen la fricción general del sistema. Son cambios pequeños, pero bienvenidos.
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Sin embargo, muchos de los problemas de jugabilidad del título original siguen ahí. Los Sentidos Na’vi, por ejemplo, funcionan bien para rastrear objetivos, pero no mejoran realmente la visibilidad ni la lectura del entorno. La escalada y el movimiento vertical, que el juego presenta como fluidos y seguros, en la práctica están llenos de tropiezos, caídas incómodas y errores de posicionamiento.
A esto se suman puntos de control poco indulgentes, que obligan a repetir secciones completas de combate o plataformas tras una caída mal calculada. El ikran no siempre está disponible para salvarte, y el juego no duda en castigarte por ello.
Warrior Senses: poder con límites claros
La gran herramienta jugable de So’lek es Warrior Senses. Al activarla, el personaje entra en un estado temporal de furia que incrementa el daño, la resistencia y la agresividad, permitiendo enfrentarse a varios enemigos a la vez con una sensación clara de poder.
No es una mecánica revolucionaria, pero funciona bien. Además, el sistema de recolección de placas de identificación de enemigos derrotados añade una capa de progresión: estas mejoran la duración de la habilidad, la velocidad de carga y el daño infligido. En los mejores momentos, Warrior Senses convierte el combate en algo realmente satisfactorio.
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El problema es que, fuera de esta habilidad, el combate no siempre se siente tan pulido. Las repeticiones forzadas y algunos errores de comportamiento de los enemigos terminan restándole impacto a lo que podría haber sido una evolución más sólida del sistema.
Rendimiento técnico: una mejora notable… con matices
Uno de los contrastes más llamativos entre el juego base y el DLC está en el rendimiento. Avatar: Frontiers of Pandora sufrió desde su lanzamiento problemas evidentes de caídas de cuadros, especialmente en Xbox Series X, donde volar en ikran podía convertirse en una experiencia incómoda.
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From the Ashes, en cambio, ofrece una experiencia mucho más estable. El modo Calidad corre a 40 fps y el modo Rendimiento alcanza los 60 fps de forma consistente. Probablemente esto se deba a un mundo menos cargado de elementos, pero el resultado final es positivo.
No todo es perfecto. Persisten errores técnicos importantes, incluyendo bugs que pueden sacar al jugador del juego, especialmente reportados en PS5. Que estos problemas sigan presentes semanas después del lanzamiento es difícil de justificar en un contenido de pago.
Gráficos y sonido: Pandora sigue siendo espectacular
Visualmente, la expansión mantiene —e incluso supera— el nivel del juego base. La vegetación es más densa, los escenarios devastados transmiten mejor la tragedia del conflicto y las noches bioluminiscentes siguen siendo uno de los mayores atractivos visuales del título. Pandora, incluso en llamas, conserva una belleza salvaje difícil de ignorar.
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El apartado sonoro es igual de destacado. La ambientación está llena de vida, con fauna que se escucha a lo lejos, tormentas que se sienten presentes y una banda sonora que acompaña perfectamente tanto los momentos de tensión como los más introspectivos. Es un juego que claramente no está pensado para jugarse en silencio.
Comparaciones inevitables
Dentro del propio Frontiers of Pandora, esta expansión se siente más enfocada y oscura que la campaña principal, pero también menos variada. En comparación con otros DLC narrativos de mundo abierto, From the Ashes apuesta más por reforzar el canon que por reinventar la experiencia jugable, algo que puede dejar sensaciones encontradas según el tipo de jugador.
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Conclusión:
Avatar: Frontiers of Pandora – From the Ashes es una expansión con ideas claras y una narrativa bien construida, que logra conectar de forma efectiva con el universo cinematográfico. Su historia, su protagonista y su ambientación funcionan muy bien.
Sin embargo, los problemas heredados del juego base, sumados a bugs técnicos y decisiones de diseño cuestionables, impiden que alcance todo su potencial. Es un contenido recomendable para quienes disfrutaron del juego original y quieren más historia de Pandora, pero difícil de sugerir a quienes esperaban una evolución profunda de la jugabilidad.
Pandora arde, y aunque el espectáculo sigue siendo impresionante, las cenizas pesan más de lo que deberían.
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